Cadenas que degradan la democracia

Fecha: 14-08-2020 06:26 PM


Por Gregorio Salazar*

 

Con la cercanía de las elecciones legislativas que el régimen se propone celebrar a despecho de la pandemia y violando seis normas constitucionales, se han vuelto a intensificar los abusos mediáticos, comenzando por la frecuencia y alargamiento de las cadenas de radio y televisión de Nicolás Maduro.

Todos los días en horas de la tarde, Maduro se apodera del espectro mediático nacional para darle visibilidad a supuestos logros de gobierno en cualquier campo, pero ahora específicamente en el de la actividad agropecuaria, bajo el nombre de la gran misión agro Venezuela, que estaría siendo “relanzada”.

Se trata de peroratas cotidianas, maratónicas y fantasiosas, en las cuales Maduro hace pases en vivo a voceros oficialistas, ministros, gobernadores, alcaldes del interior del país que, en tono exultante, triunfalista, proclaman los supuestas grandes logros de la revolución Chavista.

A la hora de sacar ventajas electorales la revolución no tiene miramientos. Todo va a contrapelo de la realidad, pues el pueblo sigue padeciendo desabastecimiento y carestía de los productos alimenticios

En un país donde la producción agrícola se vino al suelo y los empresarios del campo se han quedado sin financiamiento, fertilizantes, semillas, maquinaria y plaguicidas y hasta sin agua y combustible, los voceros del chavismo se hacen lenguas de fantásticas cosechas de arroz o de maíz, cría de ganado bovino o de otro tipo, hecho todo, por supuesto, “en socialismo”.

A la hora de sacar ventajas electorales la revolución no tiene miramientos. Todo va a contrapelo de la realidad, pues el pueblo sigue padeciendo desabastecimiento y carestía de los productos alimenticios, amén de la consabida falta de agua, electricidad, gas y gasolina, lo que está terminado de hundir las condiciones de vida de los venezolanos a niveles infrahumanos. La “soberanía alimentaria” no pasó de consigna cínica y estéril.

Pero eso no son temas que se traten en las cadenas de Maduro. En otras oportunidades son reuniones de la dirigencia del PSUV planificando estrategias de campaña electoral. Lo hace utilizando canales del Estado venezolano y pagados por los contribuyentes y a los que Maduro le da uso y disfrute como si fueran propiedad exclusiva del partido de gobierno.

Las cadenas las impuso Chávez, a rompe y raja, desde el inicio de su primer mandato. Todavía no se había revelado la intención de consolidar una hegemonía mediática cuando ya el fallecido dictador utilizaba las cadenas de radio y televisión para ideologizar, atacar al empresariado, la iglesia, medios de comunicación, periodistas o cualquier otro sector que “atentara” contra los derechos del pueblo. Está práctica que los domingos tomaba el formato de “Aló, Presidente”, alocución que podía durar 4 o más horas, encontró réplicas en voceros de otras instancias de gobierno en el interior del país.

 

Chávez acumuló miles de horas de transmisión en cadena y lo mismo ha hecho Maduro. Un proyecto elaborado por la ONG Monitoreo Ciudadano y denominado El Cadenómetro se dedicó a contabilizar las horas de transmisión cadena que, en el caso de Maduro, en el período 2013-2020, acumula 1.161 horas con 40 minutos., con un promedio diario de transmisión de casi media hora. Algo así como hablar casi 50 días con sus noches.

Con cada cadena Maduro enmudece a todos los prestadores de servicios radiales y televisivos, y las hace una de las cabales expresiones de la hegemonía comunicacional, aquella según la cual en socialismo “todas las comunicaciones tienen que depender del Estado como bien público”, según anunció Andrés Izarra, Ministro de Información, en 2008.

En vez del “bien público”, lo que se favorece es el interés perpetuador de la cúpula en el poder. Lo grave es que la sociedad actúa como si hubiera que resignarse a que el gobernante tenga derecho a semejante exabrupto, a acallar todas las demás voces en el momento en que se le ocurra y, más allá de eso, apabullar de manera ventajista a cualquier oponente político en tiempos de elecciones, como el actual.

En tiempos de Chávez, más si había unas elecciones de por medio, las cadenas se caracterizaron por un lenguaje procaz, violento, escatológico, polarizador de la sociedad venezolana y cualquiera candidato opositor o gobernante extranjero podía ser calificado de “burro”, “borracho”, “animal”, “asesino”, “terrorista”, “traidor a la patria”, etc. Nunca el postrado CNE presidido por Francisco Carrasquero, Jorge Rodríguez o Tibisay Lucena pusieron coto a esos excesos.

Tampoco lo hará el CNE presidido por la “camarada” Indira Alfonso, quien tan buenos servicios presto al “proceso” desde el TSJ, y cuya indiferencia encuentra el terreno abonado por la falta de reclamo de los partidos que se disponen a participar en las legislativas del 6 de diciembre próximo, a pesar de que son los principales afectados en este momento. 

Ese tipo de cadenas, tal como han sido concebidas y llevadas a la práctica, tendrán que ser eliminadas al momento en que en Venezuela se quiera realizar unas elecciones libres, justas, con equilibrio institucional. Por lo pronto siguen siendo una de las peores muestras de cómo el chavismo ha ido envileciendo y degradando a la democracia venezolana.  

 

(*) Directivo de Expresión Libre

Caracas, 10 de agosto de 2020.

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