¿Qué hay detrás del desabastecimiento?

Fecha: 20-02-2008 11:30 PM

"El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización". Mihail Gorbachov

Carmelo Casale C. PeriodistaEn los últimos tiempos ha estado “de moda” la palabra escasez o desabastecimiento. En principio, ambas palabras ni son iguales ni significan lo mismo, pero son utilizadas comúnmente por tirios y troyanos para indicar la profunda carestía existente en el mercado, tanto a nivel de bienes básicos como de otros tipos. Por sus escabrosas causas, efectos y consecuencias se pelean oficialistas y opositores. Unos dicen que los productos escasean por fallas en la producción; otros que es por el acceso de nuevos consumidores. Pero ese no es el "quid" del asunto. No. La realidad simple y cruda es que tal desabastecimiento se debe a una necesidad ideológica del socialismo, especialmente en su variante más radical, la comunista “del siglo 21”. ¡La peor de todas!

El socialismo comunista, como ideología colectivista, mesiánica y dirigista desea imponerse a su contraparte, representada por la libertad y el libre albedrío individual.

Fíjense que no dije “a su contraparte, el capitalismo”, ya que el socialismo, per se -y según han demostrado hasta la saciedad diversos autores y teóricos socialistas (Gorbachev incluido)- no propone una forma distinta de creación de riqueza, sino una utilización diferente del producto final de aquella.

Así, en el primer caso, la utilidad (o plusvalía, como gustan llamarla) va a la reinversión, a la búsqueda de otros mercados y a la ganancia personal. En el segundo -socialista radical- tal utilidad iría a servir los "máximos intereses del pueblo y la nación, por medio de la justicia social"... Y por esa cañería, por supuesto, comienza a desaguarse la buena voluntad inicial.

Es por tan sutil diferencia que el socialismo fracasa siempre y en todos los lugares donde se trata de implementar, en lograr producir los suficientes bienes y servicios para sus poblaciones. La consecuencia final -inevitable- es la escasez y el desabastecimiento.

El capitalismo, en cambio, debe buscar satisfacer las necesidades de todos los potenciales consumidores. Simplificando al máximo entendible una complicadísima y vasta red de acciones y reacciones, diremos que para lograr tal cometido el capitalismo debe estudiar y analizar productos y servicios, invertir recursos y desarrollar tanto productos y tecnologías como fórmulas de empaque, almacenamiento, publicidad y precios, así como la distribución en la red de comercialización, para lograr el éxito.

Ese es el verdadero "negocio" capitalista.

Además de inviertir en el producto o "negocio", debe conocerlo el gran público (publicitándolo a través de medios de comunicación) y se abastecen los canales de distribución y de comercialización.

Dicho de otra forma, el capitalismo abastece permanentemente al mercado (y este a todos los consumidores) porque en ello está su oportunidad, su ventaja y su “negocio” .

Todo ello –además- bajo un clima de libertades públicas, seguridad, permanente crecimiento tecnológico y en sintonía con las necesidades de la población, quien determina de manera individual, en conjunto con leyes elaboradas por versados en la materia, quiénes son favorecidos o no por el público usuario según su necesidad, precio, calidad y conveniencia.

Por eso en los países capitalistas modernos (soportados por la informática, la comunicación y la globalización) son poco probables –casi imposibles- las hambrunas, falta de productos (especialmente alimenticios) y desbastecimiento. Eso iría, sencillamente, contra "el negocio" del capitalismo.

Gracias a tal efecto capitalista (y que lo digan China, Corea y Vietnam) la pobreza ha remitido espectacularmente, de manera global, en los últimos 50 años.

Pero el socialismo (y peor aún, su variante comunista) no funciona de tal manera simplemente porque no le interesa. No quiere. Por el contrario, propugna la escasez general. Veamos porqué, utilizando el ejemplo básico del sistema alimentario:

La alimentación es una necesidad básica de la población. Los gobiernos socialistas, todos, conflictúan de inmediato con los "terratenientes" porque son "oligarcas". Usualmente confiscan sus tierras y medios de producción agroalimentaria para darlas "al pueblo" que sí las trabaje.

Neutralizado el productor primario, controlan luego las cadenas de distribución (sustituyéndolas por “redes oficiales” con excusas como “defender al pueblo y alimentarlo mejor y evitar la especulación”); así pueden jugar a su antojo con necesidades primarias de la gente, estableciendo un perverso “método de Pavlov(1)” para lograr la sumisión general de la población que estará pendiente de cuando haya o no tal producto en los anaqueles de las “redes” de distribución, para ir y hacer largísimas colas (típicas en todos los países de corte socialista radical) o filas de compra. De allí en adelante, controlar a la población es mucho más fácil.

Por supuesto que la producción y distribución de alimentos no debe estar en manos privadas.

Es preferible importar porque de esa manera no se generan riquezas locales que puedan, eventualmente, “desestabilizar” al sistema.

Al eliminar –mediante la escasez planificada- a los productores y los productos, se asesta un doble golpe a la economía "de mercado": por un lado, no dependen de la producción privada (para impedir que abastezca a los mercados que ellos, los socialistas, prefieren desabastecer); no es necesaria la publicidad (porque, gracias a la escaséz, cualquier producto (bueno o malo) tiene rápida salida; sin dicha publicidad (que solo existe cuando hay abundancia y competencia) los medios privados no pueden sobrevivir y quiebran o dependen de la propaganda oficial (y eliminan dos pájaros de un tiro; la crítica y la disidencia).

Luego para no variar el “programa” o cartilla socialistas, viene el esquema corruptivo y clientelar, estableciéndose procesos de premio y castigo según las actuaciones individuales y colectivas de sus protagonistas: si haces lo que el gobierno socialista dice, te premian dántote algunos "privilegios"; si no quieres “entrar por el aro” sufres un castigo directo, junto a familiares y amigos.

Para colmo de males, al privilegiar el colectivismo se “empuja” las pocas riquezas disponibles hacia arriba, aplicando una especie de fórmula piramidal para beneficio de unos muy pocos y elimina la creación abundante de riquezas (especialmente de riqueza alimentaria) porque obtiene réditos y provechos ideológicos de tal esquema de no producción, controlando así a la población.

Al final, el socialismo (y mucho peor en su versión comunista) lo único que desea, a toda costa, es permanecer en el poder para que sus pocos directivos puedan expoliar a las clases pobres y trabajadoras, que no logran nunca salir de su pobreza, porque con tal sistema no hay adonde salir ni porqué hacerlo, como se ha demostrado suficientemente en el ejemplo cubano.

Lo único que queda de tales sistemas, como ha ocurrido siempre en todos los regímenes socialistas comunistas y tal como ya se ve en Cuba es miseria, corrupción y desastre económico y social.

Hacia allí querían llevar a Venezuela el pasado 2 de diciembre de 2007. ¿Lo lograrán ahora?









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