Las tácticas perversas del régimen

Fecha: 29-04-2010 11:30 PM


Guerra comunicacional

La guerrilla comunicacional se convierte en una estrategia en sí misma pues consiste en ejecutar cualquier intento de engañar o erosionar las fuerzas ideológicas del oponente explotando las debilidades de sus creencias, empleando métodos persuasivos que difieren significativamente del modo usual en que se actúa para el convencimiento por la razón y los hechos. Andrés Simón Moreno Arreche

Andrés Simón Moreno Arreche

Como en cualquier conflagración, en la guerra comunicacional también existen planteamientos estratégicos y para su ejecución se pueden ejecutar tácticas malignas, siniestras y retorcidas, definidas así aún cuando este particular tipo de enfrentamiento no se rige por el Estatuto de Roma, el instrumento constitutivo de la Corte Penal Internacional que fue adoptado en esa ciudad italiana el 17 de julio de 1998 durante la conferencia diplomática de plenipotenciarios de las Naciones Unidas, reunidos para la creación de una corte penal con carácter internacional.

 

La guerra comunicacional que se impulsa desde el desgobierno de Chávez ha promovido las más complejas y perversas tácticas comunicacionales desde el poder, a pesar de contar con cientos de medios impresos y radioeléctricos. Se trata de una guerra que ha desembocado en una sorpresiva y aparentemente inexplicable ‘asimetría del conflicto opinático’ y lo que sigue es una relación de las estrategias y las tácticas perversas utilizadas desde el poder, como formas de la guerra comunicacional que han respondido a la realidad de un conflicto y que han desembocado en la articulación de la más terrible de todas ellas: las juveniles guerrillas comunicacionales, que no son otra cosa que la muestra palmaria de un rotundo fracaso en la política comunicacional de Chávez y su pretendido objetivo de convencer al país sobre la validez y la conveniencia de ‘su’ proyecto político.

 

La primera estrategia comunicacional fue semiótica:
A pesar de que, como signo comunicacional, el formato televisivo tenía antecedentes recientes, como por ejemplo el programa ‘Habla El Presidente’, nadie imaginó que un programa televisivo largo, demasiado largo, sustentado visualmente en una interminable toma, sin movimientos de cámara ni efectos espectaculares, con un hombre que habla y habla, y que canta de cuando en cuando, y que de paso canta muy mal, sería uno de los foros de comunicación política más importantes en plena civilización de la imagen, pero así fue desde sus inicios ‘Aló Presidente’. Justo es reconocer que en sus comienzos, Aló Presidente rompió los cánones y los silabarios mediáticos de la ingeniería de imagen, saltó las tranqueras de lo pre definido en los formatos de TV y rompió los límites horarios de las grillas de programación, así como lo hizo con muchos de los estudios de recepción, modificando hábitos de audiencias y los poniendo en jaque los estereotipos del rating televisivo.

 

Podemos afirmar que eso sucedió en los primeros diez a quince programas y hasta se puede asegurar, más allá de la posición política de cada quien, que Aló Presidente fue, sólo en sus inicios, una experiencia de comunicación alimentada con imaginarios populares, que explotaba la popularidad de un Chávez, que despojado de la majestad implícita en la Presidencia de la República, se convertía domingo a domingo, en un ‘show-man’ todopoderoso; una especie de Renny Otolina que desde su plató, en vivo y en directo, ejerció la gerencia política del gobierno del país, con la informalidad de aquél en su Show de las Doce. El formato rompió paradigmas, al punto que algunos renombrados comunicólogos lo definieron como una insurrección semiótica, pero como suele suceder en el mundo televisivo, más temprano que tarde se agotó el formato, en este caso por ‘anorexia temática’, y tanto el programa como el presentador cayeron en la peligrosa rutina. Se impuso entonces, la ejecución de las primeras tácticas comunicacionales para revivir el mensaje a partir del comunicador y de su formato, tácticas todas ellas perversas, que como recapitularemos a continuación, aún se ejecutan pues pretenden oxigenar al formato semiótico junto a su emisor único.

