Otra feroz embestida contra los periodistas

Fecha: 13-04-2017 01:54 PM

Almagro

Por Gregorio Salazar

Finalmente ha sido un hombre de izquierdas, Luis Almagro, el encargado de darle el último tirón a la máscara de revolución humanista y democrática con la que durante casi dos décadas pudo el chavismo, más que alardear, fanfarronear frente a la comunidad internacional de su legitimidad de origen y funcionamiento.

Y no es que no pretenda mantener esa impostura ante el mundo, pero ha sido a partir de los dos informes del Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, dirigidos al Consejo Permanente de la organización, reclamando la pertinencia de la activación de la Carta Democrática Interamericana, cuando años y años de perversiones del régimen destinadas a barrer con la pluralidad democrática y a perpetuarse en el poder han podido ser percibidas con toda nitidez dentro y fuera del continente latinoamericano.

Con las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia, de fecha 29 de marzo de 2017, las dos fintas más recientes para esquivar los resultados electorales legislativos del 6 de diciembre de 2015, la mustia hoja de parra que mínimamente cubría la desvergüenza del tan propagandeado Socialismo del Siglo XXI emprendió su volandero y escatológico vuelo final al suelo. Y ahora se está, por primera vez, a las puertas de recibir posibles sanciones internacionales.

Imprescindible señalar que Almagro, meticuloso y tenaz, profundamente convencido de lo justiciero y urgente del objetivo que se ha propuesto,  ha venido a rematar la obra que iniciaron desde el plano interno en Venezuela todo un cúmulo de sectores sociales organizados, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, gremios, sindicatos, universidades, pero sobre todo, y en razón del propio rol social que desempeñan, medios y periodistas.

Inevitablemente fueron los medios privados y, subrayamos, independientes, y centenares de jóvenes reporteros a los que les ha tocado curtirse no sólo en la cobertura exigentísima de uno de los períodos más convulsos y complejos de la historia de Venezuela, sino también aprendiendo a defender el producto de su labor informativa y su integridad física, las primeras víctimas de la estrategia de la construcción política del miedo de la que Chávez echó mano sin recato ni contemplaciones.

Por eso puede decirse que fue la Comisión Interamericana de Derechos Humanos  (CIDH) de la OEA el primer escenario internacional donde, tras la recepciones de las numerosas violaciones a la libertad de prensa y de expresión, de agresiones que hoy se cuentan por millares, comenzaron a percibirse las primeras señales de la deriva antidemocrática del chavismo y su incompatibilidad con valores esenciales de la democracia.

Hoy, cuando el desbarrancamiento del régimen en materia de Derechos Humanos parece definitiva y total y los venezolanos de todas las edades defienden la libertad en la calle a costa de sus propias vidas, nuevamente los jerarcas del chavismo dirigen su violencia contra medios y periodistas, tanto hacia los nacionales como hacia los corresponsales extranjeros, algunos de los cuales han sido maltratados y echados del país sin permitirles iniciar su trabajo.

El saldo es sumamente alto en materia de lesionados, detenidos, golpeados, equipos periodísticos destruidos, radioemisoras cerradas y es obvio que esta nueva embestida de la dictadura que encabeza Nicolás Maduro no se detendrá, sobre todo cuando los cuerpos de seguridad del estado, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), el Sebin y efectivos policiales bajo el control oficialista actúan sin ningún protocolo profesional, sino como verdaderos activistas uniformados dispuestos a ajustarles cuentas a todo aquel que el irresponsable discurso oficial ha estigmatizado como “golpista”, “terrorista”, “enemigo de la revolución”. Aparte del saldo cruento contra los periodistas, ya son cinco las víctimas fatales de la represión desenfrenada. Un régimen en sus estertores debería tomar conciencia de que nada de eso va a quedar impune.

ˆMiembro de Expresión Libre

 



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