Divide y vencerás

Fecha: 11-09-2017 01:05 PM

Maduro carlos roa

Por Carlos Roa (*)

Si algo es realmente doloroso en el oscuro momento actual que vive nuestra Venezuela, es la inclemente división que azota en estos momentos a las fuerzas alternativas democráticas.

La dictadura medra de tal manera en los enfrentamientos internos de la resistencia, que esta es otra razón más para creer que dicha división sea –al menos en buena medida- planificada y atizada desde el mismo poder.

Esta ruptura ocurrida de cara a la posibilidad cierta de unas inminentes elecciones regionales y que revive la discusión abstencionista, intenta primeramente echar por tierra el mayor ejercicio de unidad que hemos presenciado los venezolanos, como lo fue el de las protestas que se sucedieron desde el pasado mes de abril, en las cuales convergieron desde los más apasionados hasta los más cerebrales, por llamarlos de alguna manera.

La Unidad en el propósito de dar un urgente y definitivo golpe de timón a Venezuela, ha sido una tarea tan larga como ardua. Emprendida en su origen hace ya década y media, cuando el gobierno del fallecido Hugo Chávez empezó a sacar las garras y a mostrar sus verdaderas intenciones.

Muchos han señalado esos primeros intentos –y los posteriores- como fracasos, de cara al hecho de que el autoritarismo y la autocracia siguen enseñoreados en el poder. 

Pero hay que ver lo titánica que resulta la unificación de puntos de vista cuando de política se trata. La divergencia de puntos de vista sobre cómo superar el nefasto pasaje histórico lo complica aún más, especialmente si tomamos en cuenta la creciente urgencia que nos va embargando a todos.

Para muestra un botón:  el cierre de las emisoras Frecuencia Mágica y 92.9. El desmantelamiento de la nación no tiene fin. Ya hemos perdido la cuenta de cómo se rebana la libertad de expresión a cuentagotas, desde el secuestro de la señal de Radio Caracas Televisión hasta las numerosas emisoras que han sido sacadas del aire en esta década infame.

Y eso, solamente por hablar del  tema que nos atañe, que es la libertad de expresión.

No hay voluntad de diálogo, ni mucho menos de reconstrucción. Solamente de destruir, de barrer lo que no se les parezca y de dejar un remedo de país, pintado a la fuerza de un rojo rojito uniforme.

Sí, la maquinaria totalitaria se ha debilitado, no hay duda. El mundo entero ya calibra mucho mejor el disparate por el cual atraviesa Venezuela. Su costo en sangre, en vidas, en dolor de sus ciudadanos.

Pero también nosotros estamos exhaustos. No solamente de luchar contra un enemigo magnífico, apertrechado de dólares, petróleo y armas de fuego incontables; sino también de las humanas frustraciones de los reveses.

Y para colmo, de desgastarnos en discusiones internas entre quienes nos suponemos en la misma cera de la tragedia.

Como muchos dicen –y suscribo- la política hay que dejarla a los políticos. A los de oficio y carrera, especialmente en momentos cuando todo parece perdido. La primera tarea es recordar siempre que fue justamente la antipolítica la que nos metió en este laberinto que hoy parece eterno.

Toca pues a ellos desandar este nudo que es hoy el enfrentamiento interno entre quienes plantamos cara al régimen con nuestra voluntad y acciones. Aunque también el concurso colectivo es imprescindible para redireccionar esta lucha.

No nos podemos dejar dividir. No se puede perder lo andado. Las fórmulas se crearán, se conseguirán aparecerán. Pero no se puede pisar el peine de la división, que solamente beneficia a quienes todos ya sabemos. Es demasiado lo que hemos avanzado. 

(*) Miembro de Expresión Libre

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