El obsceno ventajismo electoral de un régimen

Fecha: 14-10-2020 03:48 PM


Por Gregorio Salazar (*)

 

Vanos resultaron los esfuerzos de todos quienes intentaron hacer que el régimen pospusiera las elecciones legislativas del 6 de diciembre. Acciones judiciales, negociaciones, llamados desde importantes sectores de la vida nacional y hasta la intempestiva venida al país de una misión enviada por el representante del servicio exterior de la Unión Europea, Josep Borrell. Vamos por parte.

El ex presidente del Consejo Nacional Electoral, Andrés Caleca, pidió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) la suspensión de los comicios tras intentar reponer el estado de derecho mediante un recurso de amparo, avalado por más de 5 mil firmas, contra las violaciones a la Constitución Nacional en que incurrieron quienes controlan el proceso.

Fue una cadena de ilegalidades, entre las que se incluye modificar las normas electorales a menos de seis meses de la fecha de la convocatoria, aumentar el número de diputados a elegir que dispone la Constitución, que llevaron de 167 a 277, y además el que estos cambios fueron introducidos por organismos no facultados para ellos.

El obsecuente TSJ ni siquiera admitió el recurso, con lo cual evitó tener que pronunciarse sobre una materia que no podía responder sino a favor del accionante Andrés Caleca.

Cuando Henrique Capriles Radonsky se distanció de la línea mayoritaria del G-4 de no participar en las elecciones y dijo que estaba dispuesto a luchar por condiciones electorales se pensó que el régimen se había abierto a alguna forma de negociación con el líder opositor para posponer el proceso comicial. La libertad o cambio del estado de los procesos judiciales para 110 opositores hizo pensar que había algo más concreto. Nada de eso fructificó.

El último en estrellarse contra la férrea negativa del régimen de Maduro a abrir un compás para mejorar las garantías electorales fue Josep Borrell, jefe de la diplomacia de la Unión Europea, cuya misión fue recibida con cajas destempladas y tuvo que regresar con las manos vacías a Europa.

El régimen quiere acabar cuanto antes con el interinato del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, no obstante, ya haber desconocido su última elección mediante una decisión del TSJ oficialista. Van por más y no están dispuestos a darle largas. Guaidó busca una fórmula alterna para mantenerse al frente de su gobierno interino.

A pesar del altamente desfavorable clima electoral, más del 80 % de rechazo popular según las encuestas, nunca fueron tan ideales las condiciones electorales para el régimen autoritario de Nicolás Maduro.

Veamos por parte. La dictadura ratificó su mayoría (3-2) en el directorio del CNE, premisa fundamental para el control del proceso. Tiene en sus manos nuevamente todo el aparataje del Estado, recursos económicos, infraestructura de despachos públicos, muy variados modos de transporte y un apabullante aparato mediático con cadenas maratónicas y cotidianas. Aparte de las presiones que ejerce sobre el funcionariado público a los que presiona y persigue el día de los comicios. De todo eso ha se ha servido de manera ventajosa hasta niveles verdaderamente obscenos.

Pero tal vez ninguna ventaja se compara con la posibilidad de imponer la fecha de la realización de las elecciones en plena epidemia de Covid-19. Sólo el oficialismo tiene libertad de movimientos con salvoconductos ilimitados y, detalle no menor, disfrute preferencial de gasolina a tanque lleno.

De modo que los muy pequeños partidos que han aceptado ir a la medición electoral lo harán en estado de total indefensión, de minusvalía política, lo cual hace previsible que el oficialismo obtendrá una victoria cómoda, muy posiblemente los dos tercios de las curules, en medio de una abstención abrumadora.

Los opositores de la llamada “mesita” y los salidos de la Operación Alacrán serán en muchos sectores del país, sobre todo en los más apartados, meros convidados de piedra en un país donde los candidatos apoyados de la dictadura se dan el lujo de hacer campaña repartiendo mortadela y pollo, la única manera de presentarse en un barrio sin que sus habitantes los pongan en fuga.      

En fin, veremos un nuevo despliegue de abusos para ganar una Asamblea Nacional que no le resolverá ningún problema al régimen y mucho menos a la atribulada población venezolana.

 

(*) Miembro de la directiva de Expresión Libre

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