El otro golpe

Fecha: 13-07-2009 11:30 PM


Caso Honduras

Para Asdrúbal Aguiar "el primer objetivo concertado entre Chávez y Zelaya era ponerle una bomba de profundidad al proceso electoral previsto para el mes de noviembre en Honduras"

Francisco Olivares
 
 Para Heinz Dieterich el conflicto de Honduras es parte de una confrontación entre el capitalismo y el socialismo del siglo XXI. Según aprecia, uno de los dos modelos económicos se impondrá en América Latina.
"Nadie puede parar una idea, cuyo tiempo ha llegado", decía Víctor Hugo. "El socialismo del siglo XXI es una de esas ideas cuyo tiempo ha llegado. Y nadie lo va a parar: ni las equivocaciones socialistas del pasado, ni las desilusiones capitalistas del presente&" La reflexión pertenece al filósofo alemán Heinz Dietrich, consecuente seguidor del proyecto continental que lidera Hugo Chávez y teórico del socialismo del siglo XXI.

Recientemente, a propósito de la expulsión del poder del presidente Manuel Zelaya en Honduras, Dietrich hizo un pronóstico: "el epicentro del conflicto por la hegemonía latinoamericana será Venezuela, con frentes secundarios en Centroamérica (El Salvador, Honduras y Nicaragua). También predijo la posibilidad de que "el bolivarianismo venezolano se debilite seriamente, incluso con pérdidas en las elecciones del 2010".


Las visiones de Dietrich, vistas desde el lado de las corrientes populistas autocráticas que han avanzado en América Latina, ponen de manifiesto una vez más que el conflicto desatado en el país centroamericano es un episodio más de la confrontación de dos modelos: el de las "democracias occidentales republicanas", plasmadas en la Carta Democrática Interamericana y las nuevas "autocracias electivas", según califica el constitucionalista Asdrúbal Aguiar, a estos modelos de gobierno surgidos electoralmente en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Para el alemán Dietrich se trata de una confrontación donde se impondrá un proyecto socioeconómico, "que sólo podrá ser el socialismo del siglo XXI o el capitalismo del siglo XXI".

El otro aspecto de la reflexión de Dietrich es que momentáneamente esa confrontación tiene su epicentro en Honduras pero que en corto tiempo se desplazará a otro país, que según él, será a Venezuela. En tal sentido, pone como fecha crítica los procesos electorales que se avecinan: las parlamentarias de 2010 y las presidenciales de 2012 en las que, intuye, que "el líder" de ese socialismo podría perder poder.

El laboratorio de Honduras Honduras se ha convertido en un laboratorio donde estas dos corrientes ideológicas miden sus fuerzas y posibilidades de triunfo. Sin embargo no era predecible que eso fuera así. El proyecto de desmontaje del sistema republicano emprendido por Zelaya bien pudo haber tenido éxito como en otros países del ALBA, pero se encontró con un muro de contención, como en efecto ocurrió.

Según aprecia el experto en derecho internacional Asdrúbal Aguiar, el primer objetivo concertado entre Chávez y Zelaya era ponerle una bomba de profundidad al proceso electoral previsto para el mes de noviembre en Honduras y de allí justamente esa consulta a la Constituyente en paralelo, que es la misma que se hizo en Venezuela en 1999, la misma que puso en práctica Correa en Ecuador o la que impuso Evo Morales en Bolivia. Ciertamente, si la consulta tomaba cuerpo, lo que quedaría en el camino era el desmontaje de esa misma institucionalidad que se estaba eligiendo. Entonces el primer objetivo era cambiar el modelo y el sistema constitucional que en definitiva era una "camisa de fuerza" para el proyecto socialista exportado por Hugo Chávez.

Ese propósito lo describe muy claramente Dietrich cuando señala: que "el principal obstáculo para lograr la construcción del Estado de Derecho, (socialista del siglo XXI) (&) son las estructuras de poder de la oligarquía. Esas estructuras están intactas, desde sus Fuerzas Armadas, hasta la policía, el sistema judicial, el poder económico, sus medios de comunicación, incluyendo sus apoyos internacionales".

