Cuando la ignorancia y la soberbia hacen gala del poder

Fecha: 19-04-2021 09:03 PM


Por Mayte Navarro (*)

Hay una frase que se le atribuye a Aristóteles que dice: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.  Nuestro país es un ejemplo de ello. Estamos sufriendo una crisis sanitaria junto a otra donde las libertades están quedando totalmente secuestradas y quienes podrían presentar soluciones cierran las puertas a cualquier colaboración. Simplemente se enfrascan en una actitud maniquea.

La incompetencia y la soberbia obtusa llevan a toda una población al caos. Así tenemos actitudes cercanas, como en Brasil, donde el Presidente de la República, en un arranque de arrogancia inexplicable, ha dejado de lado a los especialistas y la pandemia se ha constituido en un verdadero verdugo, que castiga a todos los sectores, pero se ha ensañado en los más pobres, en aquellos que no pueden aislarse ni pueden realizar sus trabajos desde casa. El resultado, uno de los países que encabeza la lista de mayores infectados y con mayores decesos.

Mientras los casos aumentan, a través de las cadenas gubernamentales se recomiendan “gotas milagrosas”, información que no suministra ningún cuerpo médico colegiado o academia científica. Se hace caso omiso a la gente que clama por la inmunización.

La crisis sanitaria en Venezuela, que ya existía antes de la pandemia, ha abierto más la grieta que separa las clases sociales. Lo vemos en las redes, donde los GoFundMe se han multiplicado. Esto se traduce en la incapacidad del sistema de salud para atender a los enfermos, la desconfianza en la sanidad pública y el terror de tener que acudir a algunos de estos centros porque ya se conocen sus carencias. A todo esto se une la opacidad con la que se informa al público. Tenemos autoridades ignorantes que actúan con soberbia y marginan a aquellas instituciones que pueden presentar una orientación basada en principios científicos y no en actitudes populistas que no dan resultados.

La vacunación masiva es una necesidad urgente. En Venezuela no se sabe realmente cuantas dosis de vacunas han llegado, ni quiénes son los grupos vacunados, ni los próximos en beneficiarse. Hasta la fecha, de acuerdo a la poca información que se maneja, se desconoce si todo el personal médico del país ha recibido su dosis. No se habla de posibles lugares donde se colocará la vacuna, si ésta llega algún día, ni los grupos prioritarios que recibirán su inmunización. Sin embargo, en las redes crecen los rumores de la venta ilegal de estos medicamentos y hasta se habla de un mercado negro. Quienes cuentan con los recursos suficientes ya han viajado para aplicarse la vacuna en el exterior.

En países como Argentina, se informó que el 18 de abril recibió el segundo cargamento de vacunas contra COVID-19 del laboratorio Astra Zéneca/Oxford, adquiridas a través del Mecanismo COVAX, que suman unas 218.000 dosis, en Venezuela, no se tienen noticias ciertas, aunque esta solicitud llevó a un grupo de la nueva Asamblea parlamentaria a un viaje a Ginebra para realizar los trámites. La soberbia sólo ha servido para colocar un velo a la verdadera información.

Mientras los casos aumentan, a través de las cadenas gubernamentales se recomiendan “gotas milagrosas”, información que no suministra ningún cuerpo médico colegiado o academia científica. Se hace caso omiso a la gente que clama por la inmunización.

La inseguridad para la salud del ciudadano va en ascenso y se dan menos pasos positivos para estimular la economía. Los colegios continúan cerrados con las consecuencias negativas para la población estudiantil. En una información emanada de la BBC los niños en América Latina y el Caribe han estado fuera del aula más tiempo que cualquier otro niño en el mundo. La afirmación la hizo Jean Gough, directora regional de Unicef.

El informe destaca que las escuelas solo estuvieron abiertas durante seis días en promedio entre marzo de 2020 y febrero de 2021. A nivel mundial esa cifra es de 37 días. Mientras en otras regiones del mundo los colegios fueron los últimos en cerrar y los primeros en abrir, en América Latina ha sido al contrario. Esa realidad la vive Venezuela, donde todo se complica porque la digitalización de la educación no puede ser exitosa porque la calidad de Internet deja mucho que desear y un gran segmento de la población no tiene la capacidad económica para que en un hogar pueda haber varios equipos para que los niños disfruten de sus clases de manera individual.

Por otra parte, los medios de comunicación se han tenido que enfrentar a una verdadera red de desinformación, lo que se agrava en países donde la democracia es tan débil, como en Venezuela, pues además de hacer frente a la avalancha de las informaciones falsas, los pocos medios independientes resultan inoperantes ante la presencia en las redes de comunidades que emiten datos inciertos.

Así encontramos colectivos que hablan de poderes económicos y políticos que usarán la pandemia para restringir libertades, pero también están los gobiernos de carácter totalitario que aprovechan estos momentos para limitar la libertad de expresión y para ello se valen de un poder judicial que ha sido infiltrado con jueces parcializados que van más allá de la amenaza.

Por otra parte, se maneja información promoviendo o desacreditando una determinada vacuna, exagerando el porcentaje de su efectividad o advirtiendo de supuestos peligros que puede representar, manipulando información que también hace referencia a supuestos éxitos de campañas de vacunación en determinados países cuando es totalmente falso.

Podríamos decir, que nos encontramos ante verdaderas alianzas políticas cuyo único interés es manipular la información para su propio beneficio, lo que termina erosionando la credibilidad de los ciudadanos, que cada vez estarán más indefensos ante estos grupos que solo aspiran dilatar su permanencia en el poder y hacen uso de su ignorancia y soberbia, no para salvar, sino para aplastar.

(*) Miembro de Expresión Libre

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