Una película de periodistas sin bobadas

Fecha: 21-10-2014 11:30 PM

En la muerte de Ben Bradlee

Tan seria era 'Todos los hombres del presidente' que hasta Ben Bradlee se quedó encantado con el filme de Pakula. Y eso que nadie se dio cuenta de que el héroe era él.

LUIS MARTÍNEZ / LUIS ALEMANY / El Mundo. Madrid

En la redacción de EL MUNDO tenemos unas serigrafías pegadas a los tabiques de cristal de los despachos con imágenes de películas clásicas de periodistas. Es una bobada, la ocurrencia de algún arquitecto que alguna vez pasó por aquí y que debía de tener una imagen un poco exaltada del oficio de periodista... Pero tiene su encanto: aparece Jack Lemmon en 'Primera plana', aparece Cary Grant en 'Luna nueva' y aparecen, cómo no, Dustin Hoffman y Robert Redford en 'Todos los hombres del presidente'. Y ahí, el arquitecto se equivocó un poco porque Hoffman y Redford sólo parecen los protagonistas de 'Todos los hombres...'. igual que Bernstein y Woodward sólo fueron los sujetos pasivos del 'Watergate'. Aquí, el héroe de verdad fue Ben Bradlee, el recién fallecido editor del 'Washington Post' cuando cayó Nixon.


¿Qué pensaríamos de 'Todos los hombres del presidente' si la viéramos esta noche? Nos podemos jugar lo que quieran a que la película volvería a gustarnos, porque las películas sin amaneramientos merecen esa presunción de buena vejez. De eso iba su director, Alan J. Pakula: de hacer un relato lo más limpio posible, sin un solo truco de cuenta-historias, sin un solo gesto enfático, sin una musiquita aquí ni una redactora de cultura muy mona en la mesa al lado de la de Woodward. Todo eso es lo que hubiera pegado a la historia del 'Post' cualquier otro cineasta antes de Pakula y lo que han hecho muchos, la mayoría de ellos después. Sólo 'Todos los hombres...', treinta y tantos años después, nos parece hoy una película importante, citada en los últimos tiempos, por Stephen Soderbergh y Pablo Malo, por poner dos ejemplos.
Cine procedimental, se decía entonces, igual que se acuñó un eslogan que hoy nos parece muy tonto, "una película envenenenada de realidad", que no hacía justicia a 'Todos los hombres del presidente'. Se puede formular de otra manera: Pakula fue seguramente el primer cineasta (o por lo menos, el que lo hizo con más audacia y relevancia) que aplicó técnicas del documental al cine de ficción.


Ahí están los personajes, Woodward y Bernstein, Hoffman y Redford. No cuentan nada de su vida: no se sabe si beben, si están aburridos de sus familias, si les gusta el baloncesto o el béisbol. Esa información habría molestado. De Bernstein sabemos, eso sí, que era un poco neurótico, que todo el asunto que le había caído en las manos le venía un poco grande, que a veces le costaba controlar sus emociones. Woodward, en cambio, era más frío y distante, sólo al final demostraba que se había ilusionado un poco con su pelea contra la Administración Nixon. Y por esa frialdad era por lo que el personaje se nos hacía muy atractivo, igual que la película emocionaba porque en ella los sentimientos iban por dentro.


¿Y Bradlee? Bradlee, el real, decía siempre que estaba encantado con el retrato que le hizo Jason Robards, que Robards era su otro yo. ¡Cualquiera se hubiera sentido muy halagado si Jason Robards se hubiera puesto en su piel! Su personaje es, de alguna manera, el gran hombre de esta historia, el que debería aparecer en las serigrafías, porque Woodward y Bernstein, en realidad, son los chicos a los que les toca el millón en la lotería y no comprenden muy bien lo que les está pasando: simplemente, se dejan llevar, como haríamos todos. Bradlee, en cambio, era el hombre consciente que rompe la primera crónica porque es débil, el que luego da da un paso adelante, recula, duda, toma las decisiones, se asusta y decide asumir su miedo, da la cara y se juega el puesto.


Hay quien dice que el auténtico protagonista del 'Watergate' no fue el editor ni los reporteros del 'Post', que el verdadero héroe fue el confidente, su 'Garganta profunda'. Puede ser, pero en la película de Pakula, el informador no interesa (Pakula no especula con quién filtraba la información) ni aparece casi. Puede, como mucho, que sea una sombra en alguna escena en un garaje. O puede que esa imagen la hayamos sacado de alguna otra película de periodistas y estemos mezclando recuerdos. A lo mejor es un buen plan para esta noche volver a ver 'Todos los hombres del presidente'.



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