Alto al paroxismo criminal

Fecha: 16-10-2018 12:07 PM

Tortura en venezuela

Por Luis Zambrano (*)

La inmoralidad y el paroxismo criminal de los gobernantes llega a su máxima expresión cuando cometen en nombre la “libertad” y de sus precarios principios los mismos delitos por los cuales lucharon para hacerse al poder, violando derechos humanos producto de haber sufrido desequilibrios emocionales durante los primeros años de existencia.

Conocemos a muchos líderes venezolanos que se hicieron un nombre a través de la denuncia en su tránsito por los liceos y las universidades. Luego lo amalgamaron en el ejercicio de la actividad política dentro de la estructura del Estado.

Siempre hubo desconfianza hacia ellos por los pésimos resultados de esa ideología en otros países como la Unión Soviética, Cuba, Chile de Allende y Corea del Norte. Afortunadamente esos líderes en Venezuela no lograron el poder hasta que hizo su aparición Chávez, quien ya venía contaminado del autoritarismo rojo militar. José Vicente Rangel es una de esas figuras. Denunciante de oficio, logró ser diputado y se hizo un nombre defendiendo los Derechos Humanos de los presos y perseguidos políticos durante los años de la lucha armada hasta que la ambición lo llevó a ser solo candidato presidencial.

Luego de la mano de Chávez pudo ser ministro de la Defensa y Vicepresidente de la República. La lista es larga. Muchos ya no existen, mientras otros han apoyado el desastre y la destrucción de Venezuela durante la era autoritaria de Chávez y Maduro. Todos ellos, absolutamente todos, son responsables directos de las atrocidades que se cometen a diario con los presos políticos. Las masacres de civiles en los barrios del país ejecutadas por la OLP. El escalofriante tráfico de drogas, los descarados actos de saqueo y corrupción contra el erario público.

Los crímenes cometidos por bandas paramilitares. La destrucción de las instituciones de La República, trayendo como consecuencia un inocultable estado de pobreza que ha generado muertes por hambre y el gigantesco éxodo de compatriotas hacia otras latitudes. Como en los mejores tiempos del Gomecismo y el Perezjimenismo, se destierra a venezolanos por pensar distinto a voz alzada. Vilca Fernández y Lorent Saleh son prueba de esa vil política.

Dirigentes de la ultra izquierda repitieron hasta el cansancio que entre los años 60 y el 99 los sucesivos gobiernos habían violado los derechos humanos exhibiendo como símbolo probatorio a Jorge Rodríguez, Alberto Lovera y Fabricio Ojeda, entre otros. Fue cierto y no debieron morir. Las autoridades dieron la cara y los culpables fueron sometidos a juicio. La historia se repite 50 años después de la mano de esos defensores de los Derechos Humanos al ejercer y apoyar una política represiva.

Los venezolanos quieren ver y oír a los hermanos Rodríguez, a José Vicente Rangel, a los secuestradores de Niehaus, a los autores de la masacre del Tren del Encanto, Aristóbulo Istúriz, al Ministro de la Defensa, al Fiscal General condenando el hecho y apresando a los autores del crimen contra el Concejal Fernando Albán, preso e indefenso en las celdas del SEBIN. Deseamos ver al Presidente de la República ordenar una investigación que no caiga en el fraude y la contaminación de pruebas.

Quisiéramos que se constituya una Comisión de la Verdad, libre e independiente para investigar el resto de los crímenes cometidos contra opositores. Necesitamos saber la verdad para que Venezuela se libere de las ataduras de la impunidad, del autoritarismo y la mentira. Queremos justicia, pero no la justicia que se genera en los contubernios del poder para mantenerse en pie. El país pide a gritos que los torturadores, los asesinos y los corruptos se aparten de ese paroxismo criminal que los invade y entreguen el porvenir del país a ciudadanos decentes que construyan la Venezuela posible para sus descendientes. Foto: cortesía de EFE/Prensa Libre.

(*) Miembro de Expresión Libre



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