Otro año que viviremos en peligro

Fecha: 15-02-2021 10:24 AM


Por Mayte Navarro (*)

Estos primeros meses del año no han estado exentos de noticias. Ante la pandemia, que parece eterna, siguen sucediéndose las muertes, Europa de nuevo tuvo un repunte en el número de casos de COVID-19, los refugiados en el mundo siguen en aumento, Donald Trump es declarado Inocente, Alexei Navalny lo condenan a dos años de cárcel.

Será un año de acontecimientos donde la democracia y la salud estarán en primer plano, mientras que la polarización sigue escalando entre la ciudadanía y los políticos. En Venezuela se sembró hace más de 20 años y se ha acentuado porque para quienes están en el poder, dejarlo no es una posibilidad ya que su incapacidad política tampoco les permitiría estar en la oposición pues simplemente el poder para ellos no es un instrumento, sino que se ha convertido en el objetivo.

Si la ciencia y la tecnología han producido avances inimaginables en estas últimas décadas, la polarización ha actuado en algunos países, entre ellos, Venezuela, como un contenedor del progreso. Los políticos del gobierno en vez de buscar un consenso para solucionar los problemas, solo necesitan aliados que les permitan afianzarse en sus posiciones, cerrando así la posibilidad de una apertura democrática y una verdadera participación de todas las organizaciones que actúan en el país.

Pero este fenómeno no es exclusivo de Venezuela, pareciera que la polarización es el mal del siglo XXI. Estados Unidos, un país que se ha vanagloriado de su democracia, vive un enfrentamiento entre republicanos y demócratas que podría poner en peligro esos valores. El manejo de la pandemia se hizo desde lo político, al igual como se ha trabajado el problema de la inmigración.

Regresando a nuestro país, encontramos que el fenómeno migratorio ha destapado sentimientos xenófobos en latitudes cercanas. Mientras que gente desesperada huye del hambre y de la muerte porque sufren el desempleo, sus sueldos son verdaderas miserias y la imposibilidad de recibir atención médica adecuada en el sector público se ven obligados a abandonar el país, la única salida de vida que consideran factible.

Obtener una visa resulta casi imposible ante la ausencia de documentos vigentes y entonces no queda otra solución que emprender un camino clandestino donde el inmigrante se encontrará no sólo con las inclemencias del tiempo, sino con gente que vulnera sus derechos como son los traficantes de personas.

Ante tanta angustia el gobierno demuestra que no tiene intención de sentarse a hablar sobre el asunto. Se escuda en sus razones, se vuelve ciego ante las calamidades del ciudadano y acrecienta más la polarización. Unos están ciegos y los otros carecen de tácticas para convencer a quienes no entienden la política sino como medio de chantaje y como vía para asegurar la eterna permanencia en los sitios de poder.

Trabajos de investigación sobre el fenómeno de la polarización nos indican que este no es un asunto nuevo, sino que ha ido incubándose lentamente. Algunos estudios revelan que los niveles de desigualdad aumentan la polarización, pues quienes ven que su calidad de vida desciende, como es el caso de los profesionales y de los jubilados, tienden a tomar posiciones extremas.

El populismo, de acuerdo a los estudiosos del tema, es un abono ideal para la polarización y sin lugar a dudas, esa polarización puede traducirse en menos democracia. En Venezuela se han tomado políticas que limitan al extremo la libertad de expresión. Así vemos como cada vez son menos los medios que informan de manera independiente, se toman medidas que coartan las libertades y se anuncian leyes que violentan la Constitución.

Con una economía raquítica, como la venezolana, que acrecienta las desigualdades sociales, la polarización se convierte en un fenómeno que va en aumento, lo que bloquea las posibilidades de entendimiento político para resolver los graves problemas económicos, sociales y educativos del país.

La pandemia ha venido a sumarse como un nuevo elemento que pareciera respaldar esa polarización, lo vemos en los enfrentamientos entre aquellos que exigen los cuidados básicos para evitar su propagación y quienes mantienen que todo esto es un invento para limitar los derechos ciudadanos, son los llamados negacionistas, que se enfrentan a la realidad con argumentos absurdos, muchas de las veces basados en las fakes news, lo que corrobora la necesidad inminente de medios de comunicación confiables y responsables que puedan enfrentar a esos intereses oscuros que se cobijan bajo las falsas noticias y que al final se enfrentan a las escasas democracias sólidas existentes o simplemente contribuyen a que desaparezcan las débiles.

Sin lugar a dudas 2021 será un año de noticias que estarán vinculadas al medio ambiente que cada vez es más frágil, veremos como algunos gobiernos tratarán de frenar la labor de los medios al denunciar ecocidios en zonas vitales para la Tierra como el Amazonas, donde se tala se quema y se practica la minería ilegal o se explota sin criterio conservacionista como lo es el Arco Minero. La emigración pareciera que no abandonará tampoco su protagonismo noticioso, ojalá que venga acompañada de una mayor solidaridad y comprensión. La salud también estará en el top ten de la noticia y no sólo por la COVID-19, pues otras pestes parecen que también están poniendo en peligro la salud de los ciudadanos, porque hay países, Venezuela es uno de ellos, donde escasean las vacunas contra el sarampión, la fiebre amarilla y la tosferina. A esto se suma la malaria que pareciera que no existe voluntad para erradicarla. La educación estará en más de un noticiero, pero desgraciadamente porque nuestros niños y jóvenes con menos recursos se verán disminuidos por las carencias tecnológicas que imposibilitan gozar de una formación óptima que les permita un futuro promisor, marcando aún más las diferencias sociales.

Ojalá que 2021 pudiera ser un año donde predominaran los argumentos y no las emociones.

(*) Miembro de Expresión Libre

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