Homo confundidus

Fecha: 17-04-2018 05:25 PM


Eduardo Orozco*

La figura bíblica de la Torre de Babel, aquella construcción del hombre para alcanzar el cielo, viene a nuestra memoria ante el clima de confusión reinante en nuestra sociedad global. En el Génesis se menciona a Nimrod como el arquitecto de una torre en forma de espiral que apuntaba más allá de la nubes. Pretensión que Dios castigó confundiendo las lenguas de los hombres, creando un caos de tal magnitud que, naturalmente, el proyecto se canceló al no poder acordar una estrategia coherente sobre su propósito.

A veces me viene a la mente este episodio bíblico cuando veo la reiterada confusión que se produce en las redes sociales por la avalancha de notas contradictorias, sin confirmar, tendenciosas, chismes de buena fe o, simplemente, “noticias” de laboratorio que forman parte del arsenal de la guerra psicológica.

El periódico de papel fue un exponente relativamente confiable que la modernidad puso en nuestras manos para señalar, con alguna certidumbre, el rumbo de estos últimos 500 años. ¿Qué dice el periódico de hoy? era una frase que expresaba cierto nivel de confianza en generaciones de lectores. “Que las mentiras parezcan mentiras” diría Joaquín Sabina. Pero ni las certezas ni los embustes se han parecido tanto en estos tiempos posmodernos de las redes y el chat.

A todos nos ha pasado. Perdemos minutos valiosos de nuestro tiempo buscando que nos confirmen aquello que no queremos creer y se invierten data y caracteres tratando de poner en claro alguna noticia que parece salida de algún tubo de ensayo.

Pero ni las certezas ni los embustes se han parecido tanto en estos tiempos posmodernos de las redes y el chat.

Pero no todo es fábula; también estamos en presencia de afirmaciones reales de ciudadanos de carne y hueso igualmente insólitas, como aquella sobre Leopoldo López que nunca fue aclarada o, más recientemente, la de la señora que anunció la resurrección de Oscar Pérez en una arepera de Miami, luego desmentida por su viuda y por el Padre Palmar.

Ahora son tiempos en los que abandonamos nuestro pasivo rol de receptores de noticias y nos convertimos gradualmente en medios de comunicación.

Ya no somos la “masa pasiva” que recibe un mensaje; ese paradigma también está en revisión porque se ha despertado una dinámica que eleva el volumen de la respuesta llegando a distorsionar el mensaje original, haciéndolo irreconocible.

Este fenómeno es de tal magnitud y está afectando con tal fuerza el sistema comunicacional, que exige de la sociedad y de los individuos una mayor capacidad de análisis y discernimiento para actuar adecuadamente. Un nuevo reto para periodistas y comunicadores.

*Directivo de Expresión Libre

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