 

La ‘hegemonía comunicacional’ ¿Estrategia o táctica?
Andrés Izarra, el director de Telesur y ex ministro de Comunicación lanzó aquella primera piedra, la hegemonía comunicacional, el mismo día que pretendió explicar a un periodista de CNN el por qué se sacaba del aire a R.C.T.V. Fue un lunes 8 de enero de 2007 y ese día Izarra estrenó públicamente el concepto de la ‘hegemonía comunicacional’ como táctica propagandística de Estado con la siguiente declaración:

 

“Para el nuevo panorama estratégico que se plantea, la lucha que cae en el campo ideológico tiene que ver con una batalla de ideas por el corazón y la mente de la gente. Hay que elaborar un nuevo plan, y el que nosotros proponemos es que sea hacia la hegemonía comunicacional e informativa del Estado. Construir hegemonía en el sentido gramcsiano”. Inmediatamente, el periodista preguntó: “¿A qué se refiere con eso?” Y el director del Telesur le respondió con esta ‘perla’:


“La sociedad capitalista es hegemónica en estos países. Nosotros tenemos que hacer que el pensamiento y los valores socialistas de lo colectivo, lo solidario, lo social predominen como valores sobre los del capitalismo. Y hegemonía en el sentido gramcsiano es eso, que un grupo cultural convenza a otro grupo de sus valores, principios e ideas. Nosotros hacemos una propuesta de que sean una serie de medidas en varios ámbitos para construir la hegemonía comunicacional e informativa que permita la batalla ideológica y cultural para impulsar el socialismo”.

 

Por ese planteamiento se puede deducir que la hegemonía comunicacional fue una táctica de la guerra comunicacional y no una estrategia. Fue una táctica ‘de complemento’ que se impulsó y luego se desarrolló desde el gobierno, por la imperiosa necesidad de cambiar la mentalidad del pueblo para lograr su integración en un proyecto revolucionario, que ya había sufrido un par de descalabros y que anunciaba ‘la profundización del proceso’.

 

Para el régimen de Chávez, las maniobras para alcanzar esta hegemonía se iniciaron formalmente con la promulgación de la tristemente célebre Ley Resorte, con la que se obtuvo el sustrato legal para el cierre de R.C.T.V, y continuó con el impulso económico y la masificación de las radios comunitarias en el territorio nacional dentro de la frecuencia modulada, siendo uno de sus objetivos específicos entorpecer las transmisiones de los circuitos nacionales opositores al régimen.

 

La táctica también se evidenció con la ejecución de las presiones económicas que produjeron ‘autocensura en medios opositores. Estas fueron maniobras absolutamente necesarias para la ejecución de la tan ansiada hegemonía comunicacional y con ella, pretender el objetivo de convertir a la sociedad venezolana, tradicionalmente libre, democrática y descentralizada, en una sociedad de pensamiento único, totalitaria y de corte socialista, violentando valores ciudadanos tradicionales para dejar atrás las costumbres que sesenta años de historia democrática la convirtieron en un referente continental.

 

Pero la hegemonía sólo se logró parcialmente. Se evidenció, eso sí, con la posesión de medios radioeléctricos y en la captación de unos cuantos periódicos regionales que se plegaron, unos más otros menos, a las líneas de Chávez, pero las frecuencias de sintonía y el ‘rating’ de exposición y lectura bajaron ostensiblemente, obligando al régimen a revisar el planteamiento estratégico. De esa revisión surge el Diario VEA y posteriormente el Correo del Orinoco (la ‘artillería del pensamiento’) ya que el aparato comunicacional del régimen no ha servido para modificar los gustos y las preferencias de los ciudadanos. Con todos esos instrumentos a su servicio, el gobierno ni siquiera ha logrado que la gente se interese por ver o escuchar la televisión y la radio que propagandiza las presuntas virtudes de su re-involución socialista, a la que ha apellidado ‘bolivariana’ y con ello ha construido el astracán ideológico más intragable de la sociopolítica moderna.

