El reino de la autocensura y la histeria

Fecha: 21-12-2016 09:33 AM

Goyo

Por Gregorio Salazar (*)

Muy mal deben andar las cosas es un país donde la simple instrumentación de un nuevo cono monetario deja un saldo de cinco personas muertas, más de trescientos establecimientos comerciales saqueados, cerca de doscientos ochenta detenidos e incuantificables pérdidas económicas, tanto por los destrozos como por las trabas a muchas actividades comerciales que no son posible realizar mediante el pago electrónico.

La aparición del papel moneda de nueva denominación no habría creado semejante caos si el gobierno no hubiera tenido la infeliz “ocurrencia” de, previamente a la distribución de las nuevas piezas monetarias, ejecutar la salida de circulación del billete de Bs. 100, el de más alta denominación y el cual representaba, según los entendidos, algo así como el 80 por ciento del circulante en el país.

Pero en Venezuela ya nada sorprende, tal es la precariedad de las instituciones, la improvisación presidencial y la fragilidad en la que la conducta del gobierno revolucionario ha colocado la convivencia social, casi imposible de restablecer desde hace muchos años.

Como en tantas ocasiones en que una situación se le va de las manos en razón de su improvisación y/o su cerrazón ideológica, el Ejecutivo tiene a la mano los chivos expiatorios, los mismos supuestos culpables de siempre: el imperialismo norteamericano y sus aliados, la dirigencia opositora, a la que se califica sin más de terrorista, y los medios de comunicación.

Centrémonos en este último aspecto, que había estado más fuera de foco hasta que al vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello, durante una rueda de prensa ofrecida el lunes 19 de diciembre, los señaló prácticamente como cómplices o incitadores de lo ocurrido. La verdad está tan distante de lo afirmado que el reclamo de la ciudadanía ha ido en sentido contrario: los principales canales de televisión no se ocuparon de la crisis y fue el lunes cuando en retrospectiva reportaron los sucesos.

No nos referimos siquiera a los saqueos, lo que a lo mejor puede entenderse para evitar el riesgo de propagar la conducta de imitación entre la población, como dicen que ocurrió el 27-F, sino a una mínima cobertura de las incidencias que se han desencadenado por las temerarias medidas del gobierno: enormes incomodidades a los ciudadanos por las interminables colas para depositar el efectivo en la banca privada o en el BCV, donde hubo, muchas venidas del interior, que amanecieron aguardando su turno para recibir a cambio de su dinero billetes de otra denominación o un simple vale en el que tuvo que colocar hasta sus huellas digitales. Luego vino otro suplicio para volver a obtener efectivo en los bancos, una vez que Maduro dispuso prorrogar la vigencia del billete de Bs. 100 hasta el 2 de enero, fecha más que inapropiada para cerrar el lapso. Las colas han sido descomunales, interminables y seguimos sin verlas por tv o en una visión minimizada al extremo.

Pero adicionalmente han habido otros eventos dignos de ser reseñados pero que pasan inadvertidos para los grandes medios televisivos: el martes 20 en la mañana un grupo de diputados se apersonó sorpresivamente frente al palacio de Miraflores para exigir la renuncia de Maduro y otros fueron hasta la sede del BCV pidiendo entrar a ese instituto. Los videos de estas manifestaciones circularon profusamente por las redes sociales, que han terminado por ocupar en buena medida el espacio que dejan los medios.

Es dable suponer que la autocensura ya no necesita de un telefonazo de Miraflores. Después de arremeter contra cualquiera que haga siquiera fotos en las colas o mantener represadas las licencias para el uso del espectro radioeléctrico por parte de las televisoras, ya todo el mundo sabe lo que tiene que hacer para evitarse problemas frente a un gobierno que es capaz de burlarse descaradamente hasta de la misma buena fe del Papa Francisco.

En resumidas cuentas, acicateada por la crisis en  todas las áreas de su cotidianidad, entre la desinformación y la profusión de mensajes sin posibilidad de verificar en las redes sociales, la sociedad venezolana camina hacia el 2017 sumida en la mayor incertidumbre, dudas y temores que alguno de nosotros recuerde.

(*) Miembro de la directiva de Expresión Libre



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