Izquierdazos

Fecha: 09-01-2014 11:30 PM

Boxeo 20josueportada

En “República Bolivariana” (R.B.) los apodados “izquierdazos” se hallan muy distantes del significado original realzado en encuentros boxísticos, en los cuales se suponen condiciones parejas entre dos adversarios. Allá, los “izquierdazos” siempre resultarán ventajistas, con apoyo oficial  y hasta herradura permitida dentro del guante. Esos desiguales combates tienen una cobarde afición local que sale a aplaudir cada derrota predecible del otro, mediante la acción de colectivos mercenarios dotados de armas de fuego para poner barreras, e impedir protestas de repudio a la desmedida tiranía.

 Desde afuera, en actitud cómplice de gobiernos convertidos en fanáticos de tales “izquierdazos”,  en lo inmediato se escucha el ensordecedor silencio que apaga el “canto de amistad y de buena vecindad” de Argentina, Brasil y Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador, Uruguay, Paraguay, ­­­, Guatemala y El Salvador, Costa Rica, Haití y Nicaragua, Honduras y Panamá, Norteamérica, México y Perú, Puerto Rico y Canadá. Creídos “hermanos soberanos de la libertad”.

 

Josué Fernández

En la primera muestra de “izquierdazos” del 2014 –al estilo del brutal estalinismo que a su decir sería sucesor del leninismo, y por lo tanto también precursor del “Socialismo Siglo XXI” acuñado en “RB”–, de nuevo fue vejado el preso político del régimen bolivariano Iván Simonovis de muy precario estado de salud, sin ninguna prueba que demuestre delito cometido. "Por mí que se pudra Simonovis, que se muera en la cárcel por irresponsable y asesino. Él es el responsable del plan del 11” (2002), dijo el presidente del Concejo Municipal de Libertador, Eliécer Otaiza, estrenándose en el cargo este mes de Enero, y apoyándose en un acostumbrado libreto de injusticias y falsedades.

La esencia de los “izquierdazos” en quince años en el poder ha sido duplicada con mayores o menores contusiones infligidas a más de media población por el propio jefe y sus ministros, la contraloría, la procuraduría, la fiscalía, el rector electoral, los magistrados judiciales, e inclusive por la directiva de los diputados del legislativo, convirtiendo en causa de venganza política cualquier manifestación de oposición ciudadana. No obstante, los “izquierdazos” se revelan como chistes de mal gusto en las respuestas oficiales a la última conmoción pública por el cruel y despiadado asesinato en la carretera de una famosa artista de televisión y su esposo, salvándose de puro milagro la menor hija de estos también presente en el suceso.

En tan tristes momentos, las sospechas de culpabilidad recayeron de inmediato sobre quienes por años han consentido que las armas de fuego circulen libremente entre sus aliados. Los mismos que en tres lustros han vivido de ojos cerrados al desbordado crecimiento interno de hechos violentos, de los peores en el mundo superando cuatro veces a México, duplicando a Colombia, y superior al número de muertes en la guerra civil en Siria, por ejemplo.  A la vez, los que sí sacan de las cárceles a miles de presos, pero por delitos comunes, sin completar condenas. En intento absurdo de un “izquierdazo” que inculparía a sicarios (¿?), el jefe del régimen quizás pretendería después el librarse del dedo acusador a la incompetencia gubernamental regida por plan demoledor de cualquier riqueza del país, exceptuando la que va protegida por guardaespaldas, a buen resguardo, y ya transferida a  bolsillos particulares blindados.

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