Adiós a la era de los periódicos (Bienvenida una nueva era de corrupción)

Fecha: 27-07-2009 11:30 PM


Paul Starr en Letras Libres

Un rumor recorre la discusión pública: los diarios impresos están en crisis y sólo unos pocos soportarán los desafíos que implica internet. Paul Starr se adentra en el declinante mundo de las redacciones y las prensas para ver qué hay de cierto en ello y cómo esto podría afectar a la vida democrática.

 

 1. Damos por hecho la existencia de los periódicos. Estos han formado parte tan integral de la vida diaria en Estados Unidos, han sido tan centrales en la política, la cultura y los negocios, y tan poderosos y lucrativos por sí mismos, que resulta fácil olvidar la notable invención que constituyen. Los bienes públicos son muy escasos en el mercado, y las noticias son un bien público; sin embargo, desde mediados del siglo XIX los periódicos han producido noticias en abundancia, a un precio accesible para los lectores y sin necesidad de subsidios directos. Más que ningún otro medio, los periódicos han sido nuestros ojos frente el Estado, nuestro control sobre los abusos públicos, nuestro sistema cívico de alarma. Es cierto que a menudo no lograron llevar a cabo estas funciones tan bien como debían. Pero ahora el hecho mismo de que puedan continuar llevándolas a cabo está en duda.

 
Incluso antes de que nos golpeara la recesión la industria periodística se enfrentaba ya a una amenaza mortal derivada del auge de internet, a la caída de la circulación y de los ingresos por publicidad y a una ya larga reducción del número de lectores, dado que el hábito de comprar un periódico a diario se debilitaba de una generación a la siguiente. La recesión ha intensificado estas dificultades, lanzando a los periódicos en una caída libre de la que algunos quizá no se recuperen y otros regresen sólo como la sombra de lo que fueron. Ahora mismo la devastación ya es sustancial. En Los Angeles Times el efecto acumulativo de los recortes ha reducido la sala de redacción a la mitad, y eso antes de que su compañía editora, Tribune, se declarara en bancarrota. Otra compañía agobiada por las deudas, la cadena McClatchy, que incluye The Sacramento Bee, The Miami Herald y otros veintiocho diarios, despidió a una cuarta parte de su fuerza de trabajo durante el año pasado. Las empresas mediáticas con grandes deudas no son las únicas que están haciendo recortes. En el periódico más grande de Nueva Jersey, The Star-Ledger, el 45 por ciento del personal editorial aceptó una rescisión cuando, en octubre, el dueño, Advance Publications, amenazó con vender el periódico si no se cumplían sus metas de recortes.
 
Los periódicos también están perdiendo páginas, espectro de cobertura, diversas secciones y entrega a domicilio de ediciones impresas. En todo Estados Unidos, conforme se desploman las ganancias de los periódicos –para finales de 2008 las ventas por publicidad estaban 25 por ciento por debajo del promedio de hacía tres años–, las gerencias editoriales parecen no poder deshacerse de editores, reporteros y secciones de sus periódicos lo suficientemente rápido. Y aún quedan episodios dolorosos por venir. Según una proyección que Barclays Capital hizo en diciembre, las ganancias caerían otro 17 por ciento en 2009 y 7.5 por ciento al año siguiente. Incluso The New York Times, que ha visto sus reservas metálicas desplomarse y sus acciones caer, no parece escapar a la contracción masiva que se acelera en toda la industria.
 
¿Nos debería importar? Algunos observadores, confiados en las bendiciones de la tecnología, se rehúsan a verter lágrimas por los gigantes tradicionales del periodismo, sosteniendo que han creado sus problemas por sí mismos y que estos tienen pocas consecuencias para el bienestar general. Desde esta perspectiva, sin importar si los diarios se adaptan exitosamente a internet, fuentes nuevas y mejores de noticias continuarán desarrollándose en línea y llenarán cualquier vacío que dejen los periódicos. Otros están tan enojados con los medios de comunicación ya establecidos –los vilipendiados “MSM” o mainstream media– que ven la miseria económica de la prensa como un buen merecido: dejemos que esos malditos sufran.
 
Estas reacciones no toman en cuenta las realidades inmediatas y todas las ramificaciones de la crisis que amenaza a la labor informativa de los periódicos. No es momento para el triunfalismo de internet: hay demasiado en juego. Casi todos los demás medios de información, excepto las noticias en línea, también están haciendo recortes, y el crecimiento en internet –particularmente en el nivel metropolitano, regional y estatal– no está siquiera cerca de compensar el declive en otras áreas. Pese al desarrollo de otros medios, el hecho es que en los últimos años los periódicos han seguido empleando a la mayor parte de los reporteros y han producido los recuentos de noticias más originales. Con base en estudios realizados por el Project for Excellence in Journalism del Pew Research Center, Tom Rosenstiel –director del proyecto– afirma que hasta 2006 un periódico metropolitano promedio trabajaba en setenta historias al día, incluidas las secciones nacional, local y de negocios (al sumar las secciones de deportes y estilo el total se acercaría a unas cien historias), mientras que media hora de noticias en televisión incluía sólo de diez a doce historias. Mientras que las noticias de televisión locales generalmente enfatizan el crimen, los incendios y los atascos de tráfico, los periódicos proporcionan la cobertura más original de los asuntos públicos. Los estudios sobre los diarios y la emisión de noticias han mostrado una y otra vez que las transmitidas por medios electrónicos siguen la agenda establecida por los periódicos, repitiendo a menudo los mismos elementos, aunque con menor profundidad.
 
Texto completo: http://letraslibres.com/

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