Contra el asedio, conocimiento

Fecha: 13-05-2019 11:01 PM

Maite el

Mayte Navarro (*)

En mi lectura casi obligada de los artículos de opinión no tuve dudas de comenzar por el que firma Julián Marías, bajo el título: “Defenderse del asedio” (El País). Y es que todos nos sentimos en peligro en este mundo. Los políticos populistas quieren destruir logros por el simple hecho de ser originales y aparecen ante la gente como sus defensores, aunque en el fondo lo que persiguen es convertirlos en mediocres votantes.

Otros, con intereses diferentes, se dejan atrapar en las corrientes de sus contrincantes y no ofrecen al ciudadano una respuesta directa y las campañas se convierten en enfrentamientos superficiales. Eso sucede en los países donde se celebran elecciones limpias y donde todavía las instituciones funcionan. En aquellos donde un dictador detenta el poder, el asedio es la práctica perenne.

En las naciones, como Venezuela, donde el poder se encuentra secuestrado, el ciudadano que desea ejercer sus derechos casi que se ve obligado a la clandestinidad y busca en las redes sociales una vía para expresarse, pero estos medios tecnológicos también están al asedio de los ingenuos para confundirlos y desorientarlos. Esto nos obliga a buscar fuentes confiables para informarnos.

Quienes nos asedian no buscan otra cosa que aislarnos, cerrar todas las posibles entradas y salidas que nos permitan ejercer nuestras libertades para lograr su objetivo, la rendición. Por eso, es una obligación desarrollar nuestro criterio, tener capacidad de crítica para conocer lo que puede ser falso o cierto, informarnos, preguntar, analizar. Es imprescindible dejar de ser cándidos.

Quienes nos asedian no buscan otra cosa que aislarnos

Los enemigos de la democracia utilizan las redes sociales como instrumento para desanimar y crear historias falsas, pero también bloquear, para que sea imposible acceder a ciertas páginas web, ver determinados programas e impedir que los opositores puedan llegar a la ciudadanía. Es allí donde demuestran su poder perverso y pervertido.

No hay que olvidar que el conocimiento es una fuente de poder, por lo tanto, las dictaduras buscan encerrarlo para que llegue a menos personas y así debilitar a quienes lo buscan. Sin lugar a duda, aunque Internet pueda tener también su lado oscuro, ha permitido que el conocimiento esté al alcance de casi todos.

En Venezuela las redes sociales son otra arma con la que el pueblo cuenta para oponerse al usurpador, sin embargo, ese derecho se coarta a diario. Medios de comunicación como El Nacional y El Universal han visto sus páginas bloqueadas.  De esta manera la información no fluye y la gente queda en un limbo, a merced de impostores, que manejan el erario público sin escrúpulos, que llegan a las elecciones esgrimiendo programas irreales, que no cumplirán por inviables, poniendo en peligro el desarrollo del país porque su plan solo contempla dominarlo todo.

Así vemos como escalan partidos con tendencias nacionalsocialistas que se basan en frases como hacer grande otra vez a tu país, fomentando odios y xenofobias y despertando el fantasma del nazismo.  Ellos se aprovechan de las redes sociales para enviar sus peligrosos mensajes que consiguen tierra fértil en el resentido e ignorante, a quien se le coloca como víctima y se le hace un ser pasivo, un autómata al servicio del Estado. Se anula su protagonismo y con ello su capacidad a ser un ciudadano responsable de su propio destino.

A estos líderes y movimientos hay que combatirlos, pero no desde las prohibiciones y las censuras, sino a través de la apertura informativa, de la educación y de la posibilidad de la lectura a través de las redes de bibliotecas nacionales, fomentando la lectura.

En Venezuela nos encontramos que uno de los orgullos del pasado, como lo fueron las redes de la Biblioteca Nacional se han visto mermadas por el robo de ejemplares, lo que no sólo significa la pérdida de un libro sino también la paulatina desaparición de la memoria del país, escrita en sus publicaciones. La propaganda gana terreno y los ciudadanos cuentan con menos posibilidades de leer pues el acceso a los libros se ha hecho muy costoso, lo que ha obligado al cierre de cientos de librerías.

Nuestros editores y escritores han desarrollado en estos años capacidades para ofrecer nuevos títulos que no siempre se encuentran en las bibliotecas públicas, pues hasta allí llega la censura, que no es más que el instrumento para mutilar el conocimiento.

Internet también permite tener acceso a algunos títulos nuevos que se ofrecen en determinadas páginas. El acceder a ellos es nuestro derecho, derecho que el dictador desea abolir. No nos dejemos asediar.

(*) Miembro de Expresión Libre



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