Venezuela: Periodismo proscrito

Fecha: 23-08-2016 06:24 PM

Gregorio

Por Gregorio Salazar (*)

Miércoles 14 de agosto. Un grupo de sujetos armados secuestran a Gabriel Vegas y Oriana Ramírez, periodistas de la televisora Channel on Russia, y a Pablo Pimentel y Edwin Castillo, camarógrafos de Telecaribe y Notiminuto, quienes realizaban un reportaje sobre la crisis hospitalaria del país. Ese día cubrían una protesta que realizaban el personal médico y los pacientes del Hospital Periférico de Catia, que cerraron la autopista Caracas-La Guaira como medida de protesta para demandar insumos médicos.

Jueves 18 de agosto. Andreína Flores, corresponsal internacional de la cadena colombiana RCN y Radio Francia,  y Jorge Luis Pérez Valery, de la Red Más Noticias, fueron detenidos por efectivos de la GNB cuando hacían tomas de apoyo para un reportaje audiovisual en el centro de Caracas, bajo la supuesta infracción de estar realizando su trabajo en un “corredor presidencial”. Fueron trasladados a las sede del Ministerio de la Defensa, en el Fuerte Militar Tiuna al suroeste de Caracas, por la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), donde permanecieron detenidos cuatro horas.

Episodios como estos se han suscitado por centenares durante los 17 años de gobierno del Socialismo del Siglo XXI, revolución que se autoproclamaba pacífica, humanista y democrática, pero cuyo desempeño en el campo de los derechos humanos causa cada vez mayor preocupación entre las organizaciones de la comunidad internacional, como la ONU y la OEA, y desde hace mucho tiempo encendió las alarmas de organizaciones no gubernamentales de varios países.

En el primer caso de los señalados arriba, los equipos periodísticos no hacían otra cosa que registrar una de las tantas manifestaciones que cotidianamente se hacen en el país para exigir soluciones a la insoportable situación de los centros hospitalarios, donde ya no solamente escasean los equipos, los insumos médicos y los propios médicos, sino la elemental dotación para limpiar y desinfectar pisos y los sanitarios. Una de las más terribles facetas de la crisis humanitaria que vive Venezuela.

Ya los colectivos paramilitares no necesitan una orden específica para actuar contra los periodistas. Estos ya han sido marcados como blancos, estigmatizados como enemigos, señalados como instrumentos políticos de oscuras fuerzas del mal, nacionales o extranjeras, y por tanto merecedores de cualquier ataque o vejamen, de cualquiera agresión que en muchos casos ha llegado hasta la crueldad física.

En la segunda detención, la de Flores y Valery, el alegato de las fuerzas represivas no puede estar cargado de mayor cinismo. Se les acusó de esta haciendo gráficas en un “corredor presidencial”, cuando precisamente se encontraba haciendo tomas en pleno centro de Caracas, su casco histórico, el cual el Alcalde del Municipio Libertador, sumun de la ineptitud y el abandono, espera que sea un gran centro de atracción turística, pero ha sido incapaz de eliminar el rancio hedor de orines a la vera del Capitolio Nacional.

Secuestro y detención por estar cumpliendo las más elementales labores reporteriles pueden llevar a cualquiera a la conclusión de que en Venezuela el periodismo está proscrito y los periodistas son reos de incurrir en ese delito. De manera que a quienes todavía se les ve en la calle con cámaras o libretas andan en esos menesteres por una concesión graciosa del gobierno o porque por falta de esmero en la acción represiva “la ley no les ha puesto el guante”.

Súmele a estos dos capítulos el penoso espectáculo de levantar una valla alrededor de la morgue de Caracas, que recibe mensualmente unos 500 cadáveres producto del hampa desbocada, tan sólo por el objetivo de apartar a los reporteros del conocimientos de las noticias, y tendrá cabal comprensión de cuán desquiciada y autoritaria, es la deriva antidemocrática de este gobierno en estertores.

Un detalle más: estos atropellos en días consecutivos se han producido cuando la oposición anuncia una gran movilización nacional hacia Caracas para exigir un referéndum revocatorio. Casualmente, en otras ocasiones de gran tensión social y política, los periodistas han sido víctimas de atropellos semejantes con el fin de provocar a la sociedad democrática, de crispar a la ciudadanía, que se irrita ante los maltratos contra a esos profesionales.  Maniobras que buscan incitar hacia los caminos de la violencia que, ya se sabe, sólo beneficiaría  a la obtusa y militarizada cúpula gobernante.

 

(*) Miembro de la Directiva de Expresión LIbre



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