Fraude, la gran tragedia nacional

Fecha: 08-08-2017 01:09 PM

Mayte fraude

“Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.” Octavio Paz

Mayte Navarro S.(*)

Cuando decimos fraude electoral ¿estamos realmente conscientes de lo que significa, o nos conformamos con repetir una y mil veces “me robaron el voto”?  Fraude electoral es una forma ilícita de impedir que la ciudadanía no sólo exprese su opinión sobre un determinado tópico, sino que es un delito porque evita que esos ciudadanos transiten conscientemente y sin presiones por el camino que consideran es el más adecuado y favorable para su futuro. Un fraude electoral violenta la voluntad de miles de ciudadanos para conseguir, a través de la manipulación de los resultados, un fin político determinado, que no es otro que perpetuarse en el poder.

Los políticos que se prestan al fraude electoral no son más que delincuentes que deben ser juzgados por ello, ya que no sólo engañan sino que usurpan al votante un derecho consagrado internacionalmente. Por eso el fraude electoral es un delito, que no prescribe y quienes los cometen se verán ante los tribunales. Al menos así debería ser.

El diario The Economist presentó en un trabajo la lista de los países que realizan el sufragio de la manera más transparente. Esos son Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Nueva Zelanda. ¿Qué caracterizan a esas naciones? Su poder económico, el desarrollo, servicios educativos y médicos de alta calidad, una economía organizada, cárceles más dignas, seguridad social y libertad de expresión. Su ciudadanía disfruta de estas condiciones pero está alerta ante cualquier síntoma que pueda poner en peligro la calidad de sus democracias.

Pero también el citado artículo hace referencia a algunas naciones donde el fraude forma parte de los mecanismos electorales. Corea del Norte, Guinea-Bissau, Chad, Siria y Arabia Saudí presentan sistemas electorales que se caracterizan por su opacidad. Las reglas del juego deliberante no son claras, reina el autoritarismo, la economía se ha debilitado o no responde a las necesidades de los ciudadanos. Quienes detentan el poder hablan sobre la equidad pero esta no existe porque están aferrados al gobierno, no hay alternancia de los partidos políticos y sus excéntricas leyes crean pequeños sectores que gozan de todos los beneficios porque se han aprovechado de los caminos de la corrupción para enriquecerse. Zimbabue es otro país donde las elecciones no gozan de buena reputación y la gran mayoría de los ciudadanos deben enfrentarse día a día a una economía nefasta y a una justicia viciada por los intereses individuales y partidistas. Sólo para dar un ejemplo, el dictador Mugabe se gastó en tratamientos médicos 50 millones de dólares, más de la mitad de lo que se ha destinado a los hospitales de esa nación africana.

A este club de abyectos habría que anexar a Venezuela, donde el proceso electoral para la elección de la Asamblea Nacional Constituyente resultó una farsa desde el mismo momento de su convocatoria.  De esta manera Venezuela vive uno de los peores momentos de su vida republicana porque la democracia se ha arrinconado, ya que el régimen utilizó el sufragio para darse un tiempo y así crear una nueva Constitución hecha a la medida, que no va a salvar a la nación de una economía catastrófica, ni de los inexistentes servicios, ni de la inseguridad. El  régimen seguirá ofreciendo migajas y hablando de paz mientras destruye la institucionalidad, las fuentes de empleo y se hace oídos sordos a las solicitudes de la comunidad internacional de buscar una salida a través del consenso nacional.

El fraude electoral en Venezuela no sólo inventó votos sino que se burló del ciudadano al arrebatarle también el futuro. Los usurpadores en su perorata de ofertas hablan en nombre del pueblo soberano pero no es más que un eufemismo, porque le dieron la espalda a la mayoría cuando ésta decidió expresarse y se manifestó eligiendo en voto popular, directo y secreto al Poder Legislativo, al cual el gobierno de Nicolás Maduro desconoce por ser éste independiente y por eso se inventaron la Asamblea Nacional Constituyente, que no solo carece del apoyo mayoritario, sino que nació de un fraude electoral, maniobra usada por el opresor como estrategia aconsejada por los Castro, los grandes fraudulentos del continente. También cuenta con el apoyo de Rusia, cuya juego político no es el más limpio; y de China, que a pesar de su desarrollo económico no conoce la democracia.

Bien lo decía un funcionario norteamericano al referirse al delito del fraude electoral: “cuando las elecciones son corruptas, inevitablemente les sigue un gobierno corrupto y arbitrario”.

(*) Miembro de Expresión Libre

mayte.navarro@gmail.com @mainav



blog comments powered by Disqus