Rayma cardióloga

Fecha: 21-09-2014 11:30 PM

Rayma

La nota de Gregorio Salazar

Y en cuanto a la denuncia, ¿exagera Rayma? Claro que no, si se toma en cuenta que la salud de los venezolanos fue convertida en el rubro más importante de ingreso de divisas para el gobierno cubano, en desmedro de nuestros grandes hospitales y con la consecuente saturación de las denostadas clínicas privadas, las que también están a punto de colapso por la falta de pagos del gobierno en el orden de los Bs. 4.960 millones.

A las diez de la noche del jueves, cuando ya habían pasado más de 24 horas desde que la dirección de su periódico la dejara si trabajo, Rayma seguía coronando desprendida, imbatible y campeadora, el trending topic de tuiter, sin robots, sin órdenes televisivas ni guerrillitas comunicacionales a sueldo.


Y por allí andaba volando la causante de esa cesantía, una caricatura con la que sin querer pulsó la actividad bioeléctrica del músculo cardíaco del diario que, como claramente se aprecia, quiere latir al mismo compás de los seguidores de aquel brioso órgano supuestamente desbordante de amor que se dio a conocer electoralmente como Corazón de mi Patria.
Según lo antedicho, Rayma no dibujó uno ni dos, sino tres segmentos de electrocardiogramas: el de la buena salud, el de la desastrosa salud en Venezuela en línea directa hacia la muerte, pero también le sacó picos hipertensivos y agitadas ondas al ahora complaciente “corachonchito” de los nuevos propietarios. Esa carta de despido resultó todo un “electro” con los nítidos registros de una evidente taquicardia gerencial.


La caricatura de Rayma sigue surcando el espacio sideral de uno a otro continente, la tuitean de aquí y la retuitean de allá; se difunden entrevistas a la autora, videos donde ella se codea con otros artistas de otras latitudes y de su misma talla y temple; se recopilan sus más certeras y ácidas viñetas, acusadoras de una realidad que quieren matizar con la censura e insinuando a la autocensura pero que, como lo expresaron sus solidarios compañeros de la redacción, hoy “es agobiante para los venezolanos de todos los estratos sociales”.


Para la historia han quedado y, sin duda, se seguirán sumando muchos de sus aciertos. Inolvidable aquel cartón referido al mismo caos de la salud: el médico le dice al paciente que yace en una camilla, con el rostro verduzco y demacrado de los moribundos: “Lo siento, pero usted necesita las vacunas que le regalaron a Bolivia, el catéter que le obsequiaron a Uruguay y las jeringas que donaron a la Argentina”, triste realidad que, por cierto, vale no sólo para el caos asistencial sino para otra áreas donde los venezolanos han sido dejados en segundo plano por quienes se autoproclamaba intérpretes de “la más alta política nacionalista, humanista y revolucionaria”.


El trazo rectilíneo de Rayma con el que desaparecen los signos vitales de la salud en Venezuela es de un simbolismo magistral en tanto surge como continuación de uno de los íconos gráficos que más ha utilizado la propaganda oficialista: la firma del caudillo, la cual a partir de ahora ha quedado asociada para siempre a la muerte por mengua, al desmantelamiento hospitalario, a la desesperante falta de medicinas, a todo el desastre sanitario en medio del acoso de epidemias que para colmo padecemos los venezolanos.


En cuanto a la vigencia del dibujo, no dudo que muchas manos osadas vengan ahora a alargar el mismo trazo en esos graffitis de la rúbrica que estérilmente abruma con su presencia a los habitantes de varias ciudades del país. Razón tienen quienes han dicho que con una sola caricatura Rayma liquidó al más importante ícono de la logia en el poder.


Y en cuanto a la denuncia, ¿exagera Rayma? Claro que no, si se toma en cuenta que la salud de los venezolanos fue convertida en el rubro más importante de ingreso de divisas para el gobierno cubano, en desmedro de nuestros grandes hospitales y con la consecuente saturación de las denostadas clínicas privadas, las que también están a punto de colapso por la falta de pagos del gobierno en el orden de los Bs. 4.960 millones.


Doña Rayma tenía nueve años haciendo caricaturas en ese periódico, se convirtió en uno de sus mayores atractivos para sus lectorías en papel y en pantalla, se multiplicó en la revista dominical, hizo agendas y calendarios llevando a la gente el humor sacado de su propia cotidianidad. Eso fue en la anterior administración, cuando se le tenía como uno de los talentos más apreciados del diario y de su público. Ahora, su postura crítica, ni más ni menos que lo esperable de un periodista de opinión como lo es un caricaturista, la habían convertido en una intrusa.


Viva la paradoja que hace que mientras más estropicios se le ocasionan a la libertad de expresarse y de crear, más lejos vuela la denuncia, más se multiplica y más rápido delata e inculpa a quienes la persiguen. Y como prueba, amigo diseñador, venga, ponga aquí también esa caricatura, que honre también está página, y no se preocupe que Rayma no nos cobrará derechos de autor. Ese dibujo ya no le pertenece a ella, sino a ese mundo donde laten con pulsaciones apresuradas las ansias de libertad.

 



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