Adiós Maruja, el gremio siempre te dará las gracias

Fecha: 26-11-2010 11:30 PM


Marta Aguirre

Ahora que se ha ido, Maruja Yamawaki es la única persona que puede unir al gremio periodístico. Unirlo para lamentar su partida, para acompañarla en su último adiós, y para recordar que con ella se va gran parte de la historia de todos los afiliados al CNP.

Y es que a María del Rosario Munive de Yamawaki, simplemente nuestra Maruja, todos la queríamos, sin importar la tolda o tendencia política de cada uno. Los dirigentes del Colegio Nacional de Periodistas se sucedían, se renovaban a lo largo de los años; unos se iban molestos, otros satisfechos, y solamente ella permanecía, siempre serena, firme en su puesto. La eterna secretaria de la directiva nacional del CNP orientaba a cada equipo electo cada dos años, y luego les servía con absoluta fidelidad, discreción y consecuencia.



Ella trataba a todos por igual; eso sí, sin prodigarse demasiado, ya que eso de hacerse notar no iba con su personalidad. Pero quien se acercaba a su escritorio recibía su afecto, sin olvidar nunca sus deberes: “¡Dichosos los ojos! ¿Cuánto hace que no venias por acá? ¿Ya te sacaste el nuevo carnet? Primero tienes que ponerte al día… ¿Y cómo están tus hijos?....”



Maruja sabía y resolvía todo, pero de lo único que se vanagloriaba era de sus 50 años trabajando en el CNP. “Yo les he conocido a toditos”, decía, pero luego no quería entrar en detalles de nadie. En su escritorio, escondidito tenía un recorte de un reportaje que le hizo la colega Nora Uribe en la revista Elite, del año 1996. ¡Allí, qué joven se ve manifestando, codo a codo con los periodistas, reclamando en las puertas del Congreso la aprobación de la Ley de Colegiación!.



Nació en Santa Marta, Colombia, pero desde 1958 -tenía apenas tenía 24 años- estuvo con nosotros como una venezolana más. Su apellido japonés lo heredó de su esposo, colombiano de origen oriental, con quien tuvo en Venezuela dos hijos, Nasaki y Mónica. Desde su llegada al país, a los pocos días de las elecciones que dieron el triunfo a Rómulo Betancourt, Maruja estuvo ligada al gremio como su Secretaria. Eran los tiempos de la Asociación Venezolana de Periodistas, época dura de lucha y de atentados que sufrió en carne propia junto a su esposo e hijos, pues vivían en el primer piso de la sede gremial, cuando hasta había cafetín y piscina.



Luego le tocó ser testigo directo de la transición al Colegio Nacional de Periodistas, fundado en 1976. Acompañó a todos los presidentes que ha tenido el CNP, Héctor Mujica, Pedro Francisco Lizardo, Gilberto Alcalá, Carlos Jaén , Domingo Eduardo Viña, Luis Vezga Godoy, Santiago Betancourt Infante, Eduardo Orozco, Manuel Isidro Molina, Levy Benshimol Rodríguez, William Echeverría, hasta Silvia Alegrett, que le dio la satisfacción de ver a una mujer frente a la conducción del gremio. Era una de sus aspiraciones, más o menos secreta.



El pasado mes de agosto recibió un homenaje, tan retrasado como merecido, durante la realización de la XIV Convención del CNP. Cincuenta años de fidelidad que se vieron coronados por su designación como Miembro de Honor del Colegio Nacional de Periodistas.



La última vez que la vi, hace menos de un mes, la encontré jadeante, luchando por subir las escaleras hasta el tercer piso. “El día que deje de venir me moriré” era su alegato perenne. Y murió, pero, testaruda, lo hizo sin abandonar su puesto de trabajo.

 


Mi sencillo homenaje a Maruja
Un abrazo
Marta Aguirre


 

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