Acto Final

Fecha: 14-06-2016 11:45 AM

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Por Josué D. Fernández

Embellecer lo feo para hacerle potable a los ojos de desprevenidos, es un recurso utilizado a menudo como sostén de  ilusiones, que contentan a desahuciados o indefensos, incapacitados para digerir realidades crudas. Afear lo bello como reverso, la mayoría calificaría como una empresa imposible, con semejante disparate por finalidad.

Sin embargo, los espectadores de las ilusiones mencionadas de primero casi siempre se niegan a dar por terminada la función que resplandecía por el brillo de reflectores, en medio de la bruma de hielo seco alrededor de la escena. Sin querer dejar el asiento,  esperan que la magia no acabe.

Confundiendo drama y comedia, viendo el último cuadro de “Tosca”,  la apuesta va porque el galán Cavaradosi se levantará del suelo después del simulacro de fusilamiento. ¡No pasa nada! La resignación traerá como consuelo el ensalzar la buena interpretación del verdugo Barón Escarpia. A veces, igualmente, de personajes que se encuentran en cualquier calle, también se oye como opinión sobre el último tirano, pero “No me negarán que fue un extraordinario orador”… “Inteligente aunque para la manipulación”…. Como si las cualidades pudieran trastocarse por verrugas, sin reparar en las consecuencias de los desatinos.

Afear hasta la aridez cuanto se atraviese, también ha ocurrido muchas veces con anterioridad, y tal vez una de las referencia más antiguas, repetidas millones de veces, es la atribuida a  la leyenda negra de Atila, quien gobernaría el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Conocido en Occidente como El azote de Dios. De él se afirma que se jactaba de que, por donde pisaba su caballo, no crecía la hierba.

Más cerca, en  América latina, el enclave cubano-venezolano del siglo XXI ha propagado devastación suficiente, de acción bastante prolongada, para reclamar una legítima descendencia de Atila.  Bajo el símbolo de la explotación y el soborno ideológico de los débiles y desfavorecidos,  y el usufructo de una riqueza providencial ajena, han estirado el yugo colectivo afianzado asimismo en armas de guerra de su absoluto dominio y control.

La amenaza de convertir ese modelo en tendencia regional parece apaciguarse con los frenos puestos en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, y la moderación en Chile, con lo cual hay ahora una sensación de cansancio de manipulaciones populistas. Perú ha detenido otra vez al “fujimorismo”, y el futuro promete pasar aplanadora a personalismos y caudillismos, cuyos maquillajes se estarían derritiendo después de agotadas sus funciones por abusos de paciencias perpetuados.

fernandez.josue@gmail.com

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