 

Sin embargo, la táctica hegemónica se mantiene hasta el presente, aunque fue incorporada a otra táctica comunicacional, la táctica de pinzas, que es en la práctica una maniobra de embolsamiento, consiste en rebasar los flancos del enemigo y rodearlo para atacar por el flanco menos esperado: su retaguardia. En la presente guerra comunicacional, esta maniobra de pinzas consistió en rebasar los flancos más débiles de los medios, el soporte ‘legal’ de la concesión y la ‘permisología’ para operar la estación o para adquirir los dólares para la importación de papel periódico, lo que convirtió a Diosdado Cabello en una mala copia de Aníbal Barca, el genial cartaginés que utilizó esta maniobra por primera vez en la historia en la batalla de Cannae en el 215 A.C.

 

Por los resultados obtenidos, muchos analistas cuestionan que la ‘hegemonía comunicacional’ haya sido en sí misma una estrategia y la relegan a la definición de maniobra táctica, terriblemente perversa porque no se ejecutó sobre la relación inferioridad-superioridad entre ejecutante y contrario, (relación que engrandece al estratega ejecutante, quien logra con la maniobra de pinzas anular la superioridad del enemigo al inmovilizarle) sino que se valió de una superioridad relativa (el control del Poder Ejecutivo sobre el Legislativo y el Poder Judicial) para circundar a los medios opositores con la alevosía que provee el control y la manipulación.

 

‘Blitzkrieg’: De estrategia a militar a táctica comunicacional
Aunque la Blitzkrieg o Guerra Relámpago fue un nuevo tipo de estrategia diseñada por el general soviético Tujachevski, y puesto en práctica por primera vez, aunque a una escala muy pequeña, en la Guerra Civil Española durante el primer sitio de Madrid, este tipo de estrategia se tiende a asociar a los nazi, ya que fueron los primeros en usarla a gran escala con excelentes resultados en la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939 y posteriores acciones militares como la invasión de Francia o Bélgica.

 

La guerra comunicacional relámpago, que los alemanes llaman Communicational Blitzkriegzeintug, es una forma de persuasión extraída de la estrategia militar germana, que consiste en aplicar la doctrina de la máxima movilidad y cobertura posibles para los mensajes propios (sean del régimen o de algún otro ‘atacante’ en la Opinión Pública) en contraposición con las estrategias de posiciones fijas o lentas, como las que se suelen implementar en los combates ideológicos de las misiones de identidad corporativa o en las maniobras levemente persuasivas y distraccionistas de la comunicación publicitaria y de las relaciones públicas. En esencia, la política comunicacional del gobierno ha sido esa, la ‘información relámpago’ que se ha puesto en ejecución a través del único vocero del régimen y desde el más significativo evento propagandístico del gobierno-partido: el programa dominical Aló Presidente.



Y con esta afirmación se ratifica que aún pervive una única estrategia comunicacional, la estrategia semiótica con un vocero único, un mensaje característico y un objetivo esencial, pues al fin y al cabo la Blitzkrieg comunicacional que implementa Chávez es un subconjunto de maniobras comunicacionales denominadas "de dominio rápido", que ameritan de un flujo informativo asincopado, con un mismo vocero (o un conjunto de medios orquestados) para que le den la coherencia ideológica necesaria al mensaje, y con ello capturar territorio en el campo de la batalla comunicacional, que no es otro que la credibilidad de los públicos. La intensidad y la profusidad de las cadenas televisivas, junto al incremento de los mensajes oficiales ‘obligatorios’ que se referencian en la Ley Resorte no son otra cosa que guerras comunicacionales ‘relámpago’, en las que se aplican estas tácticas perversas y con las que se persiguen acciones políticas decisivas, bien para reagrupar a la dirigencia partidista sobre objetivos puntuales, bien para la apertura de nuevos frentes o de estratagemas distraccionistas que faciliten la maniobra opinática del régimen.

