Crónica de un microfonazo anunciado

Fecha: 13-06-2016 09:52 AM

Periodista de televen

Carlos Roa*

Tenía que suceder y sucedió. Con más de década y media de indignación represada. Con toneladas de insultos, con docenas de irrespetos. Con colegas muertos, heridos, golpeados, asaltados y amenazados. Con la más barriobajera avalancha de insultos que el gremio periodístico haya recibido en la historia republicana de Venezuela. Con una campaña de odio que esconde tras de sí intereses inconfesables.

Harley Monseguileman, un colega de carne y hueso, con su buen kilometraje de ejercicio en la calle a cuestas, con el más elemental sentido de justicia atascado entre pecho y espalda se hartó. Y con el micrófono, su única arma –muy diferente a las de los colectivos- se defendió del reiterado trato de ciudadano de tercera con el cual el régimen pretende arrinconarnos. Un golpe de micrófono al representante de ese lumpen que ustedes conducen como borregos, aprovechándose para ello de su miseria, de la miseria en la cual ustedes mismo lo hundieron para después alegar que los aman.

Y es que los trabajadores delos medios exigimos respeto, señor Maduro. A usted, como rostro de un perverso proyecto político que ha secuestrado la civilidad y la decencia y lo ha sustituido por el malandraje y la verborrea inútil. Un experimento que nos convirtió en juguetes de Giordanis que confiesan luego su fracaso con el mayor desparpajo y pretenden que no nos hierva la sangre.

Exigimos respeto. El mismo respeto que ustedes exigen para el semidiós de la pseudo-religión que crearon con el fin de eternizar un disparate que desde la lógica ya no se puede sostener.

El desmantelamiento de la República es algo a lo que se han aplicado con tenaz empeño en estos ya casi veinte años. Y ello pasó por pisotear a la prensa libre. Por comprar, por expropiar, por arrebatar concesiones, por secuestrar papel, por convertir a los periodistas en objetivos militares de los grupos civiles armados ilegalmente.

Por supuesto, sabemos que es inútil dirigirle a usted toda este emplazamiento, porque ya imaginamos su hipotética respuesta: “¿Qué quieres tú que haga yo, ah? ¿Qué quieres tú que haga yo?” Si, ya sabemos que no tiene ni idea de qué hacer. Es obvio, cuando al país se lo traga la inflación, el desabastecimiento y la violencia sin que el gobierno mueva un dedo, más allá de inventarse neolenguas rimbombantes o forjar difamaciones hacia el liderazgo emergente y alternativo.

Tómese esto como un desahogo, como mi microfonazo personal. Microfonazo al que lamento mucho que hayamos llegado, pero que era inevitable, ante la sordera de quienes hoy son poderosos y se han hecho sordos ante las incontables denuncias de agresiones que hemos elevado los comunicadores en estos años.

Entre las más gruesas y recientes, las del  jueves 2 de junio en el centro de Caracas y que afectaron a al menos 17 trabajadores de medios de comunicación, quienes hacían cobertura de manifestaciones por falta de comida.

Valga una palabra de indignación a nombre de Luis Morillo, Adolfo Costa, Pablo Pupo y Daivis Ramírez (El Universal); Andrea Cedeño, William Ríos, Felipe Martínez, Amanda Sánchez y Luis Díaz (Vivo Play); Oriana Vielma (El Pitazo), Raúl Romero y Daniel Mejías (El Nacional), Francisco Bruzco (2001), Felipe Romero e Irene Mejías (Caraota Digital); y, Mabel Sarmiento y Miguel González (Crónica Uno).

Seguimos sin entender a qué juegan y por qué lo hacen. Será que quienes sí tenemos sentido de nación no podemos concebir esa agenda inimaginable que no terminan de mostrar. Pero jamás nos van a convencer de que los torcidos somos nosotros, porque no lo somos. Como se despedían aquellos admirados reporteros de la radio y la TV que nos motivaron a transitar este camino: “Seguiremos informando”. 

* Periodista. Miembro de Expresión Libre.



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