Nuestra tragedia ¿invisibilizada en el mundo?

Fecha: 25-11-2019 01:16 PM

Elsy

Por Elsy Manzanares Feliche (*)

 

En estos últimos meses los acontecimientos políticos del sur del Continente han sido protagonistas en los principales medios internacionales. No ha sido poco, desde la renuncia de Evo Morales, pasando por la destrucción de ciudades como Santiago, recientemente estragos también en Bogotá y Cali; además de las fuertes confrontaciones, algunas xenofóbicas incluso, en Perú, Ecuador, Chile, manifestaciones en Brasil a favor y en contra de la libertad de Lula.

Todo este escenario pareciera haber borrado, por lo menos provisionalmente la tragedia que vive Venezuela. Ya no ocupamos las primeras páginas de los principales noticieros de CBS News, CNN, DW de Alemania o impresos como El País de España, solo por mencionar algunos; pues nuestra «aparente» normalidad, sumado a los acontecimientos de estos países hermanos, ha opacado drásticamente nuestra situación, que no solo sigue igual, sino que va empeorando cada día más.

Si hablamos de la prensa, la escalada represiva que ha sufrido nuestro gremio durante estos años y que a diario crece en violaciones de toda índole, represión, detenciones, robos de materiales a periodistas, camarógrafos y desmantelamiento de medios es brutal, las organizaciones que protegen a periodistas en el país están alarmadas por tal ola de violencia contra nuestro gremio. El Colegio Nacional de Periodistas preparó talleres con el nombre de «Periodismo bajo fuego», ya esto lo dice todo. La delincuencia se hizo cargo de la sede del CNP en el Estado Miranda, desmantelando sus instalaciones.

En materia de derechos humanos en Venezuela seguimos al margen de la ley, sin que nada ocurra. Una tragedia de grandes proporciones registra la prensa nacional en estos días, la matanza de Ikabarú, donde ocho personas de la etnia pemona resultaron asesinados y unos 80 heridos. Ricardo Delgado, activista de esta etnia, dijo que esta acción corresponde a un patrón que se repite en las áreas de explotación minera del sur del país. Por su parte, el Comisionado Presidencial de los DDHH Humberto Prado, informó a representantes de Bachelet sobre la masacre. Cuando esto ocurría, Maduro celebraba su cumpleaños sin mencionar palabra acerca de la matanza.

Los enfermos, muy especialmente los niños, siguen viviendo la inclemencia de la escasez, mueren a diario por desnutrición o simplemente por falta de medicamentos para enfermedades crónicas. Reaparecen enfermedades ya erradicadas como la fiebre amarilla, la malaria, la difteria y el sarampión, sin contar los excesivos brotes de hepatitis, y el pobre sigue arrastrando la tragedia del hambre recibiendo, el que recibe, la limosna de las CLAP, limosna esta que hace millonarios a adeptos al régimen, incluso colombianos metidos en «el negocio del hambre» en Venezuela, porque hasta el hambre y las enfermedades crónicas son ganancia para los corruptos. Aquí no hay clemencia. Esta semana un anciano murió -posiblemente de hambre- haciendo la cola para cobrar la mísera pensión.

El venezolano de a pie, nunca había sido más de a pie que hoy, porque la falta de transporte público le ha impuesto larguísimas caminatas para llegar a su trabajo o en las tardes a sus casas; en el país no hay transporte y el METRO, que fue ejemplo de transporte en el mundo, hoy es un residuo de vagones sucios, malolientes, sin aire acondicionado, repletos de gente con caras lánguidas y sin esperanza, a quienes además le ponen aguinaldos en los parlantes para que recuerden que estamos en navidad. Es como burlarse del pobre en sus momentos de mayor necesidad.

Mientras tanto «la dolarización» del país crea una atmósfera de normalidad ficticia, falsa y perversa, se pueden ver las calles llenas de compradores con dólares ¿De dónde salen? No se sabe; como si aquí no estuviese pasando nada. La entrada de todo tipo de productos importados llena grandes y pequeños bodegones. ¿Quiénes y cuántas personas están en capacidad de importar productos de los Estados Unidos, Colombia o México?, pero la pregunta más importante es ¿Quiénes son sus verdaderos dueños? Podemos ver en algunos casos camiones de la GN cargados de productos para entregarlos en esos lugares prohibitivos para la mayoría de los venezolanos.

La tragedia sigue, pero los medios internacionales la invisibilizan ante el aparente surtido de productos de primera, los acontecimientos de los otros países. Ojalá podamos entender que solo en la unidad es que podemos salir de semejante tragedia, que no es desde afuera la solución, somos nosotros, los dolientes; porque muy lejos de mermar semejante dolor, se profundiza cada día más y ante las luces de navidad que puede poner el gobierno para decorar algunas calles, está la mirada dolorosa y enferma de los niños que esperan por una Venezuela decente, que los proteja y les construya un futuro cierto.

(*) Miembro de Expresión Libre



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