Bochornoso espectáculo venezolano

Fecha: 01-09-2006 12:00 AM

Los representates venezolanos se retiraron argumentando que se trataba de una feria mercantilista

Juan Carlos Lechín W.
Dos años atrás Venezuela aceptó ser el invitado de honor de la feria del libro de La Paz (2006). Los vi instalar su stand durante la inauguración del evento, me acerqué a preguntar por un gran amigo que debe llegar, y Claudia Pérez, una de las encargadas, me anunció que arribaba el 16. Pregunté precios de varios libros, y me los dieron. Eran precios estándar, de mercado.

Yo estaba complacido escuchando el sabroso acento venezolano pero algún cable político se cruzó y de pronto desalojaron la feria sin explicación alguna, y apareció un trío del Cenal dando una conferencia de prensa, como las que hacíamos en la Central en los 70. Capitaneaba la histérica turba Ramón Medero (presidente del Cenal) argumentando, con el índice en apasionada agitación, que esta feria boliviana (a la que Venezuela ha asistido en los últimos 10 años) era la "mercantilización del libro". ¡Imagínense ustedes! Los representantes de un Estado que por mercantilización del petróleo recibe 150 millones de dólares por día, enrostrándole al país más pobre de América Latina su mercantilización del libro. Qué paradoja. Todos los millonarios bolivianos no hacen un cuarto de la fortuna de Cisneros. El regaño moral a sus feudatarios bolivianos no terminó allí.

El bravucón acusó a la feria de ser burguesa y que ellos estaban con el pueblo, desplazando su equipo a una feria insignificante y paralela, previamente promovida por ellos, aunque momentos después, uno de sus aláteres, el diplomático Bracho, dijo además que no les habían dado espacio suficiente para vender los 45.000 libros que habían traído. Qué bochorno, no pude creer semejante desparpajo.

El tercer portaestandarte de la doble moral "bolivariana" es un hombre con cara de anestesista, escritor oficial del teatral régimen. Lo conocí en la feria de Cuiabá (Brasil). Su hermetismo y su mirada de pájaro me hizo temerle entonces como se teme a un inquisidor, razón por la que, a pesar de lo ligada que está mi historia personal a Venezuela, sólo crucé palabras protocolares con él. Se llama Luis Britto García, y nunca pensé que un año más tarde vendría a Bolivia a hacer la comparsa de un desaire polpotiano, cosa que no hizo en Brasil donde, al igual que en el resto del planeta, mercantilizan los libros.

Aseguró que "el libro debe ser un instrumento de liberación". A este encuevado hombre, la edad no le ha enseñado que el libro es vehículo, a veces de liberación, a veces de opresión (como la que nos infligen), de fantasía, de entretenimiento, de pedagogía, etcétera, pero solamente vehículo. No es un concepto ideológico sino comunicacional.

Preveo que el objetivo real es quebrar a las editoriales bolivianas y a los importadores de libros para entregarle este mercado a las subvencionadas editoriales cubanas, que pagan centavos a sus obreros, actuando como el más barato imperialismo opresor y editando lo que le da la gana al régimen. El Cenal jamás comunicó oficialmente su retiro a sus anfitriones, la Cámara Boliviana del Libro, quienes, con altura singular ante las preguntas de prensa, respondieron que "Venezuela, a pesar de todo, es y seguirá siendo el invitado de honor". Si la ordinariez y el desprecio han llegado a lo menor, debo entender que Venezuela ya ha copado en mi país lo contingente: inteligencia del Estado, fuerzas armadas, hidrocarburos, consejo electoral, constituyente y otros.

He sido invitado a la Feria del Libro de Caracas, organizada por el Cenal, en noviembre de este año. Ante la opinión pública venezolana declino totalmente mi asistencia. No seré yo quien vaya a rendirle tributo a estos abusivos.

Lamento hacer conocer al pueblo venezolano esta ruda evidencia de su Gobierno, donde nuestra única culpa ha sido recibir bien a Chávez, abrazarlo, dejarlo hablar y regodearse, durante horas, en su narcisismo. Pero era un caballo troyano con un proyecto de ocupación. No. No son ustedes, extrovertidos, amables, amigos, dicharacheros, generosos venezolanos los autores de esta vergüenza: es él y ellos, los de siempre, los ensoberbecidos, los imbecilizados por el poder absoluto. Los bolivianos somos un pueblo bucólico, soportamos.

Pero llega un día en que arrasamos ciegamente al opresor y como en Jesús de Machaca terminamos comiéndonos los cuerpos de nuestros agresores. Disculpen, por favor, mi tono, pero como dice el poeta Vallejo: "quiero escribir pero me sale espuma


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