De La Rotunda a La Tumba

Fecha: 08-02-2015 11:50 AM


 

Por Luis Zambrano.

La mente criminal, vengativa y sádica de los carceleros o de quienes ostentan el poder no ha cambiado nada de Juan Vicente Gómez a la fecha.  Leer “Puros Hombres” de Antonio Arraiz,  es muy similar a “Retén de Catia” o las reseñas de Leonardo Padrón (El Nacional) o Tamara Suju Roa, respecto a la saña que se aplica en “La Tumba” a los presos por pensar distinto a la Revolución Bolivariana.

 Gómez creo La Rotunda  en lo que es hoy la Plaza de la Concordia, era el ícono de la degradación humana, la dominación del hombre contestatario e inconforme, aplastar al enemigo por sus ideas. Cuando Pérez Jiménez, se le tenía horror a la Cárcel de El Obispo en El Guarataro, La Modelo en Catia o la sede de La Seguridad Nacional. Las torturas iban en ascenso y cada día más sofisticadas.  

En la época democrática se hablaba La Isla del Burro o de El Cuartel San Carlos, pero  con sobrados privilegios y escasas requisas y  lo confirmó Diosdado Cabello recientemente cuando dijo. “Mi esposa en un piñata introdujo a la prisión granadas y armas cortas”. Y no les hizo falta una acción violenta para escapar porque el benévolo de Caldera los perdonó y luego les asigno cargos públicos. Desde hace unos cinco años para acá La Cárcel de La Tumba al lado de la Estación del Metro de la Plaza Venezuela, un edificio negro, levantado en terrenos  en lo que antes fue el palacio de las Industrias es el orgullo de la Revolución Bolivariana para meter cinco pisos bajo tierra a quien proteste o piense distinto.

En las cárceles de Gómez hasta que apareció la Tumba de Chávez y ahora Maduro, los presos se asoleaban. Veían pasar los zamuros. Los Pájaros hacían sus nidos en los agujeros de las paredes, se  oían los repiques de campanas. Desde afuera los amigos lanzaban piedras con mensajes, pastillas de jabón, latas con  sardinas, bolsas con pan. Esos reclusorios no eran mansiones porque la tortura campeaba y se salía muerto o después de 15 o 20 años, como le gusta a los dictadores castigar al enemigo.

Pero quizás no se pueden comparar con la hoy llamada “La Tumba”  a cinco pisos bajo tierra a donde no llega el sol, impera la humedad, los hongos que invaden los pulmones y los ojos, solo una luz blanca, día y noche, donde los estudiantes presos políticos pierden la noción del tiempo. No llega la señal de radio ni de televisión, y tras cada golpecito sin querer queriendo  viene el insulto y la agresión psicológica. Se asoma entonces  la doble moral  o el cinismo frente a organismos internacionales con declaraciones tajantes “aquí en Venezuela no hay presos políticos y respetamos los derechos humanos”.

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