Credibilidad líquida

Fecha: 02-04-2017 11:26 AM

Credibilidad

Por Eduardo Orozco

Parece no importar la verdad informativa o los criterios de legalidad de las decisiones anunciadas. Estos son elementos triturados por la tensión política y lo que prevalece son las situaciones percibidas, los elementos simbólicos expresados en imágenes.

Sucede, entre otras cosas, porque la fuente sólida y con credibilidad que canalizaba y divulgaba las informaciones ha desaparecido. Los medios tradicionales, relativamente independientes, han sido reducidos a su mínima expresión por el efecto de un doble fenómeno como ha sido el acoso del Estado (cierre, compra, amedrentamiento, etc.) y, por otra parte, su sustitución por los portales de internet y las redes sociales.

La mayor fuente de credibilidad informativa eran los diarios impresos y el espacio informativo que ofrecía a los lectores se ha reducido un 80%, aproximadamente. En Venezuela han desaparecido unos 20 diarios y los 95 que circulan solo imprimen la mitad de sus páginas y han recortado drásticamente su circulación. La radio y la televisión han perdido toda iniciativa informativa y cada vez más reducen sus espacios críticos. Los voceros del Estado y sus fuentes informativas están cerrados al escrutinio público y la información que están obligados a ofrecer al pueblo ha sido sustituida por la propaganda.

Este fenómeno está acompañado por otro, no menos grave: la escasa credibilidad del liderazgo en todas sus expresiones: político, económico, gremial, sindical, educativo. Salvo la iglesia, todos los demás sectores de la sociedad han visto disminuir sus niveles de visibilidad y credibilidad porque, además, no cuentan con canales de comunicación para hacer conocer sus planteamientos.

El Estado inunda las redes con información “basura” y “contamina” el ambiente comunicacional.

Se podría decir, a estas alturas de este apretado análisis, que existen las redes sociales que a través de internet permiten hacer llegar a sectores muy amplios y en tiempo real cualquier información. También se puede asegurar que ahora hay exceso de información en manos de los usuarios y al Estado le resulta muy difícil controlar esta gigantesca y extendida red comunicacional. Claro. Como es tan difícil controlarla, el Estado inunda las redes con información “basura” y “contamina” el ambiente comunicacional. Por otra parte, es inevitable que cada usuario se convierta en “fuente” de opiniones y “noticias” en la mayoría de los casos, sin los adecuados criterios vinculados a la veracidad.

Todo este océano de información y expresión que inunda la plataforma virtual, sumado a la ausencia de referencias de credibilidad confiables, tanto en medios como en voceros calificados, ha creado una gran confusión en relación a los acontecimientos que constituyen la crisis política y de gobernabilidad. ¿La crisis de credibilidad tendrá que ver con lo que Zygmunt Bauman califica de modernidad líquida?

El ciudadano y la sociedad entera trata de aferrarse a esperanzas, a cualquier gesto que le asegure certidumbre y certeza. Ha llegado el momento de recurrir, de nuevo, a aquellos principios que nos permitan evitar tropiezos en medio de la bruma. Es la hora de desempolvar las reservas para consolidar un estado de ánimo que permita avanzar por una senda firme hacia la luz que se percibe al final de este largo viaje.



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