El virus que ataca las libertades

Fecha: 16-06-2020 12:47 PM


Por Mayte Navarro (*)

En esta larga cuarentena se ha explotado el miedo en todas sus facetas, miedo a encontrarse con el otro para no contaminarse y no correr el riego a morir, especialmente en países como Venezuela, cuyo sistema sanitario es tan precario y enfermarse es casi una sentencia a muerte. Pero también están los miedos a expresarse y a informar. La manipulación de la información ha sido la tentación de muchos gobiernos. Más de uno mordió la manzana y consideró que adulterar u ocultar datos era lo pertinente.

En Venezuela este tiempo de encierro, si bien agilizó la iniciativa de artistas para continuar comunicando su creatividad; estudiosos se hicieron de plataformas casi desconocidas para realizar foros y seminarios virtuales, también apartó de la información y el entretenimiento a unos 10 millones de ciudadanos cuyas pantallas quedaron en negro al apagarse la señal de DIRECTV y, al no tener tampoco la posibilidad de conectarse a Internet,  pasaron a un limbo informativo o son presas de la noticia mediatizada.  

El silencio alrededor del coronavirus en Venezuela ha aumentado la angustia ciudadana. Al monopolizarse la noticia ha crecido la desinformación. Los rumores están a la orden del día. Para un periodista está vetado ir a la fuente, visitar un hospital, entrevistar al personal médico, conversar con un familiar sobre su experiencia.

Los enfermos no tienen rostro. Todo se reduce a dos datos, sexo y edad.  Tantos masculinos y tantas femeninas, de tantos años. Tantos muertos, tantos infectados y tantos recuperados. Pero no sabemos sus historias, sus angustias, como superaron la enfermedad, qué pensaron cuando el diagnóstico dio positivo. Ver sus rostros recuperados y libres del coronavirus tampoco ha sido posible. Un escalofrío me recorre  el cuerpo cuando presiento que la identidad también se pierde y con ella los derechos individuales.

El coronavirus resultó un buen cómplice para el autoritarismo, la demagogia y el populismo. Si a esto sumamos a un público que se ha desacostumbrado a profundizar y releer un artículo porque poco a poco se han destruido los principales medios impresos, se han cerrado programas de opinión, se han amenazado periodistas que no les ha quedado otro camino que el del exilio para conservar su libertad e integridad física, se bloquean páginas web,  las fuentes de información gubernamentales están  cerradas a la prensa no oficial o crítica, el resultado no es otro que un ambiente donde las falsas noticias y la desinformación tienen su caldo de cultivo. Nos encontramos con una información que mueve emociones pero no lleva a la reflexión. Entonces al lector o al espectador se puede manipular con facilidad.

El erizado virus sirvió de excusa para arrebatarnos la libertad de conocer quienes han muerto en los hospitales, qué atención  médica han recibido. Ni los hijos, ni el cónyuge, ni un hermano y tampoco un amigo han podido estrechar esa mano casi inerte y sin fuerza.

La COVID-19 ha dejado al descubierto las desigualdades y en este momento crítico los populistas se han valido de otro elemento peligroso, la  xenofobia, presente en aquellos que acusan a una determinada nacionalidad como causante de la pandemia o cuando se hace uso de la palabra importado para dar cuenta de la causa de los contagios, valiéndose, además, de  sus tesis maniqueas para evadir responsabilidades. Limitar libertades es la orden del día. No preguntes, no escribas, no informes, no analices, no pienses.

(*) Miembro de Expresión Libre

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