Ovejadas

Fecha: 22-06-2014 11:30 PM


Las ovejas  y también los ovejos -para mantener el criterio de igualdad de estos tiempos entre hembras y machos-, son los seres que, con mayor frecuencia, se les piensa por su mansedumbre y blancura como representación de la paz. En la mente de cualquiera, en algún rincón se guardan desde sus repetidas figuras obligatorias en las recreaciones del nacimiento de Jesús de Nazaret, hasta las propiedades de serenidad de sus secuencias de saltos acompasados sobre talanqueras.

En ese sentido,  la construcción de un modelo de ciudadanía cimentado en la cultura de la no violencia, debería tomar de esas características de benignidad una porción razonable para prolongar en el tiempo una auténtica  fortaleza, que ofrezca sosiego para sorprender y derrotar burlas precipitadas, de quienes descalifican y se desentienden de “mansos corderitos(as)”. Se trataría de “alcanzar la paz sin utopías”, por algunos de los caminos que excluyen los diálogos condicionados, y exigen la prédica de la armonía y la convivencia cada día.

Josué Fernández

Las acciones que afectan a las sociedades, con mayor gravedad, provienen de malintencionados disfraces de corderitos. La mansedumbre se usaría de pura careta para asaltar posiciones que condujeran a la represión y esclavización de los pueblos. Es por lo que, los dirigentes populistas no se quitan de encima la piel de cordero, particularmente si requieren votos en sistemas que los puedan catapultar al poder, o una sumisión incondicional aun a costa de la lucha contra y entre los propios hermanos, si se tratara de consolidar tiranías.

Las mentiras encubiertas con pieles de corderos no se sostendrían indefinidamente y, cuando cayeran, el consentimiento al déspota devendría obligatorio mediante la fuerza de armas de fuego,  torturas y cárceles, con la confiscación permanente de la verdad. Ya habría sido tarde para aprender del cuento de Pedro, causando alarma por diversión sobre la venida del lobo, hasta que nadie lo socorrió cuando  el animal efectivamente apareció devorando ovejas.  A la población entera, mientras viva en libertad, mejor le estaría aguantar como oveja, aunque lista para enfrentar los sorpresivos ataques de fieras. El verdadero ovejo en su significado degradado sería el que cree que los demás lo son, y aprovecha debilidades ajenas confiado en que no existirá fecha de vencimiento para sus atropellos, o quizás le alcance la muerte sin intentar la paz siquiera para sí mismo, y tal vez esta persista huidiza inclusive en su propio sepulcro.

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