No se han robado el Ávila

Fecha: 17-06-2019 10:50 AM

Zambrano

Por Luis Zambrano

 

Cuando  viajamos al exterior vemos un Madrid que no es el de Franco, ni el Moscú de Nikita, mucho menos  la Roma de  Mussolini, ni el Pekín de Mao; bien distante el Berlín de Hitler. Enseguida notas que has dejado una Venezuela parecida a la de Juan Vicente Gómez. 

Allá no roban el erario público, y aun cuando cambien los gobiernos, respetan los planes de desarrollo, los mejoran, pero no los menguan.

 

Sin dejar de reconocer  lo que significó el atraso generado por la I y II Guerra Mundial, el viejo mudo fue inspiración en la ciencia, la cultura y la política para las nacientes naciones americanas.

Sin duda con el Socialismo hemos retrocedido no menos de 70 años. Hospitales en cierre técnico. Volvieron las enfermedades  extinguidas con los avances de la era Democrática y los adelantos de la ciencia en manos de venezolanos responsables. No existe el IVIC y los centros de investigación desaparecieron por falta de presupuesto. Ese recurso   se lo robaron los boliburgueses en contubernio con la cúpula gobernante del PSUV.

 

Googleo las calles y avenidas de capitales de otros países y no se aprecia lo que  se ven en Caracas a pesar de ser un país con petróleo y asfalto de sobra.  Mientras el museo de Arte Moderno de Caracas desapareció, El Reina Sofia o El Prado, de Madrid, tienen mantenimiento diario. Sin hablar  de el Louvre donde la Monalisa enamora a los visitantes.

 

Hablan de la peligrosidad del metro de Nueva York, en cambio el de Caracas además de ser peligroso está destruido, paredes rayadas, escaleras inservibles, pisos deteriorados, áreas sin luces y perros durmiendo en los rincones.

 

La macro ciudad no ha cambiado. Allí todavía está el Ávila, gracias a Dios no se lo han robado. Vemos las Torres del Parque Central intactas. El Teresa Carreño igual, así como, las torres del CSB. Los vericuetos y la micro ciudad te ponen a llorar. Las Mercedes muestran un empuje muy sospechoso en edificaciones. Mientras el casco Central es un amasijo de viejos edificios grises sin gracia ni belleza, las grandes propiedades de algunos  líderes y amigos de la revolución lucen remodeladas y con potentes plantas eléctricas para evadir el racionamiento de energía. Desaparecieron las luces de neón de las zonas comerciales porque es un signo capitalista y además gastan tanta energía que fatiga al Guri.  

 

Han muerto por el hambre  decenas de mendigos y niños que  deambulaban por las calles. Sus cuerpos son recolectados por las desvencijadas furgonetas  y engrosan  las cifras desconocidas de la violencia. Otros  resisten comiendo desechos de Fospuca y Contécnica.  

 

Las  operadoras de basura se divorciaron de Serdeco al no devolverle a tiempo los dineros que los usuarios pagaban con la electricidad. Las plataformas de Internet y Cantv  marchan al ritmo de los semáforos.

 

Ya no hay la arritmia entre los usuarios y los transportes, el tiempo se escurre  esperando esa rueda  para llegar a casa. A pesar de la liberación de la divisa, el funcionamiento de la banca es para las historias increíbles. Si recibes en bolívares 250 dólares, entras en la lista de los sospechosos por narcotráfico o lavado de dinero.

 

Imagino que ningún empleado ha llamado a alguien del gobierno para exigirle explicaciones de sus activos, en cambio a  un jubilado o cualquier mortal que reciba 100 dólares de un familiar que emigró, debe  llevar una carta explicando quien se los envió y que hace ese familiar. Esta dinámica le da vida a los supermercados, restaurantes  y farmacias. Cualquier extranjero al visitarnos por pocas horas dirá “Aquí no ha pasado Nada”



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