Muerte a libre expresión

Fecha: 14-05-2009 11:30 PM


Con voz propia

Otro juramento, esta vez para castigar un medio de comunicación. Muy distinto a aquel a favor de los niños de la calle

Alberto Jordán Hernández

Juró, no cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional, sino revocar la concesión a 4 “jineteras” (apelativo de las prostitutas que Fidel Castro da a la tv). Hace dos años cumplió su nefasto deseo con RCTV y aceptó  la transición de las otras dos de señal abierta que eliminaron 10 de los 13 programas de opinión. Queda sólo Globovisión, por él bautizado como plomovisión. Y ahora por segunda vez promete dejar de utilizar su nombre de pila, de no lograr la amenaza. El primer ofrecimiento lo aplaudió Venezuela entera y lamenta no desaparecer la indigencia de niños en la calle. El segundo es repudiado, aún dentro del “proceso” y hasta internacionalmente.

 

Es que se empeña continuar su lucha contra el derecho a la información, consagrado constitucionalmente con gran amplitud. Por el acatamiento del artículo 58 de la Ley Suprema, el cual garantiza la información oportuna,  ordenó abrir un procedimiento contra el canal de la Florida. Para tranquilidad de la población, informó del movimiento sísmico que sacudió a buena parte del territorio.

 

Hora y media tardó el régimen en cumplir con ese derecho porque en afirmación del teniente ministro de Obras Pública y Viviendas, quien fungió de titular del Despacho de Información, “sería irresponsable por parte de los organismos del Estado emitir informaciones sin antes haber corroborado los hechos” (es decir, el temblor).

 

Y por enésima vez sancionan a Globovisión, ahora por ejercer el “derecho a la información oportuna, veraz e imparcial” que como constituyente nos correspondió el honor de proponer.  Y derrotamos al régimen  que se oponía a su inclusión en la Carta Magna (“La información  veraz es una necedad y un peligro para la libertad de expresión” declaró el entonces Canciller, José Vicente Rangel -diario El Siglo, 06-11-99). Afortunadamente  para la sociedad, “La intervención de Jordán en la Asamblea Nacional Constituyente fue reveladora, pues la ovación de pie que recibió de parte de sus colegas permitió predecir que, pese a la avalancha de intervenciones que se avecinaba, el derecho sería finalmente aprobado. Para los asambleístas adversos a esta propuesta, significa, una nueva derrota al presidente Hugo Chávez” (El Universal y El Nacional, 24-10-99).

 

Otra demostración de la arremetida contra el derecho a la información la acaba de dar el régimen con la designación 188 funcionarios habilitados para efectuar inspecciones a emisoras de radio y canales de televisión.

 

El mes fatídico, tal definió a  enero,  para la libertad de expresión, la Federación Internacional de Periodistas, al condenar la violencia contra los medios, lo extiende el dictatorial régimen a todo el año.

 

Su objetivo: la hegemonía comunicacional decretada desde el cuartel militar. El comandante en jefe la impone personalmente: permanece en el aire unas  dos horas diarias con las abusivas cadenas.

 

No es simple consigna la guerra mediática declarada desde la comandancia presidencial. El miliciano colocado como  viceministro de Propaganda, llegó hasta desear la pena de muerte. La sumisión le puede llevar a  titular del Ministerio, porque está en la onda de su comandante. Este se lamenta de no haber cerrado los medios adversos, cuando su compadre  Raúl Baduel le evitó seguir rogando un avión para irse a Cuba el 11 de febrero 2002, pues bien sabido es que lo restituyó al Poder.

 

En evidencia pues, el cinismo de quienes “se empeñan en afirmar que este es el país donde hay más libertad de expresión en el mundo”.

Estudios del Banco Mundial, constatan que cuanta más libertad de prensa haya, más control se ejerce sobre la corrupción.

 

Y ningún interés tiene el autócrata en renunciar el privilegiado lugar que ocupa Venezuela en esa inmundicia.


El régimen cuyo liderazgo nació y se proyecto gracias a la libertad de expresión, no puede permitir su ejercicio por el destinatario: la sociedad civil  y así le decreta la guerra a muerte. [email protected]

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