El embudo del papel periódico

Fecha: 21-11-2016 07:39 PM

Carlos roa

 

Carlos Roa (*)

Mientras yo escribo y usted lee, los venezolanos y el mundo entero asistimos atónitos a la ejecución de la sentencia de muerte del periodismo impreso en Venezuela.

Y no se trata para nada de la muerte anunciada que avanza en el mundo entero de la mano de la creciente supremacía de la conexión a internet, los sitios web y las redes sociales, no. Lamentablemente, a los periódicos venezolanos se los está engullendo algo infinitamente más primitivo y pernicioso. Se trata del perverso mecanismo ideado por el gobierno nacional para asfixiar a las “empresas privadas” –como ellos mismos dicen con exagerada carga despectiva- que se dedican al oficio de informar.

Porque, al parecer, para el extraño experimento que intenta gobernar a Venezuela con más pena que gloria, es un delito ser empresa privada. Parece que lo loable es parasitar los dineros públicos para construir una realidad paralela que oculte el caos, la ineptitud, el fracaso y la irresponsabilidad, con idílicos titulares dignos de Utopía o de Narnia, dependiendo de las referencias culturales de quien los considere.

Y los periódicos no escapan a la sistemática destrucción de un país. Lo insólito es que lo hacen plagiando un antiguo sistema de extorsión que quedó para la historia como una de las vergüenzas de los hoy añorados cuarenta años de gobiernos civiles, unánimemente reconocidos como la época de mayor bienestar y progreso de nuestra patria.

Pero como bien decíamos, también tuvieron sus verrugas, con el perdón de la casi olvidada palabra. Una de ellas fue el chantaje a los medios de comunicación  impresos a través del otorgamiento de dólares preferenciales. Sí, semejante despropósito también existió antes; con lo cual se confirma que la actual administración no inventó ninguno de nuestros males, solamente los perfeccionaron y profundizaron en proporciones exponenciales.

El lusinchismo, practicante de tan condenable manejo, ha quedado como un niño de pecho, ante la impúdica y desvergonzada práctica que ha cerrado numerosos periódicos y tiene en jaque a otros tantos.

Porque el control de cambio también había ocurrido antes, aunque jamás de forma tan prolongada como el actual, que hace rato superó una década sin pudor alguno; no solamente estrangulando y distorsionando la economía, sino además sirviendo para que cuanta transacción podamos imaginar quede a merced de la voracidad de una administración a ratos inepta, a ratos perversa, pero jamás eficiente.

El espinazo quebrado al aparato productivo a través de más de década y media de odio y veneno, se lleva por delante también a los periódicos, que ahora dependen única y exclusivamente de la pauta publicitaria oficialista y de la muy sesgada “generosidad” de funcionarios de franela roja con los cada vez más escasos y codiciados dólares para intentar subsistir.

La complejidad del aparato de asfixia que deja a los venezolanos sin periódicos es difícil de explicar, no solamente para los extranjeros que intentan entender a este país de las maravillas, sino aún para los propios coterráneos. Solamente los devastadores efectos de las políticas oficiales nos pueden constatar que este relato no es una pesadilla, sino una vergonzosa realidad.

Contará algún día la historia que no se necesitó entrar a sangre y fuego a las redacciones, que bastó secuestrar la economía y conseguir que todo pasara a través del apetito insaciable del voraz Estado que se confundió con gobierno y con partido, a sabiendas de lo letal que resulta semejante fusión; pero dispuestos a seguir adelante en esta especie de pacto satánico, que será pagado con su propia destrucción, como es de esperarse cuando se trata de reinventar la rueda.

 (*) Miembros de Expresión Libre



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