Nuestro balance

Fecha: 03-11-2016 10:22 AM

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Por Josué D. Fernández (*)

Aunque resultara inútil otra vez ─ya anunciado un pre-diálogo con cierta formalidad pero con credibilidad en suspenso─, sentarnos a conversar serenamente probablemente será por muchos años lo único que podría despejar horizontes en Venezuela.  Más que nunca, es imperativo echar un vistazo a todo aquello que podamos rescatar, como socios arruinados, sin rencor. Convertido en “coaching ontológico” de bajo costo, vendrían de perlas  algunas estrofas del tango argentino “Nuestro Balance”, primera pieza en ese ardoroso género escrita en 1965 por “Cholo Novarro”, Bernardo Mitnik Lerman de nombre de pila.

Muy lamentable además, “Mi corazón se abrió de par en par...” en la última línea de la letra de esa partitura, ha pasado de final musical dramático a retrato crudo del sentimiento de venezolanos obligados a vivir fuera de su lugar de nacimiento, bloqueadas tal cual están sus expectativas por un mejor porvenir.  Este caso particular quedó registrado con abundantes consideraciones en los apuntes de “La Voz de  la Diáspora Venezolana”, una investigación coordinada por el sociólogo Tomás Páez Bravo, y realizada en campos extranjeros, entre los preferidos para levantar carpa por la desatada expatriación.

La gráfica emocional descrita anteriormente desborda el  aguante del llanto de parientes, amigos y otros allegados, que sienten esas despedidas en duelos intermitentes, cada vez más solitarios en apariencia. Una triste realidad “que desde el gobierno parece inexistente pero que no pasa inadvertida en el ámbito internacional”, se expresa en la contratapa del libro que ya circula  en el exterior en edición del Center for Democracy and Development in the Américas. La desdicha que describe  la obra, también poco a poco gana la comprensión de la comunidad mundial.

El asumir que somos socios arruinados excede la pérdida de valiosos recursos humanos que conlleva esa emigración. Comprobaciones en adición saltan al vació de fondos propios para saldar infinitos aumentos salariales, que destruyen a su vez oportunidades de operación del sector privado. La máquina de hacer billetes y monedas del BCV,  solo favoreciendo a la administración pública, la cual alegra así a sus clientes internos aunque fracasa en detener la escasez de alimentos, medicamentos, bienes y servicios importados en general, mientras sigue decayendo la confianza para obtener préstamos, o para validar sus planes para frenar la inflación y la constante devaluación del bolívar.

En el vistazo que hay que echar a todo aquello que podamos rescatar, es necesario enfocar con prioridad la convivencia de la gente de arriba y de abajo; la recompensa explícita a la buena conducta y el castigo aleccionador a los maleantes donde quiera que se encuentren, como manera básica de eliminar sospechas de cualquier tipo de emboscadas. En ese proceso pronto aparecería el acuerdo agrupador de una sola cara, sin desviaciones ideológicas o prácticas que despierten sospechas, y  con garantías de que habrá convenios de acero para honrar obligaciones domésticas y foráneas.

Un ejemplo del beneficio del cambio al que se aspira aparece en testimonios recopilados igualmente en  “La Voz de la Diáspora Venezolana”, al indicar que la emigración detectada no puede calificarse como “fuga” sino como “circulación de cerebros” , creación de redes y nexos, que sin duda potenciarán el desarrollo futuro y enriquecerán el tejido social del país. La Venezuela que retrata trasciende las fronteras, está desbordada ─desparramada dicen los autores─, pero sigue despertando el compromiso desde la distancia. ¡Amén!

 

(*) fernandez.josue@gmail.com

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