Jerarquía y estrategia comunicacional
En este punto, cabe analizar el rol que cumple la jerarquía de los objetivos dentro de la estrategia comunicacional del régimen, que como afirmamos en párrafos anteriores, sigue siendo la misma, aún cuando las tácticas de su implementación hayan sido diferentes. Cabe la aclaratoria pues también en las conflagraciones comunicacionales se tiende a confundir la táctica comunicacional, que es el empleo de los medios de acción en la coronación de una campaña o la derrota del enemigo en la mente y el espíritu de las audiencias, con la estrategia, que es una actividad que se ocupa del planeamiento y dirección de las campañas persuasivas. Así pues, la táctica comunicacional es una acción, o agrupamiento de acciones simultáneas o no, mientras que la estrategia es el diseño de las acciones comunicacionales que conducirán a lograr el objetivo persuasivo.

La jerarquía de los objetivos políticos de Chávez, junto con su incesante necesidad de protagonismo que lo ha convertido en el ‘vocero único’ del régimen, han determinado en gran medida que la estrategia comunicacional se haya mantenido igual, con algunos cambios a lo largo del tiempo, y que los intentos endógenos por cambiarla, como los de Ramonet e Izarra, sólo hayan conseguido convertirse en tácticas de acción o de maniobra. La jerarquía de los objetivos políticos del régimen, que ha determinado el orden estratégico de la presente guerra comunicacional, es en primera instancia, la persuasión o enamoramiento de las audiencias, luego las actividades de concienciación política, seguidas por la necesidad de información y por último, aunque por ello no menos importante, los objetivos de movilización de las masas.



El primero y principal objetivo de la comunicación del régimen es la persuasión, entendida como la intención consciente por cambiar los patrones y los referentes conductuales de la población mediante el uso del mensaje. Esa ha sido la intención estratégica: modificar el pensamiento manipulando los móviles conductuales hacia fines predeterminados, porque la persuasión es un cambio que se evidencia en la actitud, puesto que ese es el fin máximo para el que está diseñada la comunicación persuasiva: una comunicación que también es profundamente manipuladora pues la persuasión se organiza, como experiencia práctica, mediante la planificación ordenada y sistemática de contenidos, de las formas y de los canales o medios de comunicación social en función de los objetivos políticos que se definen desde la sala situacional. Es, en definitiva, una forma consciente e intencional de manipulación informativa, cuyo objetivo es la reorientación de las actitudes y del comportamiento de los receptores, influyendo mental, afectiva y cognitivamente en los destinatarios del mensaje a través de diversos medios psicosociológicos.

 


Ahora bien, ¿Dónde termina la comunicación persuasiva y dónde comienza el estupro como trampa discursiva? La respuesta es breve, simple pero lapidaria: En el engaño. El engaño es tan inherente al estupro que en él radica su esencia misma sosteniendo incluso, que lo que en realidad se castiga en el estupro no es sino el embaucamiento de la voluntad, de manera que cuando la comunicación persuasiva del gobierno embauca la predisposición creyente del receptor, se convierte en un ardid que manipula la realidad para ofrecer como cierta la versión que más conviene, y allí surge el estupro como trampa discursiva.

