Periodismo de ombligo

Fecha: 23-06-2014 11:30 PM

Mirarseombligoportada

Sin Tapujos

Carlos Roa, periodista, actor y escritor de teatro..

 

Carlos Roa Viana

Un recurrente tema de conversación con colegas ha sido, en los últimos días, la entrega de un premio de periodismo al ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres.

Es como para ponerse a cavilarlo. El periodismo es por definición, anti poder. Y este señor es el poder, puro y duro. Un militar, en un régimen militar, cargado de charreteras, y atrincherado en la cartera más medular para cualquier gobierno.

Para colmo, el reconocimiento llega en momentos cuando el régimen finalmente develó sin pudor alguno su rostro totalitario, con una represión a paso de vencedores de la disidencia callejera. Muertos, presos, torturados, en cantidades que harían ruborizar al unísono a Fidel y a Pinochet. Que lo hayan hecho para intentar lavarle la cara al eficiente ministro no parece secreto alguno, ¿verdad?

No es sorpresa que se premien entre ellos mismos, que se paguen y se den el vuelto, que hagan como los monitos esos que se matan piojos mutuamente: “ya te busqué los tuyos, ahora tú me buscas los míos”. Miran a sus propios ombligos y se felicitan mutuamente, satisfechos, con lo redondos que son.

Ya ni siquiera galardonan a quienes dicen lo que el gobierno quiere que sea dicho. Ya es el mismísimo poder quien dice y recibe premio de una vez. Suponemos que los intermediarios deben desaparecer, como recetara alguna vez el malhadado Ceresole con su tríada Gobierno/Fuerza Armada/Pueblo. Que nadie se interponga en ese amor. O como se le “chispoteara” alguna vez al ministro Izarra cuando nos confesó aquello de la hegemonía comunicacional.

Me parece entender que el periodismo es explorar, buscar, arriesgarse, ir más allá, vencer fronteras. No creo que exista nada digno de un reconocimiento de tal clase en el seno de gobierno alguno. Y otorgárselo a un militar, quien justamente tiene la característica profesional de ser hermético, de embargar la información, realmente causa sorpresa.

En mis años de ejercicio durante este gobierno que divide para vencer, siempre intenté buscar la opinión de quien pensara distinto a mí. Por deber, para confrontar, para intentar entenderlos, aún no lo tengo totalmente claro. Lástima que la mayoría de las veces, estas iniciativas se estrellaran contra una contestadora telefónica, contra excusas tartamudeantes y apuradas, o en el mejor de los casos con un sincero: “Me encantaría hermano, pero es que tú sabes que no me dejan”.

Que el premio lleve el nombre de Aníbal Nazoa parece una provocación para quienes sabemos quiénes fueron –y son- los Nazoa en este país. Por suerte, por allí anda Claudio echando vaina par recordárselo a quienes lo olviden.

Llegará el día cuando cualquier funcionario gubernamental declare, ante los numerosos medios de comunicación controlados por el Estado: “Hoy me premio a mí mismo, porque considero que lo estoy haciendo muy bien”. 

 

Caricatura cortesía de Cubadiversa.blog

 



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