La Constitución blindada A diferencia del caso venezolano, Honduras posee una Constitución "blindada" frente a la propuesta bolivariana que abre las puertas de la reelección presidencial, centraliza el poder político, desmonta la independencia institucional y estatiza la economía.

Según explica el abogado, Asdrúbal Aguiar, el artículo tercero de la Constitución de Honduras señala que el pueblo tiene derecho a acudir a la "insurrección". No se habla de resistencia pacífica, ni desobediencia, se habla de "insurrección": "El pueblo tiene derecho a acudir a la insurrección en defensa del orden constitucional". Y en esa Constitución hay dos hipótesis de alteración grave del orden constitucional. La primera cuando hay el uso de la fuerza de las armas para ejercer el poder. (Muchos dirían fue lo que ocurrió cuando sacan a Zelaya del país) pero la otra hipótesis es cuando "alguien pretende usar medios o procedimientos que quebrasen o que desconozcan la Constitución". Es esta la hipótesis que ocurre antes de que a Zelaya lo saquen de la Presidencia.

El artículo cuarto que le sigue es mucho más severo porque consagra como modelo de Gobierno, el republicano, democrático y alternativo a lo cual se le agrega la prohibición absoluta de la reelección presidencial. Y ese artículo cuarto de manera expresa, califica como "traición a la patria", el que pretenda infringir ese principio.

Cuando la Constitución hace mención a las funciones y atribuciones del Presidente de la República, expresamente se le dice en el artículo 239: "El ciudadano que ha desempeñado el Poder Ejecutivo no puede ser Presidente y el que quebrante esta disposición o proponga su reforma y aquellos que apoyen directa o indirectamente esa iniciativa de reforma, cesan en el desempeño de sus cargos y quedan inhabilitados por 10 años para el ejercicio de cualquier función pública".

Es decir que si un Presidente en ejercicio pretendía impulsar un cambio constitucional para modificar el modelo democrático, alternativo, y con ello prorrogarse en el ejercicio del cargo, por norma constitucional, cesa inmediatamente en sus funciones como Presidente o como funcionario y queda inhabilitado. De manera que Zelaya no hubiese podido modificar el modelo político democrático vigente en Honduras.

El segundo golpe Aguiar destaca que cuando el presidente Zelaya se encuentra con el primer muro de contención, que es cuando el Tribunal Supremo declara inconstitucional la consulta a la Constituyente. Y cuando en segunda instancia, el Congreso Nacional y el Poder Electoral, intiman al Presidente para decirle: "Es inconstitucional lo que usted pretende hacer". Zelaya pretendió ejecutar el acto electoral, organizado desde Venezuela, mediante un acto de intervención en asuntos internos por la vía de los hechos. Y es cuando llama al jefe de las Fuerza Armadas, quien se niega a acompañarlo en esa iniciativa y Zelaya lo destituye.

Y viene un segundo golpe constitucional porque una vez que lo destituye, el Tribunal le ordena la reincorporación del jefe del Estado Mayor Conjunto. Pero en Honduras ocurre algo que no está previsto en nuestra Constitución y es que el jefe de las Fuerzas Armadas es designado en una forma de elección de doble vuelta que concluye en el propio Congreso. Vale decir no se trata de un gendarme que lo designa el Presidente, sino que de una terna que surge del propio mundo militar es electo por el Congreso.

Además el artículo 272, de la Constitución hondureña establece que Las Fuerzas Armadas tienen una doble función: "garantizar el libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República". Dice el artículo: "Las Fuerzas Armadas de Honduras son una institución nacional de carácter permanente, especialmente profesional, apolítica, obediente y no deliberante. Se instituyen para defender la integridad territorial y la soberanía de la República, así como garantizar los principios de libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República".

Esto quiere decir que el principio de aseguramiento de alternabilidad democrática, le está confiado constitucionalmente a las Fuerzas Armadas, de manera que sostener el proceso electoral e impedir cualquier modalidad "tramposa" dentro de la Constitución que modificara el modelo alternativo, no podía ser atendido bajo ningún respecto por la FA, ni siquiera por orden del Presidente, como comandante en jefe.

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