 

A esta particular comunicación persuasiva comunicacional ha seguido el objetivo de la concienciación política, para que la población se manifieste consecuente con las políticas del régimen, un objetivo que el maestro Aristóbulo Iztúriz fundamentó en el diseño de la Pedagogía Crítica impulsada por Pablo Freire, como proyecto educativo que el régimen engrana dentro de sus objetivos comunicacionales. Es así como pueden explicarse los deseos del régimen de intervenir en los procesos de formación intelectual de los niños y los jóvenes, ( el Decreto 1.052... La Ley Orgánica de Educación... el Currículo Bolivariano) no como una propuesta coherente con el sistema educativo tradicional, sino como el deseo de transformación de la unidad educativa en unidad de concienciación política a partir del Sistema Educativo Bolivariano –S.E.B.- que se ejecuta en el escenario donde los mensajes persuasivos pueden ser más efectivos a la hora de captar adeptos a la causa revolucionaria, las escuelas y liceos, y con ello garantizar la formación ideológica de las generaciones futuras, que son necesarias para prolongar la transformación de la sociedad.

 

La “Guerrilla Comunicacional” es la segunda estrategia:
El agotamiento de la estrategia semiótica, que es fundamentalmente la resultante de los fracasos tácticos por imponer un modelo de pensamiento autocrático en una población eminentemente democrática, obligó a un nuevo enfoque esta vez estratégico, que se ejecuta en un escenario de confrontación eleccionaria, profunda insatisfacción por los servicios públicos básicos, una inseguridad ciudadana galopante y el incumplimiento de las ofertas gubernamentales. Y envolviendo a este escenario, la incapacidad financiera para el derroche que permita crear un espejismo de esperanza, no sólo en la población, sino tampoco entre los partidarios ‘duros’ que respaldan al régimen. Este análisis situacional obliga a un reacomodo estratégico y entonces se imponen diversos niveles de estrategia y formulación de estrategias en la planificación de las próximas batallas comunicacionales.

 

Para llevar a cabo la nueva estrategia comunicacional deben cumplirse ciertos requisitos, y para cumplirlos es necesario identificar y superar los desafíos operativos que presenta el nuevo escenario, que constituyen los obstáculos que se interponen en el camino y entorpecen la concreción de la estrategia. Para ello, los planificadores del régimen han determinado las capacidades y los conceptos operativos necesarios y proveen las fuerzas que los posean. Este método es de orden descendente en el que la estrategia ejerce una influencia dominante sobre la estructura de las fuerzas persuasivas.

 

La más reciente ‘doctrina de persuasión política’ - la guerra de guerrillas comunicacional - plantea un reacomodo de las fuerzas gubernamentales a partir de un concepto diferente en el emplazamiento de la confrontación de las ideas: la guerra asimétrica. Cualquier discusión acerca de la doctrina o de la asimetría debe comenzar reconociendo la inherente tensión entre el papel de la doctrina y la naturaleza de la asimetría en la guerra. La asimetría comunicacional persuasiva significa la ausencia de una base común de comparación con respecto a una calidad, o en términos operacionales, a una capacidad, por ello la guerra comunicacional asimétrica que plantea el régimen, además de ser un reconocimiento tácito al fracaso de su estrategia anterior, es una iniciativa estratégica llevada a cabo mediante un conjunto de prácticas operacionales que tienen por objeto negar las ventajas y explotar las vulnerabilidades del bando más fuerte, antes que buscar enfrentamientos directos, utilizando métodos no convencionales y económicos, minando las fortalezas del oponente y buscando afectar su voluntad de lucha al demostrar su capacidad de infligirle daños desproporcionados con relación a los medios empleados.

 

La guerra de guerrillas comunicacional es, por lo expuesto, una doctrina de la confrontación asimétrica, un concepto que escapa a las reglas y que es tan antigua como la comunicación humana. Se trata de confrontaciones entre las ideas de proyectos políticos poderosos y creíbles por los ciudadanos, que enfrentan las concepciones de ideologías débiles, superadas en otros tiempos y por lo tanto engañosas. Mientras la guerra comunicacional asimétrica aborda un extenso ámbito de teoría, experiencia, conjetura y definición, la premisa implícita es que cualquier guerra asimétrica involucra elementos desconocidos, con muchas sorpresas respecto a las metas y métodos. Cuanto más disímil sean el oponente y su táctica, más difícil será anticipar sus acciones.

