Daniel Shoer Roth: Recia batalla por la verdad y la libertad

Fecha: 12-01-2016 10:08 AM

Daniel shoer

>>> La prensa independiente venezolana, expulsada hace cinco años, regresa a la Asamblea Nacional

>>> Para los informadores en la diáspora la distancia no nos aparta de la alegría

>>> Solo esgrimiendo una actuación mancomunada y afianzando la responsabilidad solidaria se halla suficiente capacidad política y moral para avanzar una solución

 

DANIEL SHOER ROTH / dshoer@elnuevoherald.com

 

No estábamos sentados en el palco de la prensa, pero sí estábamos allí. Como si fuéramos parte de la mirada que se asomaba a otro futuro en el piso inferior.

No teníamos libretas, pero sí tomábamos nota de aquella discreta alegría y satisfacción. Como si fuéramos parte de las manos que inscribían un nuevo párrafo.

Sí, éramos nosotros, los comunicadores, los reporteros, los columnistas, los fotógrafos, los camarógrafos, los productores y el resto de los trabajadores de los medios que estudiamos y trabajamos en Venezuela, y que hoy poblamos la diáspora, algunos por voluntad propia y otros por persecución. Estábamos, en corazón y espíritu, con nuestros colegas de la prensa independiente en la Asamblea Nacional. Y juntos celebrábamos la dignidad profesional.

Desde las trincheras, en situaciones extremadamente adversas para ejercer su faena, los informadores venezolanos a menudo se juegan la vida, sufren ataques personalizados, fraguan una campal batalla contra la censura del gobierno y no se dejan tiranizar por hostiles intimidaciones de las turbas chavistas. Todo este esfuerzo en aras de quebrar el andamiaje del monopolio mediático e izar la bandera de los principios democráticos.

Colmada de simbolismo, la primera acción de la nueva Asamblea fue abrir los portones del hemiciclo a la prensa independiente, expulsada hace cinco años por el oficialismo como parte de su ominoso estrangulamiento de la libre expresión –poderoso nutriente del proceso creador y de la cohesión social–. Pronto, ese gran goce adscrito a la entrega de los talentos propios a un bien mayor se filtró a través de las redes sociales. Aquellas imágenes y voces a sus colegas en el extranjero trajeron regocijo.

Entre los portadores de la objetividad quienes para ingresar al Palacio Federal Legislativo sortearon los charcos del veneno expectorado por los grupos de choque convocados por el gobierno, se encontraba Carlos Camacho González, con quien compartí los quehaceres del diarismo cuando fui reportero de The Daily Journal, el único medio en inglés que había en Venezuela. Días después, me relata: “Me sentí reivindicado al entrar de nuevo en la Asamblea tras 17 años de chavismo; me alegré de ser periodista y de haberme quedado en el país. Ver a Diosdado Cabello en persona, entrevistarlo y ponerle una grabadora en la cara no tiene nombre. Eso no tiene precio”.

Sus palabras se hacen eco del sentimiento de los valerosos miembros de la prensa venezolana que minan los áridos campos de la represión del pensamiento. Los herederos de Hugo Chávez, imitando la ideología de sus mentores cubanos, han impuesto controles férreos a los flujos de información por vías de la expropiación, el cierre arbitrario de emisoras y la imposición de trabas monetarias para adquirir papel. Han usado a empresarios perritos falderos del régimen a fin de adquirir medios otrora independientes, cubriendo con un velo la realidad. Han engullido los horarios en la televisión y la radio, arremetiendo contra sus críticos.

Pero en las aulas de Comunicación Social brillantes catedráticos nos enseñaron el papel de la libertad de expresión como compromiso imprescindible para la existencia misma de una sociedad democrática. Por la noticia teníamos que jugárnosla siempre, porque era nuestro deber defender el derecho del pueblo a estar informado.

Las luchas de los periodistas en Venezuela no se perdieron; la prueba es la reconquista de un espacio que les fue arrebatado. Y para sus compatriotas y colegas radicados en Miami, Nueva York, Madrid y tantas otras ciudades desde donde les han ofrecido a lo largo de estos años un hombro de soporte seguro y duradero, se abre una ventana para regresar a ejercer en el suelo natal. Responsabilidad esta que conlleva riesgos como el que afrontó Camacho después de que Cabello exhibiera un video de él en la televisión.

“Saliendo de la AN los chavistas me agredieron física y verbalmente”, escribió. “Menos mal que tenían mala puntería y no me pegaron ni la botella ni las piedras que me tiraron... ya yo me acostumbré así, aunque a la gente de otras profesiones les pueda parecer raro que a uno le tiren piedras y botellas saliendo del trabajo... de hecho, no pensaba escribir nada hasta que los mismos colectivos impidieron la salida de los diputados, y eso que estos últimos tienen guardaespaldas... yo no. Yo me fui solo”.

 

Daniel Shoer Roth. Escritor, columnista y periodista (UCV) venezolano radicado en Miami.

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