Échale pintura

Fecha: 31-10-2018 07:06 PM

Cadenas

Por Carlos Roa (*)

 

 

En un país donde ya nada asombra, se hizo viral días atrás el grotesco maltrato a una escultura pública de Francisco Narváez por manos de algún anónimo e ignorante funcionario.

 

El infortunado disparate, que destruyó una obra de arte, provocó ira y protestas de numerosos venezolanos a través de las redes, quienes contemplaron impotentes un nuevo acto de destrucción perpetrado por una administración que parece no tener otro talento.

 

Pero hay más. Este acto parece tener el significado simbólico de cubrir, encubrir y echarle tierrita encima a un desastre tras el otro, en medio de este proceso de demolición de Venezuela.

 

Tomemos otro ejemplo: Rafael Cadenas. El poeta más representativo de nuestro país, se gana nada menos que el Premio Reina Sofía en España. Un hombre vertical, transparente, cuya genialidad y congruencia han estado a la vista del país por décadas.

 

Un personaje que ha alzado su voz ante lo que vivimos, apalancado no solamente en su autoridad moral, sino también en el certero uno de la palabra que le proporciona su don.

Para el gobierno y para los medios oficialistas, semejante honor no existió. Los venezolanos nos amalgamamos a través de las redes sociales para celebrar ese orgullo patrio, esa buena noticia que nos restaña el gentilicio de tantas y tantas heridas. Pero aquel barco sin capitán, ese cascarón vacío que es la administración pública, no se dio por enterado. Por supuesto, ellos aplican aquel principio de “Si no estás en medios, no existes”.

 

No cuentan con la fisura que se da hoy a través del internet y que ha viralizado los dos ejemplos anteriores. O, mejor dicho, sí la cuentan, pero la desestiman. Piensan que es un asunto de esa clase media a la que ellos desprecian y que han logrado desmantelar tan eficientemente.

 

Y sabemos que los experimentos de obstrucción a internet van viento en popa, aunque quizá no se atreven a dar el paso final porque los ojos del mundo están puestos en la barbarie revolucionaria. También están buscando la forma de “echarle pintura” a la red de redes.

 

A lo que si no han podido tapar con pintura es a la grotesca muerte del concejal Fernando Albán. Torpes y contradictorias versiones oficiales trataron de acallar el escándalo mundial que esto ocasionó. Pero el hecho sigue por allí, pendiente y recurrente, a pesar de que una tragedia solapa a la otra en la cotidianidad venezolana.

 

Y como corolario, nos enteramos de la dolorosa muerte del valioso médico venezolano Carlos Bravo, alabado por sus conocidos como un talento excepcional y especialmente sensible en su campo. Una pérdida confusa y llena de contradicciones, aunque todo apunta a presiones del gobierno como detonante.

 

Algunos dicen que se quitó la vida ante la impotencia para salvar la vida a sus pacientes. Otros creen que fue un infarto tras recibir amenazas por denunciar la situación del sistema de salud. Las versiones aseguran que la policía política ya se le iba encima y esto precipitó la decisión fatal.

 

Al horror del sistema de salud también hay que “echarle pintura”. ¿Iba el Sebin por el doctor Bravo? Quizá jamás lo sepamos. Lo que sí sabemos es que los medios de comunicación que han intentado entrar a hospitales han sido agredidos, que sus equipos les han sido arrebatados y destruidos, en otro intento más por “echarle pintura” a una de las verrugas más negras del disparate rojo. Rojo sangre.

 

Sabemos que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Por suerte, ya son muy pocos los engañados. Y la capa de pintura puede caerse el día menos esperado, con más estruendo de lo imaginable.

 

(*) Miembro de Expresión Libre



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