El dictador venezolano del siglo XXI

Fecha: 17-04-2017 02:43 PM

Caricatura mad...

Por. Mayte Navarro S. (*)

Se ha escrito tanto sobre el gobierno antidemocrático de Venezuela que a veces uno puede pensar ¿qué más se puede decir? Pero cuando se trata de una dictadura el silencio puede hacernos cómplices involuntarios de la barbarie, porque dejamos de denunciar al violador de libertades  y debilitamos  las iniciativas que defienden apasionadamente y sin tregua esas libertades que, en el caso de nuestro país, cada vez se pierden más. Se lucha por restablecer un orden humanista basado en el respeto de los derechos de los demás y en todo aquello que nos hace más racionales. Cuando éstos se ignoran y pisotean entramos en el orden de lo absurdo.

Cuando hablamos de derechos no sólo están los básicos, como el de la alimentación, la salud física y emocional de un pueblo, el derecho a un trabajo digno, a una educación donde la excelencia sea su principal característica. Además de esos y otros que omito por razones de espacio, también está el derecho a expresarse libremente, algo que resulta imposible en un régimen como el de Nicolás Maduro, donde se impone una voz, un sólo pensamiento, una sola razón, donde el maniqueísmo domina  todas las estancias de los poderes y el pueblo queda sujeto a la voluntad del tirano, quien espera, que sumiso acepte sus decisiones y arbitrariedades.

En estos 18 años el único pronombre que se pronuncia es el de la primera persona en singular “yo”. Así oímos: Yo he pagado la deuda, yo he ordenado, yo he designado. A esto se suma la irresponsabilidad de un primer mandatario que ejerce su cargo acompañado de la ignorancia, de la incapacidad,  de la intolerancia y del irrespeto hacia los ciudadanos y hacia los poderes elegidos por el pueblo, para dar como resultado una dictadura.

Ya lo ha expresado en uno de sus escritos Luis Ugalde s.j. cuando afirma: “Se ha puesto en evidencia que vivimos en un Estado con Constitución democrática pero secuestrado y violado por un Gobierno dictatorial. La anulación de la Asamblea no se produjo el 30-3-17 con las decisiones 155 y 156 de la Sala Constitucional del TSJ, pues desde el día mismo (6D) del triunfo arrollador de la oposición, el régimen buscó anularla: eliminaron sin nuevas elecciones a los diputados del Amazonas, cancelaron el Referéndum Revocatorio, suprimieron las elecciones de gobernadores de 2016, anularon toda legislación de la Asamblea con cincuenta decisiones del TSJ”.  Aquí se resume este golpe de Estado de efecto progresivo, ya que desde los tiempos de Chávez la Constitución comenzó a ser ignorada. Hoy, como lo señala Mario Vargas Llosa en uno de sus artículos “el chavismo ha violado todas las libertades públicas y todas las instituciones que defienden la democracia y los derechos humanos en ese país, de allí que haya sido una de las voces que se ha levantado para solicitar la aplicación de la Carta Democrática, instrumento que permite restituir el camino democrático, que es el deseo de la gran mayoría de los venezolanos.

Maduro y su corte se ensañan en contra de la oposición, que es mayoría, y llevan al país entero a nefastas consecuencias pues al alterar  el orden jurídico, alejan cualquier intención de inversión en el país, mientras que la corrupción se ha convertido en un indómito asunto que es del conocimiento universal, colocando a Venezuela entre los países de mayor corrupción. Por otro lado, el país es un santuario de la narcoguerrilla que cuenta con la anuencia del gobierno.

Cuando observamos imágenes de Corea del Norte donde la gente celebra “El día del Sol”  fecha que conmemora el aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, el fundador de la patria y abuelo de su actual dictador, Kim Jong-un no queda sino hacer la analogía con Venezuela. En Corea del Norte no hay voces que disienten y quienes se atreven a protestar se recluyen en centros de reeducación que no son otra cosa que campos de concentración. Acá se les encarcela y se les aísla, Leopoldo López Mendoza, el líder de Voluntad Popular es un ejemplo de ello.

El gobierno chavista sataniza a la oposición, impide que se exprese, la cataloga de violenta, reprime cualquier manifestación, acusa a sus líderes de saboteadores y salvajes para dictar medidas de inhabilitación, como sucedió con Henrique Capriles Radonski, o expulsan del país a periodistas extranjeros que realizan trabajos sobre la situación venezolana alegando que incumplen las leyes nacionales. De esta manera Maduro se consagra como el dictador venezolano del siglo XXI que ya cuenta con sus milicianos, los colectivos,  y de esta manera lanza al país por el abismo de la conflagración.  (Caricatura tomda de Pinterest "Catálogo Mundial de Ideas".

(*) Miembro de Expresión Libre

mayte.navarros@gmail.com

@mainav

 



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