Mentir, premisa de la dictadura madurista

Fecha: 12-06-2017 03:08 PM

La mentira

Por Mayte Navarro S. (*)

Cuando revisamos la política de la Unión Soviética se encuentran mentiras, ocultamientos y torturas para mantener el régimen. Y si examinamos la actuación del chavismo en Venezuela  observamos la tergiversación de la historia, la reinterpretación de las leyes según su conveniencia, engaños a los ciudadanos y la descalificación como instrumento. Son 18 años de violación de las leyes, de acomodarlas a los intereses del gobierno, de pisotear al opositor. Nicolás Maduro, heredero del desastre impuesto por Chávez, su antecesor, no sólo carece de carisma, sino que enarbola, sin la menor vergüenza, su ignorancia, mientras que sus decisiones equivocadas llevan al país a la miseria y al caos total. 

Este gobierno ahora se obsesiona con la Asamblea Constituyente y ha llevado al paroxismo las mentiras que aderezan sus alegatos que no persiguen otro objetivo que eternizarse en el poder, como lo han hecho los Castro, otros grandes mentirosos.  Fidel  prometió a su pueblo en 1959 que gozaría de una calidad de vida superior a la de Estados Unidos; los cubanos que lo lograron fueron aquellos que emigraron a ese país. Mintió al prometer libertad de prensa e ideología y hoy todavía subsiste en Cuba un solo periódico y un solo partido político, el comunista.  Entonces mentir es la constante del  totalitarismo.

Pero la dictadura también se alimenta de la represión por eso miente nuevamente al hablar de pluralismo informativo y no hace otra cosa que callar las voces disidentes, cerrar medios de comunicación, perseguir periodistas, amedrentar, anular  pasaportes, evitar que un líder de la oposición pueda viajar dentro de su mismo país e impedir que el pueblo se manifieste pacíficamente y para ello lo enfrenta a la fuerza pública que sin compasión lo agrede y asesina. Y nuevamente surge otra mentira, la manipulación, presentación de falsas pruebas, la evasión de responsabilidades y señalar como culpables a los líderes de la oposición para eliminarlos del panorama político.

Encontramos unas autoridades que mienten cuando lanzan un nuevo programa con el que intenta solucionar un problema. Allí están los Clap, anunciados como la alternativa a la guerra económica (guerra que el  chavismo se ha inventado) y los presentan como una vía para hacer a Venezuela más productiva y como muchos economistas lo vaticinaron, ha aumentado la dependencia, las importaciones y la hambruna ya no se puede ocultar. En las marchas de protesta contra el régimen se escuchan consignas como estas: “Venezuela no necesita lacrimógenas sino comida”.

El régimen chavista-comunista prometió salud y nunca antes el sistema sanitario venezolano había pasado por una crisis semejante. Enfermedades superadas como la malaria han reaparecido, en 2016 las estadísticas señalan 350 mil casos. La mortalidad infantil se incrementó 30 %, mientras que la muerte de mujeres embarazadas aumentó 64%.

En cuanto a la vida democrática, la participación del pueblo no sólo se ha visto mermada por el desconocimiento del gobierno a la Asamblea Nacional, sino que al negarle el derecho al voto por no permitir el revocatorio, ni las elecciones de gobernadores, se ha pisoteado el modelo participativo y protagónico que  tanto cacarea Maduro y compañía.

La corrupción ha alcanzado límites inimaginables. Al mismo tiempo que unos se enriquecen los servicios públicos se hacen cada vez más críticos. La baja calidad del agua incide en el aumento de la diarrea y la hepatitis; la crisis energética no se ha superado y las autoridades en vez de realizar inversiones en el sector sostienen la tesis del saboteo y de fenómenos naturales. El sobreprecio en obras prometidas y no terminadas ratifica que este es un régimen mentiroso.

La crisis también alcanza al Poder Judicial, como lo afirmó la ONG Human Rights Watch (HRW) al denunciar que éste prácticamente dejó de funcionar de forma independiente al Gobierno. Desconoció a la Asamblea Nacional y con ello la soberanía del pueblo que eligió a sus representantes y luego trata de imponer un proceso constituyente, sin la previa consulta al soberano. 

A las mentiras de Nicolás Maduro y sus ministros se suman las del Consejo Nacional Electoral, que en su momento se negó a celebrar elecciones regionales, pero diligentemente y rompiendo el orden constitucional se lanza a la aventura de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente en tiempo récord para satisfacer así la orden del Poder Ejecutivo, que desea una constitución a su medida y que no solucionará los problemas del país.

2017 será recordado como uno de los años más negros de la historia contemporánea venezolana porque al querer imponer el comunismo reinó la mentira y se originaron las más graves violaciones de los derechos humanos y ciudadanos.

(*) Miembro de Expresión Libre

mayte.navarros@gmail.com



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