Hegemonías con pies de barro

Fecha: 27-09-2017 05:48 PM

Gregorio   izarra

Por Gregorio Salazar

Aquel ministro de comunicación e información que desató el escándalo y las protestas con su revelación de que el régimen chavista se proponía lograr una hegemonía comunicacional ya no aparece en escena. Ya pocos recuerdan el lema de campaña, “Venezuela de verdad”, que quiso contraponer a las “mentiras” de los medios del sector privado. Ya no rompe lanzas por la “revolución bolivariana”, ni ocupa cargo en el gobierno. Su voz tan frecuente en los medios de comunicación ya no se escucha, lo que parece una evidencia de que ya no milita, al menos no en la primera línea de combate, en el proceso político del cual se exhibía como uno de sus principales radicales.

Sin embargo, el objetivo de imponer la preminencia absoluta de la información y la propaganda proveniente del sector público ha seguido su marcha devastadora de la veracidad, la pluralidad y equilibrio informativos. Pudiera incluso decirse que la hegemonía de la comunicación vive la etapa de mayor implantación en su parte instrumental luego de casi dos décadas de acoso estadal mediante una amplia gama de acciones donde se han combinado, por una parte, desde  las iniciativas normativas concebidas en función del propósito dominador hasta el simple uso arbitrario del poder para, por ejemplo,  no otorgar o no prorrogar las concesiones para el uso del espectro radioeléctrico aunque se hayan cumplido con los requisitos.

En lo que respecta a lo audiovisual hay que destacar la política invasiva del Estado en la programación de los medios privados mediante el uso y abuso de las cadenas, ahora hasta de un noticiero, y la transmisión de micros de propaganda gratuita. Mientras tanto en los medios impresos el derrumbe se ha generalizado dado el monopolio de la importación y encarecimiento de los insumos y el descomunal colapso de la economía que minimizó en grado extremo los ingresos publicitarios.  Los medios impresos en Venezuela agonizan entre el cerco económico y  el mayor desarrollo de los medios digitales. Varios de los principales periódicos han cesado sus versiones en papel o han pasado de diarios a semanarios. Otros parecen haber migrado definitivamente hacia el soporte digital.

La hegemonía comunicacional se impulsa también mediante la proliferación de medios en manos del Estado, que a pesar de la crisis económica que hace del día a día de los venezolanos un calvario no escatima recursos económicos para financiar televisoras, incluida Telesur y su insaciable sed de dólares, radioemisoras, varios impresos que disfrutan de papel y otros insumos a manos llenas pero son regalados o vendidos a precios irrisorios y, adicionalmente, toda una intrincada y también costosa red de medios digitales, dentro y fuera del país. Todo ese entramado comunicacional en manos del partido de gobierno luce hoy más extendido que nunca. Mientras, el sector privado luce cercado y bajo políticas de constante intimidación.

Otro aspecto: a medida que la base de apoyo popular del chavismo se va esfumando, la necesidad de copar todos los espacios comunicacionales se ha hecho más patente y más grotesca. Durante los cuatro meses y algo de protestas populares de 2017 se hizo evidente el total irrespeto por la profesión periodística hasta llegar al trato cruel contra los reporteros, que fueron detenidos, golpeados o despojados de sus instrumentos de trabajo.

Contra ellos y sus colegas corresponsales internacionales se ha actuado sin contemplaciones. Ha sido patético y vergonzoso el trato vejatorio que se le ha dado a varios enviados especiales a los que ni siquiera se les ha permitido la entrada a Venezuela y han sido devueltos a sus países de origen desde el mismo aeropuerto de Maiquetía. Las fuentes informativas se han ido cerrando para todos.  

El caso más reciente de estos atropellos fue contra el periodista holandés Bram Ebus, especializado en investigación de temas socioambientales, quien fue detenido el 22 de este setiembre por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en Puerto Ayacucho y trasladado a Caicara del Orinoco en el estado Bolívar. Ebus pretendía investigar acerca de las concesiones en el llamado Arco Minero, donde los ecologistas están denunciando un inminente crimen ecológico de grandes dimensiones.

Es obvio que la hegemonía comunicacional se concibe como una premisa sine qua non para consolidar la ansiada hegemonía política, para la cual la cúpula en el poder se considera “históricamente legítima”. De la hegemonía comunicacional puede afirmarse que más allá de su expansión y las ingentes sumas de dinero que ha devorado sus eficacia política se torna limitada cuando el mensaje de supuestos logros o de exaltación de la gestión de gobierno, la ideología o el promisor futuro que nos espera es desmentido patéticamente por el entorno social y económico: un país arruinado, destruido en su instituciones y su parque industrial y con una población atravesando la peor crisis humanitaria de su historia en tiempos de paz.  

Que la hegemonía política y la comunicacional se impondrán y perdurarán es una tesis en la que ya no cree ni aquel ministro que tanto furor dedicó  al impulso y a la justificación de ambas perversiones.

(*) Miembro de la directiva de Expresión Libre



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