El insólito carpetazo del ministro

Fecha: 08-06-2017 05:44 PM


Por Gregorio Salazar

He oído decir que en el campo de la medicina no se considera ético, o en todo caso conveniente, que un galeno participe en intervenciones delicadas que involucren la salud de sus familiares. El supuesto sería que elementos emocionales pueden entorpecer la buena praxis de quien ve puestas en sus manos la salud de un ser querido. Salvando las distancias, ese aserto me vino a la memoria viendo la entrevista que Vladimir Villegas le hizo el pasado lunes 5 de junio en Globovisión a su hermano Ernesto, ministro de Comunicación e Información.

Creo que ciertamente Vladimir, como entrevistador, se consideraba capaz y además estaba dispuesto a mantenerse en un plano objetivo frente a la representación institucional de su hermano y en general lo logró, pero ninguno de los dos estaban conscientes del riesgo que corrían al debatir temas de la realidad nacional tan altamente sensibles y polémicos y sobre los que los dos colegas mantienen hoy visiones diametralmente opuestas.

Ya hay quien ha señalado que en una entrevista como esa existe un conflicto de intereses. A la luz de los resultados, diría más bien que la falta de la distancia natural que hace que entrevistado y entrevistador mantengan mutuo respeto y se preserve la conversación en un plano profesional, el elemento familiar resultó el desencadenante de varios momentos muy impropios de aspereza y hasta de abierta rudeza a lo largo de la entrevista. No en balde ambos hermanos concluyeron el espacio, de indiscutible alta audiencia, lamentando los resultados.

... dejó muy claro el estado emocional y la impaciencia que cunde tras los bastidores de la dictadura.

El ministro Villegas fue con el cometido de presentar un voluminoso informe con el cual trató de demostrar que la mayoría de las víctimas de la violencia durante los dos últimos meses no son achacables a la represión del régimen de Maduro. Y no podrá negar que se le dio tiempo amplio y suficiente para exponer sus argumentos y su tesis de que todo obedece al guión de Almagro, Capriles “ o el dueño de este canal”. Sin embargo, en un lapso de desborde emocional sorpresivamente batió la carpeta con su informe sobre la mesa del estudio de televisión, insólito gesto que debe haber generado perplejidad en la teleaudiencia.

A pesar que Villegas pudo citar casos, referir anécdotas, describir prolijamente detalles de varios sucesos, no pudo soportar con ánimo tolerante las críticas o las preguntas un tanto más cuestionadoras de Vladimir, referidas, por ejemplo, a excesos policiales o a la negativa de la GNB de entregar a la Fiscalía a indiciados en hechos de sangre y la impunidad en varios casos: “Me estás jugando camunina”. “Esa pregunta es malintencionada”.  “Aquí hay una cuerda de irresponsables que militan contigo en la oposición”, se le oyó decir.

La cosa empeoró cuando el ministro acusó a su hermano de pertenecer a un partido político, que no era otro que el canal de tv para el cual trabaja. La respuesta de Vladimir no se hizo esperar: “Si este canal es un partido político, tienen cabida todas las voces. En el partido político Venezolana de Televisión sólo tienen cabida las voces del PSUV, ni siquiera del Gran Polo Patriótico. Si este canal es un partido político es un partido democrático, si ese fuera el caso, aquello es el pensamiento único”.

Tampoco soportó el ministro la afirmación del entrevistador sobre la constituyente: “Si el gobierno convoca a una constituyente sobre la base de un diálogo nacional previo y se consulta al pueblo, es una constituyente para la paz. Si se hace con reglas de juego que puede excluir a buena parte de la población, no va a contribuir a la paz”, dijo Vladimir.

 “Yo propongo un espacio de entendimiento”, respondió el ministro. “Para mí el espacio de entendimiento es la Constitución”, ripostó su interlocutor. “Bueno, está bien, Vladimir, no se pudo. Lamento que no se pudo, porque la tónica que yo traje para este espacio era otra”.

Habiendo derivado ya al plano personal, la entrevista concluyó entre lamentaciones de ambas partes. Fue un encuentro que por encima del intento exculpador del ministro sobre la responsabilidad de Maduro en el actual clima de violencia, dejó muy claro el estado emocional y la impaciencia que cunde tras los bastidores de la dictadura. 

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