El desabastecimiento es parte del plan socialista

Fecha: 25-08-2020 10:06 AM


"El mercado no es un invento del capitalismo. Siempre ha existido. Es un invento de la civilización". Mihail Gorbachov


 

Carmelo Casale C. 

 

Escasez o desabastecimiento. En principio, ambas palabras ni son iguales ni significan lo mismo, pero son utilizadas para indicar la profunda carestía existente. Unos dicen que es por fallas en la producción; otros, por el acceso de nuevos consumidores. Pero la realidad cruda es que tal desabastecimiento se debe a una necesidad ideológica del socialismo, especialmente en su variante más radical, la comunista “del siglo 21”, ¡La peor de todas!

El socialismo comunista, como ideología colectivista, mesiánica y dirigista desea imponerse a su contraparte: la libertad y el libre albedrío individual.
No dije “a su contraparte, el capitalismo”, ya que el socialismo -según han demostrado hasta la saciedad diversos autores y teóricos socialistas (Xi Jinping y Gorbachev incluidos)- no propone una forma distinta de creación de riqueza, sino una utilización diferente del producto final de aquella.

Así, en el primer caso, la utilidad (o plusvalía, como gustan llamarla) va a la reinversión, búsqueda de mercados, inversión comunitaria o ganancia personal. En el segundo -socialista clásica- tal utilidad iría a servir los "máximos intereses del pueblo y la nación, por medio de la justicia social"... Y por esa cañería, por supuesto, comienza a desaguarse la buena voluntad inicial porque es de todo, menos clara y transparente.

Es por tan sutil diferencia que el socialismo fracasa siempre y en todos los lugares donde se trata de implementar. La consecuencia final -inevitable- es la escasez y el desabastecimiento.

El capitalismo busca satisfacer las necesidades de todos los potenciales consumidores. Simplificando, diremos que para lograr tal cometido el capitalismo debe estudiar y analizar productos y servicios, invertir recursos y desarrollar tanto productos y tecnologías como fórmulas de empaque, almacenamiento, publicidad y precios, así como la distribución en la red de comercialización, para lograr el éxito. El verdadero "negocio" capitalista.

Dicho de otra forma, el capitalismo abastece permanentemente al mercado (los consumidores) porque en ello está su ventaja y su “negocio” .

Todo ello –además- bajo un clima de libertades públicas, seguridad, permanente crecimiento tecnológico y en sintonía con las necesidades de la población según su necesidad, precio, calidad y conveniencia.
Por eso en los países capitalistas modernos son poco probables –o imposibles- las hambrunas, falta de productos (especialmente alimenticios) y desabastecimiento. Eso iría contra "el negocio".
Gracias a eso (y que lo digan China, Corea, Vietnam y muchos otros) la pobreza ha remitido en serio en los últimos 50 años.

Pero el socialismo (y peor su variante comunista) no funciona de tal manera simplemente porque no le interesa. No quiere. Por el contrario, propugna la escasez general. Veamos:
La alimentación es una necesidad básica. Los gobiernos socialistas, todos, de inmediato entran en conflicto con los "terratenientes" porque son "oligarcas" que obtienen beneficios. Así, les confiscan sus tierras y medios de producción agro alimentarios para darlas "al pueblo, que sí las trabajará".

Neutralizado el productor primario, controlan luego las cadenas de distribución (sustituyéndolas por “redes oficiales” con excusas como “defender al pueblo y alimentarlo mejor y evitar la especulación”); así pueden jugar a su antojo con necesidades primarias de la gente, estableciendo un perverso “método de Pavlov(1)” para lograr la sumisión general de la población que estará pendiente de cuando haya o no tal producto en los anaqueles de las “redes” de distribución, para ir y hacer larguísimas colas (típicas en todos los países de corte socialista radical) o filas de compra. De allí en adelante, controlar a la población por cualquier cosa es mucho más fácil.

Al eliminar –con escasez planificada- a productores y productos, se asesta un doble golpe a la economía "de mercado": por un lado, no dependen de la producción privada (para impedir que abastezca a los mercados que ellos, los socialistas, prefieren desabastecer) y no es necesaria la publicidad (porque, gracias a la escasez, cualquier producto (bueno o malo) tiene rápida salida. Sin publicidad (que solo existe cuando hay abundancia y competencia) los medios privados no pueden sobrevivir y quiebran o dependen de la propaganda oficial (y eliminan dos pájaros de un tiro; la crítica y la disidencia).

Luego viene el esquema corruptivo y clientelar, se establecen procesos de premio y castigo según acciones individuales o colectivas: si haces lo que el gobierno socialista quiere te premian con "privilegios". Si no, sufres ostracismos y castigo directo, junto a familiares y amigos.

Para colmo de males, al privilegiar el colectivismo se “empuja” a las pocas riquezas disponibles hacia arriba (hacia los pocos jefes) aplicando una especie de fórmula piramidal para beneficio de unos muy pocos privilegiados del sistema.

En suma, el socialismo (y peor en su versión comunista) lo único que busca, siempre, es permanecer en el poder para expoliar a las clases pobres, trabajadoras y medias, que no logran nunca salir de su pobreza, porque con tal sistema no hay adonde salir ni porqué hacerlo, como se ha demostrado suficientemente con el ejemplo cubano. Lo único que queda de tales sistemas, como ha ocurrido siempre en todos ellos, es miseria, corrupción y desastre económico y social.

Hacia allí querían llevar a Venezuela el pasado 2 de diciembre de 2007. ¿Lo lograrán ahora?

 

NOTA: Este artículo lo escribí originalmente en septiembre 2008, bajo el segundo mandato de Hugo Chávez, en ésta misma página. Puede buscarlo. Lo repongo para demostrar -de nuevo- varias cosas: a) Todo lo que ocurre hoy (Agosto 2020, 12 años más tarde) ha sido dicho; b) Nadie hace el mayor caso y c) las nuevas generaciones tampoco aprenden demasiado de las anteriores. Lo editaré para quitar algunos escombros de aquellos tiempos. pero, en esencia, es el mismo.

 

 

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