Indigencias

Fecha: 21-10-2016 10:43 AM

Josue indigencias

Por Josué D. Fernández


Existen otras indigencias realmente obscenas que merodean al régimen de República Bolivariana (“RB”), y cuyas secuelas serían ciertamente peores a la de  los desposeídos  que sobreviven en basureros, visten de harapos o  duermen tirados en aceras, por falta de medios para alimentarse, para vestirse etc.  Se refieren a las que todavía no tienen registro en diccionarios, pero que sobresalen por ausencia de recursos cerebrales y mentales en pusilánimes actuaciones públicas de funcionarios oficialistas.

La indigencia tal cual la teníamos entendida ha perdido importancia como asunto de la “Suprema Felicidad del Pueblo” -para la propia viceministra-, y ese lugar tal vez se llenaría con su visible carencia de criterios para sugerir y emprender soluciones al problema. Esos síntomas de descomposición del país se podrían ignorar debido a la enfermedad del régimen de menospreciar cuanto sale de sus intereses de perpetuidad, y de allí que la existencia de indigentes “es normal en épocas cercanas al mes de diciembre, por lo cual no debe crear ninguna alerta en la población".

Tristeza es la que abunda al percatarse de la gravedad de la indigencia, cuando a los casos de adultos se agregan los más vulnerables de niños y adolescentes. En noticia de “El Universal” se recogieron declaraciones de Leonardo Rodríguez, director de la Red de Casas Don Bosco, quien explicó que han alertado de esta situación a la Defensoría del Pueblo sin obtener respuestas. "El Estado pretende invisibilizar el problema. Estamos frente a un caldo de cultivo para las drogas, la explotación sexual y la delincuencia".

La miseria extendida a deficiencias cerebrales y mentales se ha convertido en sello bolivariano, siempre de mezquindad extrema, como contraparte  a todo evento que amenace su totalitarismo comunicacional, y su pretensión de dominio  del pensamiento colectivo supeditado a su línea ideológica castro-comunista. La anomalía se ha repetido con la designación como Cardenal del obispo venezolano Baltazar Porras, en gesto del Vaticano bajo la conducción del Papa Francisco, que extrañamente designa dos de estos máximos prelados con una misa nacionalidad.

El regocijo que produjo en los católicos venezolanos esa deferencia,  como corresponde en la cartilla revolucionaria merecía sabotajes desde distintos flancos. Así se emprendieron ataques que requirieron la intervención de la Comisión Episcopal en un comunicado que expresó: “Deploramos y repudiamos la escena triste, y carente de toda ética profesional y de todo sentido de ciudadanía, protagonizada por el diputado a la Asamblea Nacional, el Sr. Hugbel Roa, quien de forma soez y negando la verdad, se expresó públicamente de manera ofensiva y calumniosa contra Mons. Baltazar Porras y contra el Cardenal Jorge Urosa, Arzobispo de Caracas, lo que implica también descalificaciones al Papa Francisco”.

A falta de tobo sirve micrófono…

El catalogo revisado de indigencias probablemente encontrará nuevas entradas pasadas las navidades, cuando también se hará normal el hallar disfraces de indigentes en carnaval, y en todas las festividades sucesivas. Igualmente, las indigencias crecerán con las descalificaciones continuadas que brotan  de forma natural de cerebros y mentes menguados.

 

(*) fernandez.josue@gmail.com

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