Medios, mentiras, mercado y socialismo

Fecha: 18-05-2009 11:30 PM


GUERRA DE PALABRAS 13

“Una mentira repetida muchas veces llega a ser una verdad….” Paul Joseph Goebbels (ideólogo de Adolfo Hitler)

Pablo E. Viajero
            Se dice que la mano invisible del mercado está en y detrás de todo. Menuda y pura verdad inmanente. Claro que hablo del “mercado” que no se entiende bajo la acepción comercial sino el sitio real cognoscitivo donde concurren –finalmente- todas las resultantes de cualquier pensamiento o actividad humana del tipo que sea.
 
El mercado visto como sitio de encuentro de todo.
 
Una vez que se entiende lo dicho, es fácil intuir que “el mercado” está (y estará) siempre allí, recogiendo lo que lancemos, bueno, malo o más o menos, ubicándolo, reaccionando y recomponiéndose para –siempre también- reacomodarse según las exigencias de quienes aun sin quererlo hacen permanente uso de el, en una sinfonía que no acaba y de la que nadie (entiéndanlo, socialistas y comunistas de viejo y nuevo cuño: ¡nadie!) se puede sustraer.
 
Lo curioso es que, al contrario de cómo piensan los “revolucionarios y afines” a ese mercado no lo dirige nadie sino las resultantes nunca conocidas (aunque a veces intuibles) de las incontables y multitudinarias acciones individuales que tratan, como norma diaria de vida de anticipar, para aprovecharse o protegerse, de acciones que consideran potencialmente oportunas, buenas o nocivas, a sus íntimos intereses para lo que ejecutan acciones –también miríadas- que propenden a salvaguardar desde los intereses más nimios hasta los más complejos; desde la colilla de cigarrillo a medio consumir que un mendigo recoge de la acera para cambiarla por un mendrugo de pan con otro mendigo, hasta el intercambio de miradas entre dos seres que conducirán a que un nuevo humano ilumine a unos padres...
 
Esto, multiplicado por miles de millones de seres humanos (cada cual bajo sus propios conocimientos, premisas, conceptos y expectativas) hacen una totalidad por la vía de la similitud de las acciones y propugnan una generalidad que usualmente se denomina directriz (y otros, malamente, la llaman “matriz”)…
Eso es el mercado del que hablo, dicho de manera muy simple, donde todos inevitablemente estamos…. Y por eso su mano es invisible.
  
MENTIRAS
Goebbels también pensaba –como su jefe- que  el nazismo sería eterno.
Pero, como siempre ocurre (y cuya drama trágico recoge magistralmente el filme “los últimos días del Führer”) el “mercado” de ese momento histórico no pensaba lo mismo por lo que el desengañado y soberbio Joseph sintió que debía suicidarse junto a su esposa, matando antes a sus seis pequeños hijos, para no caer en manos de la justicia de sus contrarios a la que intuía adversa y muy dura.
 
Gran orador y estudioso de la comunicación se le recuerda por la concienzuda elaboración de los once principios de la propaganda moderna (en Wikipedia explicados) principalmente el relacionado con la repetición de las mentiras que sirve de subtítulo a presente artículo.
Tal como la mentira era inmanente al totalitarismo hitleriano, lo es al totalitarismo comunista de la URSS, de China o cualquier otra parte, incluyendo al totalitarismo  chavista que estrenamos recientemente en Venezuela. Para los totalitarios, sean de donde sean y tal como para Hugo Chávez, la mentira es una necesidad ideológica sin retorno.
  
MEDIOS
Nadie tiene tanto miedo a la verdad como el totalitarismo, principalmente el totalitarismo comunista al cual ha decidido adherirse –contrariando expresamente la voluntad popular expresada mediante referéndum el 2 de diciembre de 2007- el presidente Chávez.
Porque vive de la mentira.
Y “ellos” (el siempre pequeño grupo que lo propugna para embaucar a los incautos) también viven de las mentiras mientras se dan la gran vida con el dinero y el hambre de sus víctimas: las inventan, las colegan, las distribuyen y las repiten “una y mil veces” (o más, si hace falta) hasta que la gente con menos luces (o con menos aguante) se las creen. O fingen creérselas, como tantas veces ha demostrado la historia.
 
Por eso es que tales regímenes no resisten los análisis de la razón; por eso implosionan bobamente sin que nadie los reivindique; por eso les molesta que les digan la retahíla de cosas que han incumplido en su permanente verborrea mentirosa; por eso no pueden tolerar libertades en ese ámbito; por eso cierran medios que no dicen “su verdad” o por eso compran a quienes estén dispuestos a venderse pensando que a ellos nunca les tocará.
 
Y es por eso que no pueden permitir a Globovisión, ni a RCTV, ni a los programas de opinión que nos les canten loas a la “revolución o al líder máximo y bienamado”, sustituto de un dios pagano y aberrante.
 
Por eso atacan a los periodistas íconos, creíbles y con grandes audiencias como Nelson Bocaranda Sardi, entre tantos otros.
Por eso no pueden tolerarlos.
 
Porque se les va la vida en mentiras descubiertas y ya todos sabemos como obra eso en la mente de la gente.
 
Las mentiras tienen patas cortas y ellos no pueden convivir con alguien que se las enrostre (como hace, precisamente, Globovisión, utilizando sus propios rostros, sus propias voces,  sus propias palabras, sus spropias manifestaciones y sus propios medios) cada vez que mienten, porque lo hacen demasiado y con harta frecuencia: “Usted lo vió por…..”
¿Recuerda eso?
  
SOCIALISMO
Cuando en la universidad estudiábamos las diferencias entre socialismo y liberalismo una de las primeras cosas que aprendíamos de nuestros profesores era que el modo de producción de riquezas determinaba el tipo de sociedad que se tenía: liberal o controlada. Libre o socialista.
 
Y allí aprendíamos que el socialismo no acepta la plusvalía, ni el exceso de ofertas, ni el lujo (sin importar lo que ello signifique) ni nada que “sobrara” pues. Y esto se convirtió en la primera mentira, porque sus dirigentes jamás –en ningún lugar del orbe donde se implementó- acataron tal premisa.
Por eso el socialismo clásico ha fracasado siempre, en todas partes.
Y ni hablar de su versión totalitaria o comunista.
 
Quienes hablan de un socialismo “light” (socialdemocracia, tercera vía o como les sirva llamarlo) no entienden (quizás por comodidad, quizás por intereses propios, quizás por desconocimiento) que eso no es socialismo: es capitalismo porque permite que se produzca bajo dicha modalidad aunque se “redistribuya” (¿no les huele a mercado aunque esté la mano invisible del estado que –lógico- también concurre a el?) bajo una modalidad pensada como más justa….
 
En fin..
 
AL FINAL MEDIOS, MENTIRAS, MERCADO Y SOCIALISMO
Y resulta que el socialismo termina siendo una retahíla de mentiras que no impide la existencia del mercado (porque es imposible, siendo solo uno de sus tantos concurrentes) pero que –insólitamente- no permite que éste obre a favor de las grandes masas.
Al final el socialismo y su subproducto, la aberración totalitario comunista, terminan dando paso (y justificando, que es más trágico) a la peor forma de capitalismo, el mercantilismo, que es lo que ocurre ahorita mismo en Rusia y China y muy pronto en Corea y Cuba…
 
Esa, apreciados lectores, es la real historia.

Pablo E. Viajero, 19 de mayo de 2009.  EMAIL: [email protected] 

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