Hambre y muerte para aniquilar la dignidad

Fecha: 30-05-2016 04:00 PM

Maite mayo

Mayte Navarro Serrano (*)

La escasez de alimentos y medicinas ponen en peligro la vida de los venezolanos, ante esta situación el Gobierno, lejos de asumir su responsabilidad lo niega y evade sus obligaciones mientras que afirma que los culpables son agentes foráneos.  Una situación nueva para los ciudadanos de la tierra de Bolívar, pero nada original si miramos atrás y nos sumergimos en la historia de otros regímenes totalitarios.  Allí está la hambruna que mató a millones de ucranianos cuando Stalin utilizó el hambre como estrategia para doblegar a ese pueblo, lo que se conoce como Holodomor.  El dictador comunista perseguía terminar con cualquier iniciativa particular, imponer la hegemonía del Estado en todos los ámbitos, matar la dignidad.

China también sufrió ese martirio cuando las políticas aplicadas por Mao Zedong resultaron un fracaso.  Hasta los gorriones resultaron ser los culpables de sus errores.  El régimen no reconocía su fracaso, por eso los responsables eran otros. Hoy las ruinas de ese pasado las recoge la dirigencia “bolivariana” venezolana que sucumbe a la utopía del comunismo y mientras las colas para comprar alimentos cada vez son más largas, el ausentismo escolar aumenta debido a la malnutrición y los enfermos fallecen por la carencia de medicinas, la campaña publicitaria del Gobierno afirma que los venezolanos comen tres y hasta más veces al día,  se vanagloria del aumento de la matrícula escolar, aunque el pensum esté cargado de debilidades pedagógicas y de contenido, y es capaz de hablar de un venezolano saludable, un hombre nuevo que calla y pierde su dignidad.

Las estadísticas no existen porque revelarían una situación vergonzosa.  Los medios de comunicación capaces de mostrar la verdadera realidad  nacional son bloqueados económicamente, no se les suministra papel o se les amenaza con quitarles las concesiones.

La mentira acompaña cada declaración, la ceguera producto de la incapacidad, el fanatismo y los instintos maniqueistas  originan acciones fatalistas.  A esto se suman los niveles de corrupción y el manejo de la cosa pública con resultados caóticos. 

(*) Periodista. Miembro de Expresión Libre



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