La comunicación social debe difundir conocimientos y mantener a toda la sociedad dialogando

Fecha: 13-07-2009 11:30 PM


La opinión de José Pulido

Hacer propaganda política, ideológica, parcializada, al servicio del Estado o al servicio de las clases dominantes de la sociedad, no figura en los mandamientos esenciales del periodismo


El Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos expone lo siguiente:

 

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

 

El significado de ese artículo debería ser muy claro y determinante para el entendimiento de todas las personas y para todos los gobiernos. Sin embargo, en más de la mitad del mundo flota en el basurero de las letras muertas.

 

“Los regímenes totalitarios conciben el control de la información como una prioridad”, escribió Tzvetan Todorov, reafirmando algo que se ha dicho desde hace mucho tiempo.

 

Desinformar o manipular la información es una práctica que acostumbran todos los sistemas de gobierno, pero unos tratan de ejercer el control a juro y otros creando confusión en torno al papel que debe jugar la comunicación social.

 

No es un secreto tampoco, que “Las tiranías han sistematizado su apropiación de la memoria y han aspirado a controlarla hasta en sus rincones más recónditos”.

 

Por la vigencia de su planteamiento vale la pena continuar citando a Todorov:

 

“Ninguna institución superior, dentro del Estado, debería poder decir: usted no tiene derecho a buscar por sí mismo la verdad de los hechos, aquellos que no acepten la versión oficial del pasado serán castigados. Es algo sustancial a la propia definición de la vida en democracia: los individuos y los grupos tienen el derecho a saber y por tanto de conocer y dar a conocer su propia historia; no corresponde al poder central prohibírselo o permitírselo”.

 

La función primordial de la comunicación social es la de difundir conocimientos y de mantener a toda la sociedad dialogando. El respeto a los derechos humanos y la búsqueda de mecanismos democráticos y justos para que esos derechos se hagan valer, es otro de los deberes del comunicador social.

 

Hacer propaganda política, ideológica, parcializada, al servicio del Estado o al servicio de las clases dominantes de la sociedad, no figura en los mandamientos esenciales del periodismo. La información veraz, justa y completa es un derecho de todos, es un servicio para todos.

 

Si difundes conocimientos, debes poseerlos y por eso es necesario preservar los estudios universitarios. La universidad necesita siempre mejoramiento y transformación, pero no se puede negar su papel en el desarrollo de la sociedad y de la humanidad.

 

Necesaria y obligatoriamente, la universidad enriquece y eleva el uso del lenguaje, tan esencial para la comunicación.

 

Arturo Uslar Pietri declaró en una ocasión a Miyó Vestrini: “El lenguaje es un instrumento de cultura fundamental. Fuera de la lengua, no tenemos nada. Todo lo que sabemos lo sabemos en palabras. Todo lo que pensamos lo pensamos en palabras. De modo que el hombre que no tiene palabra, no tiene pensamiento, no tiene concepto, no tiene manera de valerse de ninguna especie. Un hombre con cien palabras, no puede pretender explicar el mundo, porque no puede entender nada”.

 

Eso no significa que por sus características de trabajo intelectual, la comunicación social sea una actividad a espaldas de los intereses del país, de los pobladores de un país. Los comunicadores deben estar siempre conectados con la sociedad, con todos los estratos sociales, para comprender y ser comprendidos.

 

Quienes critican las fallas del gremio tienen razón en muchos aspectos, aunque deberían ejercer más bien la autocrítica, porque el gremio somos todos y sus fallas y errores han surgido de nosotros mismos. Hay que cambiar el gremio: elevar su intelecto, su moral y su sensibilidad.

 

No es tan complicado lo que sostiene Morín: Si no estudias, la sociedad no mejora. La sociedad produce la escuela que produce la sociedad.

  

Quisiera ver la metamorfosis del gremio. Quisiera verlo crecer bajo el techo de la cultura, entre las paredes de lo civilizado, a la vanguardia de la expresión y el conocimiento. Sin politiquerías que aspiran a volvernos rebaños; sin empujones ni tosquedades de analfabetas funcionales; sin las banalidades y los melindres de una clase media que sólo piensa y actúa en función del bonche; sin el chantaje de que debemos ser complacientes; sin poderes subyugantes nariceándonos. Pero respetando el derecho que tienen todos esos aspectos de crecer o difuminarse, porque el mal y el bien son pasajeros de una misma nave, como la salud y la enfermedad.

 

 

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