 

La guerrilla comunicacional se convierte en una estrategia en sí misma pues consiste en ejecutar cualquier intento de engañar o erosionar las fuerzas ideológicas del oponente explotando las debilidades de sus creencias, empleando métodos persuasivos que difieren significativamente del modo usual en que se actúa para el convencimiento por la razón y los hechos. En este sentido, se identifican tres amplias categorías de potenciales amenazas:

1. Guerrilla comunicacional que se manifiesta en operaciones informáticas ofensivas y encubiertas, incluyendo ataques sobre infraestructura, acción psicológica y desinformación.
2. El uso de la propaganda publicitaria como arma de manipulación masiva.
3. Las operaciones de desinformación no convencionales, incluyendo el uso de tácticas de "golpear y escapar", el uso de centros educativos como escenarios de combates, la desestructuración de los medios de comunicación social opuestos a la ideología del régimen y la promoción de trastornos económicos con la participación del componente estudiantil.

 

Las principales tácticas perversas que se utilizarán en las guerrillas comunicacionales gravitan en torno al hostigamiento, porque en esencia conceptual las guerrillas comunicacionales son grupos que golpean rápido y por sorpresa, incursionan en los medios y principalmente lo harán en la Internet, ejecutando intervenciones no autorizadas de correos y en páginas webs; realizando pintas nocturnas de grafitis con mensajes propagandísticos, y para desmoralizar a la ciudadanía, intervendrán los medios electrónicos de comunicación y estarán dispuestos a realizar ‘tomas simbólicas’ de medios opuestos al régimen, para atacar, causar daños sorpresivos y huir con celeridad.

 

La información y la propaganda política en manos y bocas de la población escolarizada es un binomio perverso que se inscribe dentro de la doctrina del terrorismo ideológico, que se fundamenta en la desinformación, la confusión y el engaño como elementos esenciales para la promoción persuasiva y el ulterior convencimiento.

 

Los niños y jóvenes guerrilleros:
El Gobierno quiere avanzar en su intención de contar incondicionalmente con los jóvenes y la Guerrilla Comunicacional es un enfoque táctico terriblemente efectivo porque se está utilizando a la niñez y a la juventud como instrumento político al mezclar el proceso de la educación con las tácticas operacionales y manipuladoras de una guerrilla comunicacional, y con el uso de signos y símbolos que representan una ruptura aparente con las normas y el estado situacional de las jerarquías y las normas.

 

Esto es posible porque los adolescentes se identifican con un conjunto de símbolos y para eso se están usando símbolos vinculados con el partido del Gobierno. Con ello se efectúa el trasvase ideológico con simbología bélica, sobre la que se construye artificiosamente la épica de una liberación que se resalta con una orientación heroica de los participantes. Este es el arquetipo ligado psicológicamente a la construcción del 'yo' de los adolescentes, quienes intentan independizarse de sus padres en la búsqueda de una identidad propia, representada en el territorio de la emancipación, esta vez con los visos gloriosos de una revolución.

 

Esto es un estímulo directo al sectarismo, a la intolerancia, con un objetivo preciso, unas tácticas determinadas y un sentido de grupo con una visión virtuosa y heroica. Esto es, a no dudar, la construcción de una secta política dentro de un segmento etario dúctil y manejable, los niños y los jóvenes, que poseen una mentalidad muy susceptible a la manipulación de la psicología de grupos.

 

El empleo de grupos, como el de la Guerrilla Comunicacional, es una estrategia que utiliza la maniobra ideológica sustentada en una movilización de masas juveniles afectas al proceso, típica de los regímenes totalitarios como el de desaparecida Unión Soviética, similar al utilizado en la Alemania nazi de Hitler, en la Italia fascista de Mussolini y en la China de Mao. El objetivo es asegurar un compromiso de las próximas generaciones con el proyecto revolucionario a partir de la ideologización de los niños y adolescentes.

 

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