Cabalgando sobre muertos…

Fecha: 07-09-2020 09:49 PM


 

Por Luis Zambrano (*)

No vemos los muertos, pero los sentimos por el llanto de sus familiares. Pensábamos que para esta fecha de septiembre la gente comenzaría a desplomarse sin aliento en la calle y la fuerza pública los recogería y los volverían cenizas. La dictadura se las ingenió para que no ocurriera ese espectáculo en público, pero si ocurre en privado.

No hay una información creíble sobre los efectos de la pandemia. El gobierno le da a la muerte la misma dinámica del dólar y de la política para mantenerse en el poder.  Hasta mediados de semana nos hablaban y repetían la cifra de 700 contagiados 6 seis muertos. El dólar estaba a 340 mil y se disparó a 363 mil. Los contagiados de Covid 19 esta semana saltó a 1028 y los muertos a 10. En política nos marcaron elecciones para diciembre.

Cada acción en un barrio sega 6 o 7 vidas, culpables o inocentes. Igual las enfermedades tropicales y las dolencias preexistentes que te sentencian a muerte.

Los decesos naturales llevan ese ritmo, pero el FAES también registra sus estadísticas en aumento. Cada acción en un barrio sega 6 o 7 vidas, culpables o inocentes. Igual las enfermedades tropicales y las dolencias preexistentes que te sentencian a muerte. No los vemos caer sobre las aceras o los parques, pero de que sucumben no hay duda.

La mayoría entrega su último aliento en sus casas, aislados en cuartos. Los mata la asfixia que provoca los pulmones saturados de flema, la soledad, la mirada impotente de algún familiar. Posiblemente muchos pudieron torear la guadaña, pero no tuvieron un medicamento a la mano por el alto costo que significa.

Pese a esta tragedia, más cruda que la Divina Comedia del Dante, cabalgan las ideologías. Cabalgan los caprichos. Cabalga la zancadilla y cabalga la inmoralidad. La política igual que el Covid 19, aparta con los pies la ruma de muertos y avanza a “paso de vencedores”. Los armadores de la estrategia electoral esgrimen los mismos conceptos de la guerra. Matémonos, pero que se abracen quienes quedaren vivos, para ver al final quien gana.

No vemos los muertos, pero los sentimos en los tuits, en el Facebook en WhatsApp cuando los familiares suplican por hallar un medicamento. El apoyo económico para pagar la clínica. La ayuda para enterrarlo o para cancelar la cremación. Morimos en silencio, nadie ve pasar el cortejo fúnebre. Nadie va detrás de cada montón de huesos.

 No vemos viudas con largos vestidos y guantes negros, pero cada día desaparecen seres humanos como por arte de magia. Los sollozos no son en público sino entre cuatro paredes. En soledad los dolientes pasan la amargura de una nueva víctima por cualquier causa. Nadie te abraza para evitar el contagio y tampoco te abrazan para no despertar sospechas que tenías un amigo choro y murió en “enfrentamiento”.Tampoco corres a abrazar un alacrán. Las viudas en política también pasan horas difíciles.

No hay tiempo para llorar, pero si hay tiempo para pensar sobre cual destino tomar, tanto en política como en Covid, aun cuando ambas tragedias nos parezcan imposibles de sortear. Allí caemos en las palabras de Fernando Mires; “La política no se basa ni en la unidad, ni en la armonía, tampoco en la hermandad y en el consenso…tener miedo a las divisiones en política es tener miedo a la política”. Podría considerarse válido dentro de una democracia, más no se acepta como medida de valores frente a una dictadura sin escrúpulos. Esa medida de Fernando Mires, cabe para las elecciones norteamericanas, donde hay suficiente margen de maniobra. No cabe en Venezuela donde se aplica la política del salchichón. Te lo regalan, pero te lo van rebanando minuto a minuto.

En ambas se muere, en ambas se deja la vida. Ambas significan prisión, ambas generan asco, provocan caos en la economía de un país o en la economía doméstica. Esa es la realidad. Las dos provocan miedo que nos desarma los instintos y el espíritu. Cabalgamos sobre muertos.

*Miembro de Expresión Libre.

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