Toda la basura que no enseñan en las escuelas de periodismo

Fecha: 03-04-2015 11:25 AM

Ruppert murdoch

 Clooney versus Murdoch

Un libro revisa el escándalo de los pinchazos telefónicos de los tabloides británicos. Hollywood prepara su adaptación

Carlos Prieto | El Confidencial | 30.03.2015

 

Usted planea visitar Inglaterra por primera vez durante un fin de semana, pero no le gusta el turismo, sino la inmersión cultural. ¿Qué hacer en tan poco tiempo? Le recomendamos dos actividades de choque para meterse en la piel de un inglés medio durante unos minutos: 1) Vaya al pub a ver un partido y participe en una pelea multitudinaria a sillazo limpio. 2) Vaya a una cantina y, mientras se bebe el peor café de su vida, léase de arriba abajo toda la prensa amarilla del día. Si usted sobrevive a ambas experiencias, la reina Isabel II en persona le nombrará Sir en la escalerilla del avión.

En efecto, los tabloides británicos son un producto tan folclórico como el té de las cinco y el fish and chips. Una exitosa industria periodística -ahora en recesión, aunque siga despachando ¡millones! de ejemplares a diario en papel- que no se caracteriza ni por la sutileza informativa ni por, ay, los escrúpulos de sus ideólogos; sí, suena feo afirmar tal cosa, pero es que ellos mismos no tienen problema en admitirlo: “Uno no llega a ser director del Mirror si no es un ser humano bastante despreciable”. Lo dijo Piers Morgan, ex director del Daily Mirror y del News of the World, que ahora trabaja en la CNN.

Davies, veterano periodista de investigación en The Guardian, arranca el libro con dos frases sobre las que merece la pena detenerse:

“Esta es la historia más extraña que he escrito nunca. Al principio, no era gran cosa”.

Flashback: un periodista (News of the World) y un detective privado fueron detenidos en 2006 por pinchar los mensajes de voz de trabajadores del Palacio de Buckingham (para obtener exclusivas). Ahí quedó todo.

Hasta que alguien empezó a tirar del hilo… y se encontró un panorama político/periodís-tico dantesco... Los pinchazos eran práctica habitual, y Murdoch iba a sacar la artillería pesada para que las revelaciones no perjudicaran a sus negocios...

“Aquella simple historia delictiva resultó ser una historia sobre el mundo secreto de la élite del poder y sus alianzas discretas. No hablamos de conspiración (no de manera general), sino del elogio espontáneo del poder por parte del poder, de la realidad cotidiana de un intercambio natural de colaboración… ese favoritismo mutuo se produjo en medio de un persistente hedor a falsedad; no eran las febriles conspiraciones del caso Watergate, sino la despreocupada arrogancia de un grupo de personas que dan por sentado que tienen todo el derecho a dirigir el país y, con ello, a manipular la información, ocultar verdades embarazosas, intentar engañar a todo el mundo todo el tiempo”, escribe el periodista.

Davies y otros reporteros dedicaron más de media década a “desenredar la maraña de corrupción que se ocultaba” detrás de los pinchazos. Lo que les llevó a colisionar con colegas, políticos y agentes de la ley. “Sin querer, habíamos acabado inmersos en una batalla con la prensa, la policía y el Gobierno, vinculados todos ellos a una empresa creada por un hombre, Rupert Murchoch, una de las personas más poderosas del mundo”.

Dice Davies que Murdoch no es un poderoso cualquiera: tiene “una clase especial de poder”. No ya es que News Corp sea una de las multinacionales más grandes del mundo, con todo lo que ello supone a la hora de influir en la agenda política internacional, es que Murdoch es, por encima de todo, un magnate de la comunicación, lo que amplía las variables:

“Como posee periódicos y cadenas de noticias, tiene capacidad para incomodar todavía más a los gobiernos para hacerles temer que, de no contar con su favor, acabarán siendo atacados, desestabilizados, desacreditados”, razona Davies en el libro.

'Acabamos inmersos en una batalla con la prensa, la policía y el Gobierno, vinculados todos ellos a una empresa creada por un hombre, Rupert Murchoch'

En efecto, puede que todo esto suene a teoría de la conspiración, pero es exactamente lo que ocurrió durante el Murdochgate. En tres palabras: abuso de poder; en plan discreto, si se quiere, pero abuso de poder al fin y al cabo.

“Muchos autores dicen que no pueden hacer su trabajo si no consiguen alcanzar un punto tal de claridad que les permita reducirlo a una sola frase. Esperando el autobús un día, llegué por fin a ese punto. Esta es una historia sobre el poder y la verdad. Para ser más precisos, sobre el abuso de poder y sobre los secretos y mentiras que lo protegen. En una tiranía, la élite dirigente puede abusar de su poder sin parar, y todo aquel que se queje recibirá la visita de la policía secreta. En una democracia estabilizada, el abuso de poder no puede permitirse ser visible. Necesita la ocultación como una vampiro necesita la oscuridad”, escribe el autor.

'Esta es una historia sobre el poder y la verdad. Para ser más precisos, sobre el abuso de poder y sobre los secretos y mentiras que lo protegen'

Vampiros hay muchos en el libro de Davies. Incluidos aquellos destinados, en principio, a denunciar las prácticas vampíricas: los gacetilleros. En efecto, sería sencillo echarle toda la culpa a la prensa amarilla, pero no cuela: a medida que el asunto mutó en escándalo político incendiario, la prensa seria también quedó enfangada (recuerden: Murdoch no solo posee tabloides).

“La ocultación presentaba un estrato añadido, porque los grupos mediáticos que, en otro caso, habrían podido sacar a la luz la verdad participaban a su vez del abuso, así que guardaban silencio, entregándose a una parodia humorística de desinformación, ocultando a sus lectores el escándalo emergente como una niñera victoriana que apartara de la vista los niños un accidente en la calle: ‘Es mejor que no veáis esto’. Algunos lo hicieron porque estaban relacionados con el delito por tener propiedades compartidas o por esconder vergonzosos secretos sobre las infracciones llevadas a cabo en sus propias salas de redacción; algunos miraron para otro lado por miedo a ofender a sus aliados políticos. Fueron demasiados los periodistas que simplemente dejaron de actuar como heraldos independientes de la verdad”, zanja Davies

Foto portada: El propietario de 'News Corporation', Rupert Murdoch, mientras revisa una de las primeras copias del nuevo dominical "Sun on Sunday" en 2012. EFE



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