El fantasma del Estado

Fecha: 13-05-2009 11:30 PM


Eduardo Orozco

De nuevo, el fantasma del cierre de un medio de comunicación sube el volumen al debate sobre la naturaleza intolerante y represiva del Gobierno y parece reeditar todo el proceso seguido para silenciar a Radio Caracas TV como señal abierta, aquella medianoche del 27 de mayo de 2007, cuando no se le renovó la concesión que le permitió funcionar durante 53 años.

Las amenazas de sacar del aire al canal independiente Globovisión están precedidas de innumerables procedimientos administrativos ordenadas por el ejecutivo para doblegar la línea informativa del canal televisivo. Asimismo, grupos enardecidos han manifestado frente a las instalaciones de la planta, han lanzado bombas lacrimógenas, han pintado su fachada, sus periodistas han sido agredidos y sus equipos han sido violentados.

   Pero no es sólo la reacción de un gobierno ante las críticas a sus errores, parece una acción necesaria dentro del proyecto socialista clásico que impone el presidente Chávez a la sociedad venezolana.

   “Un fantasma recorre el mundo, es el fantasma del comunismo” fue la frase que sirvió de preámbulo al Manifiesto Comunista redactado por Karl Marx y Friedrich Engels, publicado el 21 de febrero de 1848, en el que exponían, entre otros objetivos, la llamada “dictadura del proletariado” y el control total de los medios de producción por parte del Estado, en representación del pueblo.

  Se trata en realidad, en vista de la propia confesión de los voceros del régimen, de una ofensiva ideológica, con todos los recursos institucionales y administrativos del Estado, para imponer a los venezolanos el sistema socialista como modelo económico, político, cultural y social. Para aplicar este proyecto se recurre a mecanismos legales violatorios de la Constitución y a medidas administrativas completamente ilegales impuestos por la fuerza en todos los ámbitos de la vida del país.

   Junto a las amenazas de cierre de Globovisión y otros medios de comunicación se avanza en un plan acelerado de expropiaciones, invasiones, juicios a periodistas y políticos, el desconocimiento de la voluntad popular en alcaldías y gobernaciones, desalojo de instituciones culturales, etc.

   En definitiva, el Gobierno ha soltado el fantasma de la revolución sobre la sociedad venezolana conformado una nueva categoría política: el estatismo salvaje contra los ciudadanos, el pueblo y las instituciones democráticas.

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