Apagando la información

Fecha: 09-04-2019 03:28 PM

Carlos roa

Por Carlos Roa (*)

La vocación censora del proyecto político chavista-madurista está desenmascarada. De nada valió la piel de cordero con la que el militar felón se presentó a elecciones hace ya 21 años. No todos la compraron, aunque sí lo hicieron suficientes votantes como para colocarlo en el Palacio de Miraflores, donde no tardó mucho en develar su verdadero talante.

Sin embargo, el blackout informativo ha escalado exponencialmente en las últimas semanas, como ha sucedido con todas las penurias que aquejan a los venezolanos desde que el madurismo usurpador huye hacia adelante, a raíz de la investidura del diputado Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela.

Si para algo ha servido el régimen que tiene secuestrado al país, es para entender que la maldad humana es un pozo sin fondo. Cada vez sofistican más su manera de someter, de humillar y de aplastar a cualquier precio a los venezolanos.

Si para algo ha servido el régimen que tiene secuestrado al país, es para entender que la maldad humana es un pozo sin fondo.

Y esto incluye el embargarle la información a la ciudadanía.

Los grandes tiranos han tenido muy claro que uno de los tableros de batalla en cualquier disputa por el poder, es el juego de información. Desde Stalin hasta Hitler dejaron para la historia jugadas brillantes, aunque no muy santas, en este sentido.

Ahora el chavismo-madurismo, aceitado por la chequera petrolera y aderezado por las neuronas del castrismo –la nave nodriza de esta invasión–, ha descubierto nuevas y más perversas maneras de secuestrar la libertad de prensa, uno de los bienes más preciados para los venezolanos del apocalipsis.

Y es que los apagones no solamente matan compatriotas en los hospitales, pudren comida o dejan ciudades sin agua. También se llevan con ellos al internet. Y con él, a las redes sociales, al Whatsapp, a los portales informativos. A los escasos instrumentos que los venezolanos tienen para intentar descifrar el mapa de la pesadilla que sufren.

La prensa casi está desaparecida. Diarios emblemáticos han tenido que migrar a lo digital, que ahora también es un bien difícil de alcanzar, entre apagón y apagón. Este ha sido el caso de Tal Cual, transformado en semanario; y El Nacional, decano de la prensa latinoamericana, que ya no aparece más en papel.

Otros sobreviven en la cuerda floja, mienrtas unos más han elegido plegarse para sobrevivir, o venden su línea editorial para aprovechar el río revuelto.

La TV luce anestesiada, mientras la radio tiene el cuchillo rojo en la garganta, tras haber organizado jornadas para ayudar a sus oyentes a sobrellevar los cortes de luz. El periodista Víctor Amaya denunció a través de su cuenta en Twitter que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) ordenó a las emisoras radiales cancelar los operativos especiales durante los apagones. Unión Radio 90.3 FM y La Mega 107.3 FM fueron dos de las emisoras amenazadas por la medida.

Y, por si fuera poco, el conductor radial y activista de las redes sociales Luis Carlos Díaz fue secuestrado por esbirros durante varias horas, tras hacer alusión en sus espacios al problema eléctrico. Fue acusado de ser uno de los responsables del apagón. Afortunadamente la noticia tomó proporciones internacionales, lo cual presionó para su liberación y evitó que corriera la suerte de muchos otros detenidos de las últimas semanas.

La noticia buena entre las malas es que el mundo observa. Mientras la información se sumerge en la oscuridad en Venezuela, fuera del país somos titular permanente.

Nadie sabe el final de esta película, pero muchos apostamos a que los crímenes que se cometen ante millones de testigos, será una piedra que arrastre hasta el fondo a quienes no dan su brazo a torcer. Y eso incluye la violación del sagrado derecho a la información.

(*) Miembro de Expresión Libre



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