Cuando la mentira se encuentre con la verdad del pueblo 

Fecha: 10-10-2018 09:34 AM

Maduro

Por Dalia Gutiérrez

La mentira se ha convertido en la verdad del régimen. No importa de qué tema se trate. Mienten. Desde el mismo presidente Nicolás Maduro, hasta el funcionario público de menor jerarquía, mienten y mienten con descaro. Mienten con el descaro que les da el saberse poderosos frente a sujetos desapercibidos o frente al que se sabe disminuido y acepta que lo manipulen.

Más que una conspiración contra la verdad, es la imposición de la mentira, pero no la mentira que se le atribuye a Gobbels, aquella que repetida mil veces que se convierte en verdad, no, se trata más a la “verdad” que manejó el filósofo Michel Foucault, esa verdad vinculada más al poder y al uso de los medios de comunicación social como hegemonía a través de los cuales se impone esa verdad que muestra el poder.

En eso ha estado Nicolás Maduro en estas últimas semanas con mayor determinación. Así mintió descaradamente en la ONU, donde dijo primero que había recorrido 46 calles de Nueva York y la verdad es que no salió de las Naciones Unidas, por razones de seguridad ese reciento está custodiado y ni él ni ningún otro puede andar por su cuenta.

Recorrió las calles de Nueva York con unos lentes oscuros y una gorra, pero que nadie lo vio, pero todos sabían que era él, según dijo. Creemos que quería demostrar que podía estar ahí sin el riesgo de que lo detuvieran y lo pusieran preso por las razones que todos conocemos, era un aquí estoy y no me pueden hacer nada.

La otra mentira fue en pleno salón de Naciones Unidas donde se reúne la comunidad internacional, afirmó con toda la desfachatez del caso, que en Venezuela no existe crisis humanitaria, que se trata de una conspiración de los grandes medios de comunicación para perjudicar al país. Ah, también que es el imperio que se quiere apoderar de las riquezas que tiene el país (con la que cada vez contamos menos).

Es el poder de Maduro que impone “su verdad”, pero por suerte una verdad que por lo menos la comunidad internacional no cree y no cree porque los hechos demuestran más que mil palabras. Ahí lo vemos con el caso de la diáspora venezolana que según Maduro la migración venezolana es un “falso positivo”, que apenas se han ido del país, “apenas unos miles”, cuando sabemos que la diáspora está cerca de los cuatro millones de migrantes de Venezuela que reciben a diario en Colombia, Ecuador y Perú.

Sus mentiras son tan grandes en el ámbito internacional que estamos por creer que a Maduro nadie lo toma en serio, no como una persona respetable. Si alguien dice algo relacionado con la crisis que viven los habitantes con la falta de alimentos, prefiere enfrentarse y tacharlo de injerencista, como ocurrió con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, por nombrar a uno.

Otra de sus mentiras está vinculada al ámbito de la educación, a propósito del año escolar, donde el nivel de asistencia de niños en los colegios también se vio afectado por la crisis, pero según él la escolarización aumentó 7 %, cuando se sabe que la escolaridad en estos momentos está afectada por la crisis y los niños en muchos casos no asisten al colegio.

Cada vez que Maduro habla nos encontramos no con “fake news”, no, nos encontramos con mentiras descaradas. Las dice con mucha naturalidad y sin ningún tipo de vergüenza, en algunos casos no nos queda más que decir “ahí viene de nuevo con la historia de la guerra económica, la bomba que le estalló en la cara, el atentado en el que casi pierde la vida y pare de contar.

Lo cierto es que al final no importa cuánto mienta con su poder y la imposición que haga a través de su hegemonía, todo se sabe. La sorpresa podrá ser grande para sus seguidores que tendrán que asumir y aceptar que el régimen los manipuló por tanto tiempo para manipularlos y tenerlos como parte de sus leales.

(*) Miembro de Expresión Libre



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