Saqueos, linchamientos y otras censuras

Fecha: 25-04-2016 08:38 PM

Roa saqueos

Carlos Roa (*)

Muy atrás quedaron ya los tiempos en los cuales la “noticia censurada de cada día” para los venezolanos, era el precio del dólar en el mercado negro, ya que era un delito darlo a conocer.

Ahora, son más siniestras las estadísticas que se esconden tras una autocensura que asume –no sin razón- que, en caso de atreverse a informar, la tijera gobiernera hará de las suyas.

Se trata de dos nuevos “panes nuestros” en la cada vez más deteriorada cotidianidad de los venezolanos: los saqueos y los linchamientos.

Los primeros son de vieja data entre los espectros del país. Se convirtieron en tema de discusión por primera vez en 1989, tras el “Caracazo” de febrero de ese año. Si los saqueos en aquella oportunidad fueron inducidos o no –al igual que toda la explosión social que los enmarcó- es un tema no aclarado y que sigue generando profunda discusión.

El hecho es que el hombre que corría con media res a cuestas, o el desvalijamiento de Supervolumen en San Bernardino,  se quedaron para siempre en el inconsciente colectivo; aunque los saqueadores de hoy no huyan con televisores, sino persigan cebollas que ruedan por la Avenida Principal de Las Mercedes.  Ahora sí hay hambre.

Tiempo después, el inefable Hugo Chávez hizo apología del llamado “hurto famélico”, alegando que cualquiera que tiene hambre, está en su derecho de robar. La cosa es que el hambre es un asunto tan subjetivo…

Para la autodenominada revolución, tanto el levantamiento del 89 como las asonadas del 92 son fechas patrias dignas de ser reivindicadas. Jugaban con fuego y los fantasmas comienzan a volverse contra ellos mismos.

Saqueos simultáneos como los de aquel febrero, no se han vuelto a ver, por lo cual uno se sigue preguntando qué tan inducidos fueron. Sin embargo, el fenómeno en focos aislados se repite con creciente e inquietante frecuencia todos los días.

Unos lo harán por urgencia, por hambre. Otros por desvergüenza. Y otros más, por emular a los “héroes” del 89.

En aquellos tiempos, los medios de comunicación discutieron respecto a la responsabilidad que tuvieron quienes informaron sobre el fenómeno en la multiplicación del mismo. Y la palabra “saqueo”, junto a la información sobre los mismos, se volvió tabú.

Conclusión: suceden, pero no se saben. Al menos no a ciencia cierta. Uno que otro medio arriesga el pellejo al reseñarlos con eufemismos; otros tantos se enteran de que existen a través de las redes sociales y los de más allá apenas los conocen mediante rumores, ese vetusto mecanismo de información que nace de la desinformación.

De más reciente data es el dantesco fenómeno de los linchamientos. Hambre, ira, injusticia, o más bien denegación de justicia como política de Estado. La gente que sale a vengarse por su propia mano. Y otra fractura en la venezolanidad. Unos los defienden a capa y espada; otros condenamos semejante manifestación de barbarie, porque es urgente que transitemos el camino opuesto o si no, esto se lo lleva quien lo trajo.

Lo cierto es que el linchamiento es otro de los protagonistas de las “desnoticias”. No solamente por lo cruento de los sanguinarios hechos en sí, sino también porque constituyen la medida exacta de cómo el país se deshilacha. De cómo no hay estado de Derecho. De cómo vamos perdiendo todo vestigio de eso que llaman sociedad. De que los 17 años de revolución bonita enfermaron al país de enfermedad terminal.

Saqueos y linchamientos se agregan a nuestra lista de miedos, con el hampa, los asesinatos, la inflación, el desabastecimiento, los apagones, el hambre y la sed. Saqueos y linchamientos no serán televisados.

(*) Periodista Miembro de Expresión Libre



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